FUENTE:
Fernando Faces (Inst. I. San Telmo) e Ignacio Cruz (UAM)

Los economistas Fernando Faces e Ignacio Cruz Roche señalan el escenario, las oportunidades y los desafíos a los que debe hacer frente el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez. Entre los pros: un PIB que crece por encima del 2%, creando empleo; entre los contras: poco margen para acometer las grandes reformas pendientes para mejorar la competitividad, productividad, pensiones, etc. Todo un desafío.

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Políticas responsables para un nuevo Gobierno

FERNANDO FACES, PROF. DEL INSTITUTO I. SAN TELMO

Pedro Sánchez ha vuelto a mutar. Esta vez al equilibrio, la estabilidad y la sensatez. Ha formado un gobierno de diseño, transversal, polivalente, electoral, para perdurar, llegar a las elecciones y ganar. Pedro Sánchez hereda una economía que crece al 2,8% y crea 500.000 puestos de trabajo al año. Un crecimiento equilibrado, impulsado por la inversión y el consumo, pero también por las exportaciones y el turismo. Un crecimiento sostenible, gracias al desendeudamiento y las menores necesidades de financiación de las familias y de las empresas reflejadas en el superávit de la balanza en cuenta corriente. Una economía que se ha ganado la confianza de los mercados financieros, como refleja la drástica caída de la prima de riesgo. Pero al mismo tiempo una economía vulnerable, que todavía no ha podido hacer sostenibles sus finanzas públicas y su estado de bienestar, y que todavía adolece de un alto endeudamiento externo que la hace muy vulnerable a una próxima crisis financiera.


Economía vulnerable.
Porque todavía las finanzas públicas y el estado del bienestar no son sostenibles y el endeudamiento sigue siendo alto.

La labor del Gobierno hasta las próximas elecciones no será fácil. El Partido Popular por despecho, Ciudadanos por desubicación y Podemos por frustración van a ir a matar. Aunque el principal calvario de Pedro Sánchez será Cataluña. ¿Puede el nuevo Gobierno agotar la legislatura, ganando votos hasta las próximas elecciones? Sí, es posible.

Las grandes reformas no se afrontarán

Para conseguirlo, Pedro Sánchez sabe que no puede abordar las grandes reformas de su programa antes de las elecciones. Sería suicida intentarlo con 85 escaños y la oposición en contra. Perdería la confianza de Bruselas y de los mercados financieros, y podría provocar una involución del crecimiento económico que le ha dejado el gobierno del PP. Sería malgastar una excelente herencia económica con un enorme desgaste político y sin ningún rédito. Las reformas de las pensiones, de la financiación autonómica y la laboral quedarán para la próxima legislatura. Esto tranquilizará a Bruselas y a los mercados financieros.

Se proclamarán grandes reformas pero no se ejecutarán. A lo sumo tratará de introducir ligeros retoques en la reforma laboral para intentar reducir alguno de sus efectos, pero no se enfrentará a su derogación. La aceptación de los Presupuestos Generales del Estado elaborados por el PP es un claro indicio de una estrategia de supervivencia y autoprotección. Los de este 2018 son un escudo protector frente a irresponsables políticas de expansión del gasto público. La reforma de las pensiones se remitirá a la Comisión del Pacto de Toledo dónde quedará estancada, y las iniciativas laborales a la negociación y consenso con sindicatos y empresarios. Si la debilidad del gobierno popular había llevado a la parálisis de las reformas estructurales pendientes, con más motivo lo hará el Partido Socialista, con menos escaños.

Las palabras que más se van a oír en los dos próximos años van a ser las de diálogo, participación y consenso. Lo cual no quiere decir que el nuevo gobierno va a permanecer inactivo. La agenda social será la protagonista. Podrá acometer todas aquellas políticas que no impliquen más gasto público, así como las políticas sociales y de igualdad: agenda social, transición energética y ley del cambio climático, agenda digital, ley mordaza, ley de igualdad salarial, negociación de la nueva PAC, etc.

A caballo de la herencia de crecimiento económico

Pedro Sánchez va a intentar llegar a las próximas elecciones a caballo de la inercia del crecimiento y creación de empleo que le ha dejado el Partido Popular. Con una previsión de crecimiento del PIB por encima del 2% para los dos próximos años, España puede seguir creando empleo y mejorar los salarios. Un crecimiento que se va a debilitar a medida que los vientos de cola dejen de impulsar la economía: subida de los tipos de interés, encarecimiento del petróleo, fortaleza del euro y debilitamiento del turismo. España no cumplirá este año con el objetivo de déficit público del 2,2% del PIB marcado por Bruselas, independientemente del cambio de Gobierno. El objetivo de Pedro Sánchez es no aumentar la desviación prevista del 0,4% y quedarse por debajo del 3% del PIB, límite del déficit excesivo. De esta manera, aunque inmerecidamente, podría llegar a las próximas elecciones afirmando que fue el Gobierno Socialista quien sacó a España de la lista de países incumplidores por déficit excesivo, tras 10 años de incumplimiento.


Viento a favor.
Pedro Sánchez hereda una economía que crece al 2,8% y crea 500.000 puestos de trabajo al año. Un crecimiento equilibrado, impulsado por la inversión y el consumo, las exportaciones y el turismo.

Políticas responsables

Con un buen marketing, toques cosméticos e ingeniería social, sin interferir demasiado y dejando que respire la economía, el nuevo Gobierno socialista podría llegar a las próximas elecciones como candidato ganador. Los problemas de fondo de productividad y competitividad, creación de empleo, pensiones y sostenibilidad de la economía del bienestar quedarían pendientes para una nueva legislatura. Pero el nuevo Gobierno debe ser consciente de que España puede pagar muy caro prolongar una legislatura incapaz de abordar la reformas pendientes si en el plazo de los dos próximos años nos enfrentamos al posible escenario de una nueva crisis sin los deberes hechos, las políticas fiscales y monetarias agotadas, las finanzas públicas desequilibradas y las reformas para mejorar la competitividad abandonadas.


Previsiones.
Se estima que el PIB crezca por encima del 2% los próximos 2 años. España puede mejorar los salarios y seguir creando empleo.

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Hacia un nuevo rumbo

IGNACIO CRUZ ROCHE, Catedrático de Comercialización e Investigación de Mercados Universidad Autónoma de Madrid

La economía española se enfrenta a una encrucijada en la que las políticas seguidas hasta ahora van a ser modificadas para seguir un nuevo rumbo. Esto sucede por dos razones: una, que las políticas seguidas hasta el momento han dejado de ser las más adecuadas y, dos, porque ha cambiado el gobierno que ha de desarrollar dichas políticas.


El riesgo.
Los vientos de cola que han empujado el proceso de crecimiento de los últimos años empiezan a amainar.

Un nuevo modelo de crecimiento necesario

El modelo actual de crecimiento tras la salida de la crisis ha cumplido con sus objetivos y los cambios en el entorno hacen que sea recomendable un nuevo rumbo. En efecto, la recuperación de la competitividad de la economía mediante un modelo de reducción de los costes salariales y de los tipos de interés bajos, con una mínima inflación no será fácil de repetir en los años venideros.

Los vientos de cola que han empujado el proceso de crecimiento de los últimos años empiezan a amainar:

  • Los tipos de interés bajos que han reducido el coste de la deuda pública y privada van a remontar en los próximos meses.
  • El precio del petróleo se ha incrementado, abandonando el periodo de energía barata, tan favorable a un país importador de estos recursos.
  • La favorable coyuntura turística que ha llevado a cifras récord se empieza a ver afectada por la recuperación de otros países competidores.

El modelo de crecimiento apoyado en la demanda exterior tiene que verse sustituido por un impulso de la demanda doméstica. Para ello, es fundamental recuperar una política de rentas mediante el crecimiento de las rentas salariales y las pensiones que estimulen el consumo interior. Pero también que este incremento se ajuste con las ganancias de productividad en términos monetarios.

El nuevo gobierno deberá afrontar estos cambios con un presupuesto formulado por el gobierno anterior. Deberá controlar especialmente el gasto público para que se cumplan los compromisos de déficit con la Unión Europea. Sin duda, tras años de reducción del tamaño del sector público, vendrán tiempos en los que habrá que buscar mayores ingresos mediante impuestos.

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