Un mundo en cambio
Todo está en juego. La confluencia de tensiones geopolíticas, disrupciones energéticas y presiones inflacionarias han llevado a la economía global a un punto de inflexión. No se trata de una sucesión de crisis, sino de una transformación de fondo que redefine equilibrios, prioridades y márgenes de actuación. José Manuel García-Margallo, exministro de Asuntos Exteriores, analiza en este artículo las claves de este nuevo escenario y sus implicaciones.
Es rigurosamente cierto que lo que caracteriza la época que estamos viviendo es el vértigo. La rapidez con la que se suceden los acontecimientos hace que cualquier pronóstico que hoy pueda parecer sólido probablemente quede obsoleto mañana. En este contexto, entender la economía global exige analizar no solo los números, sino también la política internacional, los movimientos estratégicos de los grandes actores y los cambios estructurales que están transformando la sociedad y los mercados.
En enero, ante los embajadores acreditados en la Santa Sede, el Papa León pronunció una frase que me pareció brillante: “No estamos en una época de cambios, estamos en un cambio de época”. No se trata solo de transformaciones puntuales, sino de un cambio estructural profundo, comparable a momentos históricos como 1945 o, más cercano y con paralelismos económicos, la crisis del petróleo de 1973.
Lecciones del pasado
- La crisis de 1973 puede ofrecernos lecciones útiles para entender nuestro tiempo. Aquella crisis combinó tres factores esenciales: Un aumento abrupto del precio de la energía, consecuencia de la reacción de los países árabes ante la guerra del Yom Kippur.
- Un cambio demográfico profundo, con caída de la fertilidad y aumento del envejecimiento poblacional, que puso en riesgo los fundamentos del Estado de bienestar.
- Los inicios de la globalización, con los tigres asiáticos emergiendo como actores económicos relevantes. Aquello obligó a Europa a implementar políticas de austeridad, aunque España, entonces con Franco ya débil, no pudo hacerlo. La transición económica del país, junto con la transición política, requirió consensos amplios, como los pactos de la Moncloa, donde todos los actores económicos y políticos participaron en ajustes que equilibraron crecimiento, empleo y estabilidad. Hoy nos enfrentamos a una complejidad similar, pero a mayor escala y con nuevos actores globales.
Donald Trump y la incertidumbre internacional
Para entender la incertidumbre actual hay que aludir al personaje central, que es Donald Trump. Su estilo es transaccional: empieza las negociaciones con posiciones máximas y reduce exigencias hasta alcanzar un objetivo que rara vez conocemos con certeza. Su pensamiento a lo grande, su megalomanía y su percepción de sí mismo como dueño de la partida lo convierten en un actor impredecible, capaz de alterar mercados y tensiones geopolíticas con declaraciones o decisiones rápidas.
Esto condiciona directamente los conflictos en Ucrania, Oriente Próximo, Irán y las relaciones comerciales con China. Y la complejidad no viene solo de los actores internacionales, sino también del calendario político estadounidense. El factor tiempo es crucial. Trump está marcado por las elecciones de noviembre, las ‘mid-term’. No puede perder esas elecciones porque se juega, no ya su prestigio político, sino su supervivencia judicial. Si pierde las elecciones y no hubiese mayoría republicana en las cámaras se iniciaría, en mi opinión, un proceso de impeachment realmente importante y complicado. Todas las decisiones en política exterior, desde la guerra en Ucrania hasta las negociaciones con Irán o las tensiones comerciales con China, se toman dentro de un marco electoral que prioriza resultados inmediatos por encima de estrategias de largo plazo.
LAS CLAVES
Un mundo en cambio. La época actual está marcada por transformaciones profundas.
Incertidumbre constante. Conflictos y decisiones globales generan riesgos imprevisibles.
Economía y política conectadas. Actualmente no se entiende la una sin la otra.
Retos internos. Los países se enfrentan a problemas de deuda, productividad y bienestar.
Necesidad de adaptación. De cara al futuro es clave definir estrategias e implementar reformas.



