FUENTE:
Xavier Pera

Responsable de Seguridad Alimentaria y Calidad en AECOC

El Ministerio de Sanidad dará un paso más en su lucha contra la obesidad y las enfermedades derivadas. Al Proyecto de Mejora de la Composición de los Alimentos, presentado a principios de 2018, se suma el anuncio de la Ministra de Sanidad donde, entre otras medidas, anunciaba la implantación del etiquetado NutriScore dentro de un año. Desde ese momento se ha convertido en la palabra de moda en nuestro sector.

¿Qué es el NutriScore?

   

NutriScore resume en una nota o categoría la calidad nutricional de un alimento. Tal y como su nombre indica, el NutriScore es un sistema de etiquetado nutricional basado en la puntuación de alimentos (score) según su composición nutricional (nutri). La puntuación que obtiene cada producto se traduce a una escala o indicador de color, siendo el color verde (letra A) indicativo de la máxima calidad nutricional, y el color rojo (letra E) el de peor calidad nutricional.

Este tipo de etiquetado nutricional pretende ayudar al consumidor a tomar mejores decisiones de consumo cuando está parado frente al lineal del supermercado. Según las conclusiones de múltiples estudios realizados desde la entrada en vigor del Reglamento 1169/2011, los sistemas basados en códigos de colores o semáforos han mostrado ser más efectivos que los monocromáticos en la adopción de mejores decisiones de consumo por parte de los consumidores. Cabe señalar que NutriScore no es el único sistema que utiliza los colores en su mecanismo de información; sin ir más lejos, el etiquetado ENL (Evolved Nutritional Label) propuesto por 5 grandes multinacionales de la alimentación, también utiliza el código de colores. En este caso, un semáforo de 3 colores por nutriente basado en la ración prevista de consumo.

¿Cómo funciona el semáforo NutriScore?

Para calcular el NutriScore de un alimento se utiliza un algoritmo, o cálculo en secuencia, que tiene en cuenta las cantidades de determinados nutrientes con efecto sobre la salud (positivos y negativos) para la salud, en base a la información declarada por 100g o 100ml de producto.

  • El primer grupo de nutrientes hace referencia a aquellos que si se consumen en exceso pueden producir efectos negativos sobre la salud como: valor energético, azúcares, grasas saturadas y sal.
  • Al otro lado están los nutrientes vinculados con dietas saludables: fibra alimentaria, proteínas y, un concepto que no es un nutriente, como el porcentaje de fruta y verdura.

Según la cantidad relativa de cada una de estas variables, se asigna una puntación por nutriente tal y como se muestra en la siguiente tabla:

Tras esta asignación de puntos, se suman los totales por tipología de nutriente (puntos A y C). Cabe señalar que existen valores específicos para bebidas y aceites y grasas.

El siguiente paso nos permitirá obtener la puntuación numérica global del alimento. Para ello es preciso seguir el siguiente esquema o árbol de decisión:

Una vez realizada la resta y obtenida la puntuación final, solo queda convertir el número en categoría, siguiendo el siguiente esquema:

Pros y contra de NutriScore

Hasta el momento, varios estudios realizados lo sitúan como uno de los modelos más efectivos en comprensión por parte del consumidor1, aunque parece evidente que necesita ciertos ajustes para adaptarlo mejor a nuestra dieta y productos. Por ejemplo, productos como el aceite de oliva salen muy mal parados al aplicar en este índice.

Al parecer, el Ministerio ya es consciente de las incongruencias o debilidades que tiene este sistema de origen francés al aplicarlo a nuestra dieta mediterránea. Por ello, ya ha anunciado que deberán revisarse algunos aspectos como, por ejemplo, la aplicación sobre alimentos de un solo ingrediente como aceite, leche o huevos, o de la propia base del algoritmo.

¿Cuándo van a tener que implantar los fabricantes el semáforo nutricional en sus productos?

El primer país en implantar este tipo de etiquetado en sus productos alimentarios ha sido Francia, que lo ha hecho de forma voluntaria. En nuestro país existen empresas que ya han anunciado su uso en sus productos de marca propia. Italia y Bélgica han hecho pronunciamientos parecidos a los que ha hecho España, manifestando la intención de avanzar en esta línea.

De momento, el Ministerio de Sanidad ha anunciado su intención de implantarlo en un año, pero ahora empieza la fase de trabajo con todos los actores implicados. Por las últimas informaciones publicadas, parece que su aplicación será voluntaria, ya que la normativa de información al consumidor es aplicable a toda la UE y debe estar armonizada, al menos en su información obligatoria. Tal vez sea un buen momento para explorar y potenciar el etiquetado extendido o ampliado online, accesible a través del escaneo del código de barras o un código QR con un smartphone, facilitando a los consumidores información sobre múltiples atributos que hoy centran su interés (nutrición, sostenibilidad, RSC) sin añadir más información a las ya saturadas etiquetas físicas de los productos.

El debate acaba de empezar y en las próximas semanas se van a suceder las reuniones para analizar los pros y los contras del sistema, el alcance que se persigue, las vías para dar cumplimiento, etc. Pero una cosa parece clara, la determinación del Ministerio es firme y, de una forma u otra, será una realidad en nuestro país en un futuro cercano.

1: Objective Understanding of Front-of-Package Nutrition Labels: An International Comparative Experimental Study across 12 Countries Manon Egnell, Zenobia Talati, Serge Hercberg, Simone Pettigrew, and Chantal Julia (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6213801/)

Xavier

Xavi Pera

Responsable de Seguridad Alimentaria y Calidad
xpera@aecoc.es

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