FUENTE:
Ana Martínez Moneo

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Elena Martínez Garnica,
Consejera delegada de Martínez Somalo

Ponemos rumbo a La Rioja. A 36 kilómetros de Logroño, en Baños de Río Tobía, visitamos la empresa cárnica Martínez Somalo, una empresa familiar con más de un siglo de historia, gestionada hoy por la cuarta generación. Elena Martínez Garnica, la mayor de 4 hermanos, es la consejera delegada y nuestra anfitriona por tierras riojanas. Con cariño, emoción, mucha ilusión y orgullo nos cuenta la historia de su familia y de la empresa, que comparte los orígenes de muchas empresas y personas que en aquellos tiempos buscaban labrarse un futuro. Hoy Martínez Somalo factura 15,5 millones de euros, emplea a 75 personas, exporta el 20% de la producción y tiene unas coordenadas en su GPS claras e inalterables: calidad, marca e innovación.

¿Os cuento una historia?

Ésta es la historia de una familia y de una empresa. Corría el año 1900 en Baños de Río Tobía, un pequeño pueblo a 36 km de Logroño, en la Rioja Alta. Una zona con un microclima idóneo para la fabricación de embutidos y productos derivados del cerdo: a 600 metros de altitud, en el valle del río Najerilla, en plena sierra de la Demanda, lo que propiciaba unos inviernos fríos y secos y veranos calurosos. Allí nace La Gloria Riojana, la semilla de lo que hoy es Martínez Somalo, con la elaboración del “famoso” chorizo riojano. Y su artífice, José Martínez Campo (el bisabuelo de la cuarta generación).
Su abuelo (José Martínez Somalo), recoge el testigo y con él comienza la primera etapa de modernización de la primitiva fábrica, hoy perfectamente conservada y que, estando entre sus paredes, nos traslada al duro e intenso trabajo que requería esta actividad en aquellos tiempos.

El impulso para competir en Europa

En 1962, siendo muy joven, Lino Martínez (padre de Elena) comienza de aprendiz y, junto a su progenitor, consigue dar un impulso a la mejora de los procesos productivos y a la comercialización por toda España. Lino se emociona cuando recuerda sus inicios y las dificultades que llegaron a pasar. Le vienen a la memoria las altas probabilidades de que la producción se echase a perder por culpa de la climatología y que el trabajo de toda una temporada (de diciembre a marzo) dependiese de factores externos que no podían controlar.

En 1990, al jubilarse su padre, Lino (que forma parte de la tercera generación) asume la gestión de la empresa en solitario, y en su honor la compañía pasa a denominarse “Hijo de José Martínez Somalo”. Es bajo esta dirección que la empresa adapta las instalaciones para competir en la Comunidad Económica Europea. Es, según Elena, cuando la empresa da un salto cualitativo y cuantitativo y se coloca en la casilla de salida del futuro.

La personalidad de Lino se plasma todavía hoy en la empresa familiar: es un hombre vital, afable, tenaz, emprendedor, hecho a sí mismo, y con gran sentido del humor. Su máxima ha sido siempre la calidad por encima de todo, algo que hoy sigue siendo la clave diferencial de la empresa, tal y como nos cuentan alineados padre e hija. A sus 72 años ya está desvinculado del día a día, pero no de la estrategia global que se decide en el Consejo de Familia. Hoy se dedica –como dice él– “a hacer de recadero”, algo que –en opinión de Elena– “le encanta porque así se siente activo e involucrado en proyecto”. Su huella en el sector es lo que más enorgullece a Elena y a sus hermanos. Todo el mundo le conoce y aprecia y tiene buenas palabras sobre él. Su vitalidad, opimismo y generosidad es –en opinión de su hija– un buen ejemplo para ellos.

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Entre los últimos lanzamientos de Martínez Somalo destacan el chorizo barbacoa con sabores del mundo, el bajo en sal o con vino. El objetivo: adaptarse a las nuevas tendencias que vienen.

LAS FRASES

  • Liderar una empresa familiar es un reto apasionante, pero hay que disfrutar con ello porque se necesita mucha energía e ilusión y transmitirlo al equipo.
  • La soledad del líder de la que hablan a mí no me gusta. Yo quiero compartir opiniones y acordar conjuntamente ciertas decisiones estratégicas. Si nos equivocamos nos equivocamos todos y si acertamos, acertamos to- dos también.
  • Tenemos que mirar al consumidor del futuro. No se trata de lo que nos gusta a nosotros sino a un señor, una madre, un millenial o un extranjero. Y pensando siempre en qué van a querer comer nuestros hijos el día de mañana, porque si algo tengo claro es que no van a consumir lo mismo que nosotros.
  • Nadie tiene una varita mágica que nos diga cómo será el futuro, pero tengo claro que las empresas tienen un papel fundamental porque es la alimentación de las personas la que está en juego. Y habrá que hacerlo con respeto y responsabilidad, en colaboración por parte de todas las empresas y con transparencia por parte de las asociaciones del sector.
  • En el futuro me imagino la empresa con un crecimiento sostenido y controlado, que sepa adaptarse a los tiempos, que haga cosas distintas “disfrutando”, con una marca y una reputación de honestidad y que las personas que trabajan en ella se sientan orgullosas de formar parte del proyecto.

El momento de colgar la bata

Bajo su batuta y con sus 2 hijos (Juanjo y Pepe) trabajando en diferentes áreas, se amplía la actividad del secado de jamón y las instalaciones necesarias para ello. Fue una inversión ambiciosa en un momento complicado, el comienzo de la última crisis, cuando ya estaba también incorporado Lino, su tercer hijo. Es en ese momento cuando Lino, que estaba a punto de cumplir los 65 años, se plantea el futuro de la empresa.

Elena es abogada y por aquel entonces tenía su propio despacho junto a un socio. Aunque ella tenía su propio negocio, y estaba consolidado, nunca estuvo desvinculada de la empresa y conocía a la perfección la situación financiera y productiva. “Mi padre tuvo mucha suerte porque el cordón umbilical con sus hijos no se había roto y consiguió transmitirnos a todos el amor por la empresa. Yo estaba al tanto de todo y participaba en las decisiones estratégicas desde fuera”, explica. De hecho, fue la responsable conseguir el certificado de calidad ISO 9002, cuando su propio negocio estaba en ciernes, y estuvo involucrada en el salto a la internacionalización.

Su padre y sus hermanos querían que Elena se incorporara a la empresa. Recuerda que ellos “fueron clave para que tomara la decisión”. Dice que le aterraba no saber gestionar bien y la relación familia-empresa. “Mi padre me dijo ‘si tú vienes a la empresa, yo cuelgo la bata’, pero definitivamente fue el apoyo de mis hermanos lo que me convenció”, recuerda.

Innovación. Hay que ser valientes. Luego veremos si el consumidor necesita nuestros productos o no, si los acepta o no, o si creamos la necesidad.

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ÚLTIMO LANZAMIENTO. NUEVA CATEGORÍA

Martínez Somalo acaba de lanzar el Confeti de Chorizo y de Jamón, un producto que fue premiado en los Premios Innoval ’18 de Ali­mentaria. Varias cadenas de distribución han apostado por esta nueva categoría. Ahora, el principal reto es, según Elena Martínez Gar­nica, que el consumidor lo conozca y lo acep­te. Para dar a conocer el producto, han creado a Mister Confeti, un personaje que muestra la versatilidad del producto en diferentes recetas.

El traspaso de papeles

Elena es decidida, transparente y comunicativa. Sin embargo, tomar la decisión no fue fácil y le llevó un tiempo decidirse y “verbalizarla en alto”. Explica que “caía sobre ella una gran responsabilidad para con la familia, la empresa y los empleados”. Se sumó que estaba embarazada de su segundo hijo, e involucrarse en la empresa iba a ser “de todo menos tranquilo”. Sin embargo, el proyecto le atraía y veía que se podían hacer muchas cosas nuevas y ambiciosas.

Así, en 2011 se realiza el relevo generacional de la manera “más natural y menos traumática posible”, tal y como explica Elena. Para ello, contrataron a una empresa de consultoría especializada en dar continuidad a empresas familiares, que les ayudó a reflexionar acerca de lo que tenían que hacer, y que hoy todavía forma parte de su Consejo de Administración. Para Elena la profesionalización era un paso clave. Por un lado, explica que ella quiso formarse más específicamente en el mundo de la empresa y los dos primeros años compaginó el trabajo con programas de gestión empresarial. Por otro, había que incorporar profesionales a puestos directivos. Para ello, vieron que ya contaban con un excelente equipo y uno de los primeros pasos fue nombrar como gerente a la directora financiera, Mercedes Ru­bio. Para Elena era importante tener un pilar independiente que diera equilibrio al binomio familia-empresa. Y es que lo que más le preocupaba era que el trabajar todos los hermanos en la empresa rompiese el buen entente familiar. “Éramos personas con mentalidades distintas, y eso había que saber gestionarlo”, comenta. Cuenta que como abogada había visto cómo muchas familias se habían roto por herencias o el control de las empresas, por lo que señala era fundamental “crear un organigrama nuevo, con un nuevo formato, con los cargos bien definidos, que nos asegurara que nos íbamos a llevar bien”.

Elena destaca la elección de la figura de Merce como una de las mejores decisiones tomadas: “Es una gran profesional y no puede haber mejor compañera. Compartimos las tareas directivas acorde a nuestras facultades, tomamos decisiones conjuntamente y sin fisuras. Creo que formamos un buen equipo. Con ella y con mis hermanos me siento muy acompañada”. Elena se enorgullece de haber llevado a cabo un proceso de cambio generacional “modélico”.

En abril de 2011 Lino cuelga la bata definitivamente y comienza a funcionar el nuevo organigrama, que ha ido evolucionando. Hoy sus hermanos Juanjo, Pepe y Lino tienen sus funciones de directivos definidas. Elena insiste en destacar de ellos “su generosidad y su esfuerzo”. “Me siento muy afortunada porque nos respetamos y nos queremos”. Todos, junto con otros profesionales muy implicados, están involucrados en la planificación de la estrategia, que –explica– la trabajan como si fuera una empresa mucho mayor de lo que realmente es. En su opinión, es la forma en la que se prepara el camino para cuando sea más grande. “Y ser valientes y probar”, dice. Para Elena el día a día requiere ir tomando decisiones en el momento, experimentar y equivocarse, porque al final “la prueba-error es lo que hace que podamos evolucionar”. Durante estos años, explica que todo el equipo ha crecido profesionalmente, algo de lo que se siente también muy orgullosa.

Los valores familiares

Para Elena la comunicación es lo más importante en las empresas familiares, “tenemos que ser muy claros. A veces duele, pero es la única forma de que los problemas se resuelvan”, insiste más de una vez. Además del Consejo de Administración, Martínez Somalo tiene un Consejo de Familia, donde se habla exclusivamente del protocolo familiar, de la responsabilidad social de la empresa con 75 trabajadores, de establecer los criterios de incorporación de la siguiente generación… “La empresa es un regalo que tenemos que cuidar, y si no lo hacemos adecuadamente o no evolucionamos tendremos que devolverla o que la gestionen terceras personas capaces de hacerlo”, añade Martínez Garnica.

También recalca que una de la principales ventajas de las empresas familiares realmente unidas es que “no te sientes solo en la toma de decisiones”, algo que para ella es muy importante. En este punto Elena es categórica: “La soledad del líder de la que hablan a mí no me gusta. Yo quiero compartir opiniones y acordar conjuntamente ciertas decisiones estratégicas. Si nos equivocamos nos equivocamos todos y si acertamos, acertamos todos también”.

Además, esfuerzo, ilusión y unidad son los 3 valores que han acompañado a Martínez Somalo desde que comenzó su andadura hace más de un siglo y que Elena identifica como el “gran legado familiar que tenemos que cuidar y hacer perdurar”. Dice que sin estos valores la “esencia y la misión de la empresa se pierde”.

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LAS COORDENADAS DEL GPS DE MARTÍNEZ SOMALO

  1. La calidad. Su nicho de trabajo es la elaboración de productos de cerdo blanco. Embutidos y jamones con una muy buena materia prima y un proceso muy cuidado, que evidentemente tienen su precio más elevado. Algo que Elena lamenta: “al mercado le cuesta mucho reconocer esa calidad plus que le estás dando. Es un esfuerzo enorme, pero tenemos que ser constantes”.
  2. La marca. “Nuestro objetivo es posicionar las dos marcas y que perduren en el tiempo”. Por un lado, Martínez Somalo como marca paraguas y La Gloria Riojana para productos tradicionales. De hecho, cuenta que creen que La Gloria Riojana es la marca registrada de chorizo más antigua (1921) que hoy todavía está en vigor. Además, para Elena la imagen de marca también es clave para trasladar al consumidor modernidad en un producto tan tradicional como el chorizo.
  3. La innovación. Clave para diferenciarse. Así lo asegura Elena, quien considera este driver una garantía segura de futuro. Por el tamaño de la empresa y su capacidad de inversión, colaboran con el centro tecnológico de La Rioja (CTIC) para dar más agilidad y viabilidad a los proyectos. Explica que ahora ya tienen marcadas una serie de líneas estratégicas y una cartera de proyectos para los próximos 5 años. Productos que –apunta– se adapten al consumidor de hoy, que demanda salud y conveniencia, y al que vendrá en el futuro y que todavía no conocemos.

Adaptarse a los tiempos

Dice Elena que la asignatura pendiente de las empresas más pequeñas es la tecnología y que una pyme pueda subirse a esta ola para ser más productiva es muy costoso, por lo que ellos van pasito a pasito. Justo el día que visito las instalaciones de Martínez Somalo un equipo está implantando un nuevo ERP que permitirá agilizar la información de los procesos productivos y comerciales. Mientras tanto, Elena reconoce con modestia que lo que hacen es “apelar a la creatividad” en aquellos lugares donde no hay tantos recursos económicos. “Y cuando piensas siempre surgen buenas ideas”, asegura. En la entrada de las oficinas de Martínez Somalo hay un cartel que dice: “Todo parece imposible hasta que se hace”, de Nelson Mandela.

Por otro lado, un desafío que viene con fuerza es el cambio en las tendencias de consumo (reducción del consumo de carne, sobre todo en la gente joven, auge de lo veggie, lo saludable, lo ecológico…), algo con lo que el sector ya está lidiando. “Nadie tiene una varita mágica que diga cómo hacerlo, pero lo que tengo claro es que las empresas tienen un papel fundamental porque es la alimentación de las personas la que está en juego. Y habrá que hacerlo con respeto y responsabilidad, en colaboración por parte de todas las empresas y con transparencia por parte de las asociaciones del sector”.

Este nuevo escenario, la directiva lo ve con cierta “incertidumbre y preocupación”, pero sabiendo que hay que trabajar para ofrecer los mejores productos. Y ya lo están haciendo: Martínez Somalo da respuesta a algunos de estos cambios con nuevos productos (por ejemplo, el chorizo bajo en sal o la elaboración de jamones también con menos sal) y en su comunicación e información a través de las redes sociales. También comenta que han suscrito un acuerdo dentro de ANICE con el que se comprometen a reducir en 2021 la cantidad de grasa y sal de sus productos.

GPS.Ya sabemos quiénes somos y adónde queremos ir. Nos ha costado un tiempo, pero hemos marcado la dirección correcta.

Más proyectos

En esta nueva etapa, se está dando especial importancia a la línea de innovación. En Martínez Somalo, dentro de su plan estratégico, ya tienen ambiciosos proyectos para los próximos años. Elena nos adelanta con prudencia uno en colaboración con importantes compañías nacionales: Nutri­Precision (nutrición por precisión). Se trata de elaborar alimentos cuya composición esté dotada de propiedades funcionales dirigidas a un segmento concreto de la población, y que se enmarca dentro de un Proyecto Cien de CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial), con el objetivo de lanzar el primer producto en 2020. “Tenemos mucha ilusión y, aunque somos prudentes, también hay que ser valientes a la hora de sacar productos nuevos. Luego veremos si el consumidor los necesita o no. Si los acepta o no. O si creamos nosotros la necesidad. Esto nunca se sabe”, explica con ilusión. De momento, en los últimos dos años Martínez Somalo ha recibido dos premios a productos innovadores.

Por otro lado, para la consejera delegada la exportación es clave en el desarrollo futuro de la compañía. Hoy Martínez Somalo exporta el 20% de la facturación, principalemente a Europa (Inglaterra, Francia y Alemania), y otros destinos como México, Colombia y Chile, a los que están enfocados. No obstante, “hay que abrir más los ojos y tener ambición”, comenta. Así los próximos pasos están encaminados a países empergentes o a otros con especial complejidad, pero con gran interés comercial. El gran reto que identifica en la apertura a más mercados es que primero hay que explicar qué es un chorizo y qué es un jamón, y eso lleva su tiempo, aunque expresa que las asociaciones del sector están haciendo un buen trabajo para dar a conocer este tipo de productos.

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Elena Martínez Garnica y Lino Martínez So­malo en la entrada de las antiguas instalacio­nes de la fábrica, que ahora se han recons­truido para mantener la memoria de sus antepasados. Elena admira a su padre por su tenacidad, energía y, sobre todo, por su ho­nestidad. “Siempre nos decía que todos so­mos importantes, que de todos vamos a aprender, que con muchos vamos a colaborar y que a otros les debemos ayudar y a mis hermanos y a mí eso se nos ha grabado a fuego”, cuenta con orgullo.

Muy activa y comprometida

Elena está muy comprometida con el desarrollo empresarial del sector y de la región y es miembro de numerosas asociaciones regionales y nacionales. Dice que tener relación con otras empresas familiares es inspirador. “Todos compartimos la ilusión y el esfuerzo y, en la mayoría de los casos, la humildad. Nuestras empresas tienen mucha importancia en el tejido empresarial nacional”, comenta con orgullo.

También explica que tiene una estrecha relación con las empresas del sector, a las que no considera competidoras, sino colaboradoras y amigas. Lo aprendió de su padre. “Nos enseñó que tenemos que vivir la vida lo más honestamente posible y ser muy transparentes, lo que nos ha permitido ser personas que generamos confianza”. Lino predicó con el ejemplo. Cuenta que desde pequeña se acostumbró a ver en casa a gente comiendo todos los días, desde empresarios muy importantes a clientes muy pequeños. “Y a mis hermanos y a mí eso se nos ha grabado a fuego. Nuestro padre nos decía que todos somos importantes, que de todos vamos a aprender, que con muchos vamos a colaborar y que a otros les debemos ayudar”. Y esta es la filosofía con la que dirige la empresa. En este momento, destaca la figura de su madre, Nunci, como adalid del equilibrio familiar. Cuenta que ella ha sido, y sigue siendo, el gran apoyo de su padre y clave ahora para que la familia siga unida y trabajando junta.

Elena solo tienes palabras de agradecimiento para empresas o personas que le han ayudado en estos 8 años. Menciona especialmente la generosidad de la familia Noel, una de las empresas referentes en el sector. Explica que sus dueños, grandes amigos de sus padres, les han ayudado y acompañado en la reflexión durante el cambio generacional realizado. También otros amigos como la familia Schara (de hecho ella y Sabine Schara, a la que también entrevistamos en Código 84, son grandes amigas), o Jesús Pérez, colaborador de la revista. Pero hay muchas más. Confiesa que fueron ellos los que la animaron a salir de la fábrica y de los despachos de los clientes y ver “mundo”. Y así llegó, por ejemplo, al Congreso de AECOC. “Me vino fenomenal por dos cosas: una, porque se sondea lo que pasa en el mundo y yo puedo trasladarlo al equipo; y dos, porque aspectos que yo había intuido siempre sobre cómo se deben gestionar las empresas, liderarlas, cómo adaptarse a los tiempos, reafirmaban lo que yo pensaba”, reconoce.

3 valores. Esfuerzo, ilusión y unidad. Son el gran legado familiar que tenemos que cuidar y hacer perdurar.

Construyendo puentes hacia el futuro

“Es el momento de acometer nuevas inversiones para seguir creciendo”, dice con contundencia Elena Martínez Garnica. Y lo dice así de firme y decidida porque recuerda que cuando ella y Mercedes Rubio se hicieron cargo de la empresa en plena crisis lo único que se veían ‘entre las manos’ era una tijera que recortaba por todos los sitios. 8 años después reconoce que esa forma tan austera de afrontar la gestión de una empresa no se puede aguantar mucho, pero que sí fue útil para ir aprendiendo y marcar las líneas de trabajo. Y, aunque también reconoce que las grandes inversiones le dan vértigo, el foco para este año es un plan de viabilidad para culminar el proyecto ideado por su padre 8 años atrás: la ampliación de la fábrica de jamones, que requerirá una inversión total de 3 millones de euros y que impulsará el crecimiento los próximos años.

Si bien ese es el principal reto, para Martínez Somalo lo más importante es que en el futuro se mantenga el sentimiento de unidad familiar y de equipo profesional. “Si me dijeran que la empresa el día de mañana va a ser líder en el sector pero que la relación con mis hermanos se rom- perá, no lo querría por nada del mundo”. Y con emoción contenida dice cómo le gustaría ver la empre- sa en el futuro. Elena se imagina a Martínez Somalo con un crecimiento sostenido, que sepa adaptarse a los tiempos, que haga cosas distintas disfrutando del camino, con un nom- bre y una reputación de honestidad y lealtad y que las personas que tra- bajan en ella se sientan orgullosas de formar parte del proyecto.

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