FUENTE:
Joan A. Melé

Presidente de la Fundación Dinero y Conciencia y miembro del Consejo Asesor de Triodos Bank

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La ética y el respeto por la dignidad humana son, en opinión de Joan A. Melé, los ejes de un nuevo modelo económico, que va más allá de la supervi­vencia del más fuerte y se dirige hacia un mundo más sostenible. La educación y el compromiso de empresarios y ciudadanos son las palancas para activar este cambio colectivo.

Vivir, no sobrevivir. De tanto pensar en el modelo de supervivencia, nos hemos olvidado de qué significa ‘vivir’ como seres humanos.

Nos planteamos cómo solucionar los problemas actuales de sostenibi­lidad de nuestro modelo económico, pero pocas veces nos preguntamos por qué hemos llegado a esta situa­ción. La clave es la educación. He­mos perdido de vista la dignidad hu­mana. No estamos educando a los jóvenes para que sean seres huma­nos dignos, sino que reproducimos un modelo obsoleto por el que el hombre es un animal al final de la cadena evolutiva y la vida es una lu­cha por la supervivencia. Y ni siquie­ra puedes cuestionar las teorías evolucionistas de Darwin. Pues yo más que cuestionarla, la niego, di­rectamente.

Hace poco discutía con un prestigio­so científico español que me decía: “Dé­jese de tonterías, de dignidades hu­manas y de sentido de la vida… La vida no tiene sentido, la vida es lu­char por sobrevivir y los más fuertes son los que tiran adelante”. Y le pre­gunté: “Si la vida es solo lucha por sobrevivir, ¿por qué hacemos poe­sía, por qué componemos música, por qué pintamos? ¿Qué tiene que ver la poesía con la lucha por la sub­sistencia?” Nada. Hacemos poesía porque somos humanos. Pero no es necesaria para la subsistencia. Por eso es tan importante. El ser huma­no ha superado el ámbito de la ne­cesidad y ha entrado tímidamente en el de la libertad y la creatividad.

Ganarse la vida

Las grandes preguntas del ser hu­mano son: ¿Qué habrá después de la muerte? ¿Seguiré teniendo cons­ciencia? ¿Me encontraré con mis seres queridos que se fueron antes? Pero hay una pregunta más impor­tante, ¿hay algo antes del nacimien­to? ¿Hay un plan? ¿O somos células que se han reunido por azar? Cuan­do yo era joven, el famoso bioquími­co Jaques Monod, hablaba de esta aleatoriedad. Escribió El azar y la necesidad y le dieron el Premio No­bel de Medicina. Se “creció” y em­pezó a filosofar. Decía: “Pobres se­res humanos que pensáis que sois algo. No somos nada. Somos células que se reúnen por azar y un día sale un pez, un gusano, un cocodrilo, un chimpancé o un ser humano. Surgi­mos por la necesidad de adaptar­nos al medio ambiente”. ¿Por qué somos tan reduccionistas con el ser humano? La lucha por la super­vivencia se ha planteado como mo­delo de vida. De tanto hablar de ‘sobrevivir’ hemos olvidado qué sig­nifica ‘vivir’ como seres humanos.

Estas dos preguntas sin respuesta sobre qué habrá después de la muerte y qué hay antes de la vida, nos provocan miedo y nos hemos creído la teoría del azar y la supervi­vencia. A los niños les transmitimos ese miedo: tienes que estudiar y sa­car buenas notas para tener una ca­rrera, un máster y hablar dos idio­mas porque si no, no te ganarás la vida. En el peor de los casos nos obedecen y cuando consiguen toda esa formación no encuentran un tra­bajo en el que les paguen bien. No pueden ganarse la vida. Pero es que ganarse la vida no es tener un tra­bajo, eso es ganar dinero, que tam­bién es necesario. Ganarte la vida es darle sentido a la vida. Que cuando llegue el último momento, puedas decir que has ganado una vida, que has dejado algo en el mundo.

Autoexigencia. Tenemos que ser críticos. Sin un cambio profundo por parte de los directivos seguire­mos aguantando con parches.

Madurar, no crecer

Tenemos que ser críticos. Si somos autocomplacientes esta situación no habrá quien la cambie. Y sin un cam­bio personal y profundo, de autoco­nocimiento, por parte de los directi­vos de las empresas seguiremos aguantando con parches.

No olvidemos que los objetivos del milenio fueron un fracaso vergonzo­so. En aquellos objetivos se estable­ció que entre el 2000 y el 2015 re­duciríamos la pobreza y el hambre a la mitad, ¿Cómo que a la mitad? ¡Podríamos acabar con ella! No ter­minamos con el hambre porque no queremos, porque nos hemos propuesto crecer como obje­tivo de vida. Todas las empresas quieren tener más cuota de merca­do que las demás. Antes de pasar a la banca ética trabajé 30 años en la banca tradicional y cada año tenía­mos que crecer más que los demás. Cuando, por definición, es imposible que todos crezcamos más que los demás. Crecer no tiene sentido. Cre­cemos cuando somos pequeños. Luego llegamos a una edad en la que paramos de crecer y madura­mos. La economía tiene que madu­rar, no puede crecer más. No pode­mos seguir con este modelo de consumo, que es insostenible.

Para solucionarlo la clave es la edu­cación, no estamos educando bien. Nos han metido el virus del Informe Pisa, que lo elabora la OCDE, una or­ganización empresarial que habla de educación. El origen de la palabra educar es “exducere” que en latín significa sacar, de dentro hacia afue­ra, es decir, ayudar a los jóvenes a sacar lo que tienen dentro. Y dentro tienen la dignidad humana, la capa­cidad para la libertad, el amor y la creatividad.

crecer

Dejar de crecer. Es imposible que todos crezcamos más que los demás. Crecemos cuando somos pequeños. Luego maduramos. No podemos seguir con este modelo de consumo que es insostenible.

Aplicación de la ética

La economía debería ser ética. ¿Dónde se enseña la ética humana? El Ministerio de Educación ha encar­gado a los bancos de este país que vayan a los colegios a educar a los jóvenes. Entre otras cosas, les están enseñando a especular en el merca­do internacional de alimentos, una acción que tiene un efecto colateral: por ejemplo, si sube el precio del maíz, países como México o Bolivia pueden pasar hambre. Eso es per­ versión moral.

En España hay muchísimos casos de corrupción de políticos, banqueros, empresarios y ciudadanos. Además, hace poco se supo que 160.000 fa­milias habían estafado a la Seguri­dad Social cobrando pensiones de familiares muertos. Pero cuando salió la noticia la gente se reía y decía ‘qué pillos’. ¿Cómo que qué pi­llos? ¡Corruptos! Hemos aceptado la corrupción.

¿Y cómo hemos educado a todas estas personas para que acaben siendo corruptas? El problema no es que el Informe Pisa diga que España va mal en matemáticas. De hecho, la gente que más ha estafado seguro que iba bien en matemáticas. Eran licenciados, doctores, tenían maes­trías en Harvard… Y las siguientes generaciones vienen imitándonos, aprenden por imitación de un mode­lo insostenible. No podemos basar la vida en producción y consumo. Te­nemos que ir hacia una economía sostenible también a nivel humano.

Nos venden que el futuro llegará de la mano del post­humanismo y que la solución nos la darán las máquinas. Me niego. No quiero una sociedad post­humana; la quiero hu­mana. Y tenemos que luchar por ella. En esta lucha me encuentro con resistencias de empresarios, so­bre todo en Latinoamérica, donde estoy trabajando más ahora. Allí estoy impartiendo talleres de concien­cia, comenzando por el consejo de administración. Si los empresarios no se plantean quiénes son y cuál es el sentido de su vida, cualquier cambio que apliquen será insufi­ciente.

No podemos basar la vida en producción y consumo. Tenemos que ir hacia una economía sostenible a nivel humano.

Dos tabús

Casi nunca se habla de las diferen­cias salariales en las empresas. Co­nozco bancos en Latinoamérica en los que el equipo directivo gana 2.000 veces más que los empleados. No me preocupa tanto lo que ganen los directivos si el resto del equipo vive dignamente, pero no es así. En uno de estos bancos los empleados ganan 300 o 400 dólares al mes. Con ese sueldo tienen que irse a vi­vir a dos horas y media de la ciudad. Cinco horas diarias de transporte. Los directivos ganan de 40.000 a 100.000 dólares al mes. Tienen per­sonas sufriendo a su lado y no ac­túan. Necesitamos más sostenibili­dad humana.

Tampoco se habla apenas del suici­dio. ¿Por qué se ha disparado en las sociedades económicamente más desarrolladas? Se dan el doble de muertes por suicidio que por atenta­dos criminales y guerras. Gente que aparentemente lo tiene todo pero lleva una vida sin sentido. Hay que plantearse el sentido de la propia vida. ¿Qué quiero hacer con ella? Cuando le dedicamos tiempo diario al autoconocimiento empezamos a ver posibilidades de transformación personal. No hay cambio en el mun­do si no cambiamos nosotros. Tene­mos que ir hacia un ser humano dig­no, realmente libre, que se mueva por amor del yo al nosotros. Esto es po­sible. Hay empresas que lo están haciendo, que han decidido que an­tes que el beneficio económico es­tán las personas y el planeta.

Dignidad. La sostenibilidad también significa que nadie vulnera al otro, que todos tenemos la misma dignidad, desde el CEO hasta el que acaba de entrar.

La ética práctica

Cuando comenzamos con Triodos Bank, nos decían que íbamos a du­rar cuatro días y nos hacían la paté­tica pregunta: ¿una banca puede ser ética? Pero la pregunta debería ser: ¿es posible que tu banca no lo sea, que tú lo sepas y sigas llevando tu dinero allí? Los bancos no tienen di­nero, gestionan el nuestro. Por tan­to, somos responsables y tenemos derecho a saber qué hace el banco con nuestro dinero. Cuando toma­mos cualquier decisión como pro­ductores o consumidores tenemos que pensar cómo afectará a las per­sonas y al planeta. Antes de com­prar un producto tenemos que plan­tearnos dónde compramos, quién los fabrica, en qué condiciones, si se respetan los derechos humanos.

Podemos llevar los principios de la dignidad humana (libertad, amor y cretividad) a los ideales de Platón: verdad, belleza y bondad.

  • Verdad. Tenemos que ser auténti­cos, honestos, coherentes y vera­ces. Ser veraz es un ejercicio dia­rio de autoconocimiento, para ser consciente de cómo mentimos a lo largo del día y empezar a evitarlo. Tenemos que ser veraces en nues­tro trabajo, que es nuestra oportu­nidad de cambiar el mundo.
  • Belleza. Es armonía, equilibrio, proporción. Hoy la llamamos sos­tenibilidad, porque lo que no tiene equilibrio no se sostiene. Pero la sostenibilidad, el equilibrio, tam­bién significa que nadie vulnera al otro, que todos los seres humanos tenemos la misma dignidad y los mismos derechos, desde el CEO hasta el que acaba de entrar.
  • Bondad. Cuando dices que al­guien es bueno parece que dices que es tonto. Decimos: “Es bueno, el pobre”. ¿Por qué pobre? Una persona buena es aquella que cuando tienes un problema te dice, ¿qué puedo hacer por ti?, ¿qué necesitas? Las empresas también deben plantearse qué pueden hacer para resolver los problemas. No esperar a que las Naciones Unidas me marquen objetivos. Como soy libre no quie­ro leyes que vengan de fuera, las tengo dentro. Esta bondad impli­ca coraje para tomar decisiones. Implica compromiso para dar lo mejor de mí, para cambiar mi em­presa y el mundo. Cuando estas decisiones las toman los equipos directivos se logran cambios in­creíbles. Que salga el ser humano que está dentro, oculto por una coraza emocional y espiritual. Da miedo hablar de lo espiritual, cuando es la esencia humana, lo trascendente. O lo descubres o te pierdes la vida vegetando.

Intenten traer su cambio personal a las empresas. Son los empresarios los que pueden cambiar el mundo. Y es posible, está pasando, cada vez hay más empresas dando ejemplo.Pero seamos más exigentes. Les ani­mo a que den un paso más en su ca­mino. Hay demasiadas miradas en el mundo que te dicen que están su­friendo, que no hay tiempo, que te­nemos que ir más rápido. Tenemos que actuar.

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JOAN A. MELÉ
Presidente de la Fundación Dinero y Conciencia y miembro del Consejo Asesor de Triodos Bank

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