FUENTE:
Charo Toribio

C84

Nº 225 – FEBRERO 2020

Adaptarnos y cambiar de modelo energético y de desarrollo. Es lo que necesitamos para limitar los efectos del cambio climático, como nos explica María José Sanz, directora científi ca de BC3, Basque Centre for Climate Change. Para lograrlo, es imprescindible desarrollar una responsabilidad colectiva, tanto política como empresarial y social. Analizamos junto a esta experta internacional la urgente necesidad de reducir emisiones y sustituir las energías fósiles por renovables, las oportunidades que traerá consigo este nuevo modelo energético y los cambios que ya se están produciendo en el sector de la alimentación.

María José Sanz
Directora científica de BC3

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María José Sanz, directora científica de BC3, Basque Centre for Climate Change, ha participado en la elaboración del último informe del Grupo Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), de las Naciones Unidas, que ha contado con científicos de 195 países. La principal conclusión de este informe es que es necesario, y posible, contener el calentamiento global a 1,5ºC, en lugar de los 2ºC de los que se preveían hasta ahora, sobre la era pre–industrial. Ya hemos alcanzado 1ºC. Es imprescindible redoblar para no continuar en esta senda. “No nos podemos permitir el lujo de hacer las cosas como hasta ahora, de forma tan dilatada en el tiempo y con compromisos tan poco ambiciosos”, afirma María José Sanz. Hablamos con ella sobre el impacto que ya está teniendo el calentamiento global, también en el sector de la alimentación, y sobre los cambios que necesitamos implementar.

EL PERFIL

María José Sanz es doctora en Ciencias Biológicas cum laude por la Universidad de Valencia. Es miembro del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que recibió un Premio Nobel de la Paz en 2007. También ha coordinado el programa de reducción de las emisiones derivadas de la deforestación y degradación de los bosques de la FAO. Desde 2016 asume la dirección científica del Basque Center for Climate Change (BC3), un centro multidisciplinar centrado en producir conocimiento para tomar decisiones desde un perspectiva ambiental, socioeconómica y ética del cambio climático.

Charo Toribio: ¿Por qué necesitamos limitar el calentamiento a 1,5ºC? ¿Y qué medidas son imprescindibles para lograrlo?

María José Sanz:Si logramos que el calentamiento global se quede en 1,5ºC, los efectos se limitarán a los que estamos notando ahora o quizás algo más graves. Pero si alcanzamos los 2º C esos impactos serían notablemente superiores. En primer lugar, supondría una mayor subida del nivel del mar, más desequilibrio en las precipitaciones –lluvias torrenciales en algunas zonas y más sequías en otras, afectando a la producción de alimentos –como el trigo o el maíz– y perjudicaría a la biodiversidad.

La medida fundamental y más urgente para lograr quedarnos en 1,5ºC es reducir todavía más las emisiones, sobre todo en las actividades derivadas del uso de combustibles fósiles. El informe del IPCC asegura también que las emisiones deben reducirse por lo menos en un 45% para el año 2030 y que el sector industrial debe recortarlas hasta el 90% en 2050. Y es imprescindible cumplir con estos objetivos. En primer lugar, porque ya estamos viendo impactos derivados del cambio climático que han aparecido incluso antes de lo que se proyectaba hace unas décadas. Además, estos impactos se están acelerando, por lo que es necesario reducir emisiones lo antes posible, porque el sistema climático sigue una inercia y, si no actuamos ya, cada vez nos costará más.

Pero además hay otras razones para reducir nuestras emisiones y cambiar el modelo energético. No es solo por el cambio climático, nuestro desarrollo no es sostenible: el uso de materias primas y combustibles tiene un límite. Necesitamos consumir estos recursos de forma más racional desde ahora.

¿Y cuáles son los puntos básicos para crear este modelo de desarrollo sostenible?

Lo más urgente es cambiar nuestro modelo energético a uno basado en energías renovables, en lugar de combustibles fósiles, y tenemos que hacerlo con la mayor celeridad posible. Ésta es la medida fundamental.

Luego hay otra serie de medidas dirigidas a reducir el consumo de energía mejorando la eficiencia energética o reducir en la medida de lo posible la intensidad de emisiones en la producción agrícola. Pero la medida fundamental es dejar de depender de la energía que proviene de combustibles fósiles.

Adaptación. Ya no podemos evitar los impactos del cambio climático. Necesitamos medidas de adaptación.

¿En qué plazo tendríamos que dejar de depender de los combustibles fósiles?

En el informe del IPCC hablamos de que necesitamos descarbonizar la economía, lograr emisiones netas cero en 2050. Eso implica tanto reducir las emisiones, como incrementar la captura de CO2 por medios tecnológicos o utilizando sistemas agrícolas o forestales. Pero esto hay que hacerlo con muchísimo cuidado, tampoco podemos dejar que estos sectores carguen con todo el peso, sino que necesitamos actuar en el sistema industrial y, sobre todo, en el energético.

Estamos viendo los efectos del cambio climático. Si nos centramos en España, ¿cuáles son los más obvios y cuáles podemos evitar en el corto y medio plazo?

Los efectos más importantes en España son los derivados de nuestra exposición costera, donde ya estamos viviendo los incrementos del nivel del mar. Además, somos un país mediterráneo en el que ya sufrimos problemas de erosión del suelo, y en el que crecen las áreas árida o semiárida. También vivimos olas de calor cada vez más frecuentes y cambios en el régimen de las precipitaciones, lo que puede conllevar impactos como los producidos por tormentas frecuentes en la vertiente mediterránea con una intensidad inusual.

Ya no podemos evitar estos impactos. Por tanto, lo que tenemos que hacer es promover medidas de adaptación lo antes posible. Reducir las emisiones hará que estos impactos no sean mayores en el futuro y con el tiempo incluso podrían empezar a minimizarse. Pero desde luego seguiremos viendo impactos y lo que necesitamos ahora es trabajar para que causen el menor daño posible, introduciendo medidas adaptativas.

¿A qué tipo de medidas se refiere?

Por ejemplo, necesitamos planes de protección de las costas, en el sentido de no construir estructuras en localizaciones costeras vulnerables. Tenemos que generar infraestructuras de protección en algunas localizaciones en las que se prevé que las tormentas o los fenómenos extremos puedan provocar más impacto. Necesitamos prepararnos para posibles inundaciones más frecuentes y por tanto debemos regularizar mejor los cauces de los ríos. Y también es importante, por ejemplo, educar a la población sobre cómo minimizar los efectos de las olas de calor que están por llegar. Son solo algunos ejemplos, pero hay muchas más medidas adaptativas que debemos implantar.

La producción alimentaria también recibe un fuerte impacto por el cambio climático. Por ejemplo, el vino ya está comenzando a cosecharse en latitudes más altas. ¿Qué otros efectos estamos viendo ya en la prouducción alimentaria?

El cultivo de vino en latitudes más al norte es precisamente una medida de adaptación. La calidad que se puede conseguir en latitudes norte es mejor de la que se conseguía antes en latitudes más al sur, donde la temperatura es más alta y se tiene que avanzar la vendimia. Habrá que adaptarse para ver qué variedades y qué gestión del cultivo se tiene que aplicar.

Respecto a otros tipos de cultivo, hemos visto una reducción en la producción de cereales porque, al ser un cultivo de secano, la producción queda afectada por las sequías, más largas, que estamos viviendo. Otros efectos que ya estamos viendo son desplazamientos de la cronología en algunos cultivos anuales y una incidencia anormal de ciertas plagas, por ejemplo. Nos tendremos que adaptar buscando variedades más resistentes a las sequías, cambiando las latitudes y las épocas de cultivo, etc. O sea, cada cultivo, cada granja deberá buscar alternativas.

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Responsabilidad colectiva. Necesitamos una regulación responsable, una empresa responsable y un ciudadano responsable.

Los mensajes y recomendaciones de informes como el del IPCC se dirigen sobre todo a gobiernos. ¿Pero no cree que el sector empresarial, incluido el gran consumo, también juega un papel destacado?

Claro. En el ámbito alimentario, por ejemplo, se pueden aplicar muchas medidas, desde reducir pasos intermedios hasta fomentar el comercio de proximidad. Obviamente se tiene que responsabilizar todo el mundo: el productor, el transformador, el consumidor… Es una responsabilidad colectiva, en toda la fase de producción y consumo de alimentos.

Está claro que si el sector empresarial no modifica sus comportamientos, no conseguimos nada. Pero también es obvio que si seguimos demandando productos o servicios que hacen que el sector empresarial tenga un comportamiento irresponsable, tampoco avanzamos. Todos tenemos que contribuir a racionalizar el consumo. Por ejemplo, han sido los ciudadanos los que han comenzado a lanzar campañas contra el uso de plásticos de un solo uso. Es todo el conjunto: tiene que haber una regulación responsable, una empresa responsable y un ciudadano responsable.

¿Qué piensa del papel de los empresarios en esta lucha contra el cambio climático?

El mundo empresarial ya está actuando. Muchas empresas ya están cambiando su negocio y ven que este cambio puede representar oportunidades interesantes en el futuro. Todos los empresarios deberían reflexionar en este sentido y empezar a pensar en cómo aplicar este cambio en el plazo más corto posible, porque en cualquier caso cambiará el contexto en que se desarrollarán sus empresas y negocios. Si no se adelantan a este cambio, puede que sufran consecuencias que ahora mismo ni se imaginen y en un futuro más cercano del que les permitiría adaptar sus negocios y evitar impactos económicos negativos.

¿Cómo valora los acuerdos que se alcanzaron en la pasada Cumbre del Clima? ¿Qué aspectos tienen que cambiar para que sean más ambiciosos?

En esta cumbre se articularon las reglas para implementar el Acuerdo de París, que la Convención aprobó en 2014. Desde entonces los países lo han ido ratificando y en las cumbres que se han celebrado se han puesto encima de la mesa las reglas del juego para poner en marcha este acuerdo que entra en vigor en 2020. Además, se tenían que definir temas importantes como el modo en el que se van a articular los mercados de carbono. Y no había que tomar la decisión necesariamente aquí porque todavía puede decidirse en la próxima cumbre, pero sí que había que avanzar en las discusiones. Se avanzó en aspectos como pérdidas y daños o la aplicación de un plan sobre cuestiones de género, que hasta ahora no se había abordado. Puede que no sean espectaculares, pero tienen importancia.

Lo que faltó seguramente es que algunos países anunciaran de forma activa sus contribuciones nacionales, que son sus compromisos concretos ante el acuerdo de París, que deberían ser más ambiciosos que los que enviaron cuando se firmó el acuerdo. Esto es lo que no ha ocurrido. Aunque los países pueden presentar o modificar sus contribuciones hasta el 31 de diciembre de 2020. Por tanto, todavía hay tiempo para que esta ambición se ponga encima de la mesa. Han definido objetivos concretos, pero no son suficientemente ambiciosos para lograr quedarnos en 1,5ºC. Tal y como están vamos hacia los 2ºC o incluso más.

Cultivos. Tendremos que adaptarnos buscando variedades más resistentes a las sequías, cambiando latitudes o épocas de cultivo.

¿Cómo valora el compromiso y la ambición de España ante este desafío?

Pienso que en el último año en España se ha hecho un esfuerzo importante para entender y poner sobre la mesa unas cifras más ambiciosas, incluso más que las que se le asignaron dentro de la Unión Europea para 2030. Las medidas que ya se han puesto sobre la mesa están muy ligadas a la transición del modelo energético, que es el primer problema que hay que atajar. En este aspecto estamos avanzando y hemos visto una reflexión importante, un cambio no sé si de mentalidad, de dirección o de intenciones en el sector energético y en algunas industrias relacionadas con los combustibles fósiles. Es interesante, vamos a ver cómo evoluciona. ¿Podríamos hacer más? Por supuesto, pero hay que pensar bien qué hacer y creo que hemos empezado a ir por el buen camino.

Basándose en su experiencia, ¿cree que vamos a cambiar de trayectoria, que vamos a frenar el avance del cambio climático?

Lo que creo es que no tenemos otra opción y que tenemos que verlo de forma positiva. Es decir, renovar nuestro modelo energético puede generar nuevas oportunidades económicas y sociales y ayudarnos a recuperar conceptos que se habían perdido. Por ejemplo, hemos perdido oportunidades en las zonas rurales por la gran emigración a las ciudades. Pero con el nuevo modelo se pueden recuperar ciertos tipos de actividad que hagan que determinados sectores sean más sostenibles, como el sector agrícola. Si lo pensamos bien, podemos evitar impactos distributivos a partir de las políticas para la transición energética. Es decir, nos encontramos ante oportunidades muy importantes, tanto de generar beneficios económicos como de evitar desigualdades sociales.

Por tanto, no tenemos otra opción, y si lo hacemos bien podemos generar una sociedad más cohesionada, más sostenible, con más oportunidades de trabajo y más oportunidades económicas. De lo contrario, si no lo hacemos, nos quedaremos atrás como país.

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