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Anaís Díaz

Código 84 Especial Mundo Rural | Diciembre 2025

adiaz@aecoc.es

Santiago Martín Director general de Embutidos Fermín

Desde un pequeño pueblo de la Sierra de Francia (Salamanca) hasta conquistar Hollywood y la Casa Blanca. Embutidos Fermín fue la primera empresa española que logró vender jamón ibérico en Estados Unidos, haciéndose un hueco en los Óscar y en la mesa de Barack Obama.
Hoy, con 15 millones de euros de facturación y presencia en medio mundo, esta compañía familiar demuestra que la excelencia y el éxito también pueden nacer en el mundo rural. Hablamos con Santiago Martín, miembro de la segunda generación, y actual director general.

En pleno corazón de la Sierra de Francia, en la provincia de Salamanca, se alza La Alberca, uno de los pueblos con más encanto rústico de España. En sus calles empedradas y su paisaje natural protegido late también la historia de una empresa que ha sabido convertir sus raíces rurales en una historia de éxito internacional: Embutidos Fermín.

En una época en la que muchos emigraban en busca de oportunidades, Fermín y Victoriana decidieron quedarse y fundar en 1956 Embutidos Fermín. Hoy, la empresa es un referente en la producción de jamón ibérico y embutidos de alta calidad. Desde entonces tres generaciones han mantenido vivo el legado familiar con una filosofía clara: crecer sin renunciar a la esencia artesana ni al compromiso con su entorno.

Con dos plantas –una en La Alberca, a 80 km de Salamanca y donde sigue su sede original, y otra en un pueblo próximo, Tamames–, Embutidos Fermín ha llevado el sabor del ibérico a todo el mundo. Estados Unidos, Japón o China son hoy mercados estratégicos para la firma, que factura 15 millones de euros anuales y da empleo estable a cerca de un centenar de personas, la mayoría del entorno rural.

Conversamos con Santiago Martín, su director general y heredero directo de aquel proyecto familiar, sobre la evolución de la compañía, los retos de emprender desde el mundo rural y el papel que las empresas pueden desempeñar en la revitalización del territorio.

¿Cómo nació Embutidos Fermín y qué motivaciones había detrás de aquel primer proyecto?

La empresa nació en 1956 de la mano de mis padres, Fermín y Victoriana. En aquellos años la vida en el campo era muy dura, mucha gente emigraba a Francia, Alemania o Suiza. Pero ellos decidieron quedarse en su tierra.

Todo empezó casi por casualidad, con una carnicería en el pueblo que compartían con otra familia. Como el negocio no daba para mantener a las dos, echaron a suertes quién se quedaba con él y les tocó a mis padres. Siempre decían que, incluso si no les hubiera tocado, no se habrían marchado porque no tenían “vocación de migrante”; tenían claro que su vida estaba aquí, en su pueblo.

A partir de esa pequeña carnicería fueron creciendo, pasando de una elaboración muy artesanal a una pequeña industria familiar. En 1989 mi hermana y yo tomamos el relevo y fundamos lo que hoy conocemos como Embutidos Fermín S.L.

¿Cuáles fueron los momentos clave en el crecimiento de la compañía?

Sin duda, el gran salto fue apostar por la exportación. En 1989 decidimos que si queríamos crecer debíamos mirar hacia fuera. En aquel momento casi nadie en el sector lo hacía. La competencia en España era muy fuerte, sobre todo en la zona de Guijuelo, y vimos en los mercados exteriores una oportunidad.

El primer país al que exportamos fue Japón, en 1999. Poco después llegó la autorización para vender en Estados Unidos, que solicitamos en 1995 y no conseguimos hasta 2005. Ese fue otro hito: fuimos la primera empresa española autorizada para exportar jamón ibérico al mercado norteamericano.

¿Cómo surgió la colaboración con el chef José Andrés y su papel como embajador del ibérico?

Lo conocí en 2005 durante un viaje a Estados Unidos. El entonces embajador español, Carlos Westendorp, me lo presentó en una recepción en la embajada. José Andrés ya mostraba interés por el jamón ibérico y por nuestra llegada al mercado americano. Conectamos enseguida y le propuse formar parte de la filial. Desde entonces ha sido un gran aliado.

Gracias a él nuestros productos han estado presentes en eventos como los Premios Óscar o incluso en la Casa Blanca, donde el propio presidente Obama llegó a probar nuestro jamón.

¿Cómo es hoy Embutidos Fermín en cifras?

Seguimos siendo una empresa pequeña, familiar, pero muy internacional. Facturamos en torno a 15 millones de euros al año. Contamos con dos plantas de producción: la de La Alberca, donde se sacrifica, despieza y elabora el producto; y la de Tamames, que construimos en 2006 para deshuesar, lonchear, envasar y curar jamones a mayor escala. Allí también congelamos y preparamos carne fresca para exportación. Ahora estamos estudiando la posibilidad de levantar una tercera planta dedicada exclusivamente al jamón.

En cuanto a mercados, aproximadamente el 60% de nuestras ventas van a Estados Unidos y otro 25-30% a Asia. El mercado nacional apenas representa un 10-15%. La crisis de 2008 y los altos costes derivados de la exportación nos hicieron concentrarnos fuera, donde el producto se valora mucho y los precios son más sostenibles.

«Una industria arraigada en su territorio, que elabora productos tradicionales y genera empleo local, es clave para fijar población».

¿Cómo logran mantener esa esencia artesanal frente al uso de la tecnología?

En gran parte por seguir aquí, en nuestro entorno. La Alberca y Tamames están en pleno Parque Natural de la Sierra de Francia, un enclave que condiciona –y en cierto modo bendice– nuestro trabajo. Aquí la curación de los jamones se hace de forma natural, aprovechando la climatología. Nuestras bodegas abren y cierran las ventanas según el tiempo, como se ha hecho toda la vida. Esa conexión con el medio rural y con la naturaleza nos ayuda a mantener la autenticidad del producto.

¿Qué ventajas y desventajas tiene producir en un entorno rural como este?

Las ventajas son evidentes desde el punto de vista del producto: la curación natural, el clima seco y frío del invierno, el aire limpio… todo eso aporta calidad.
Las desventajas vienen más por la parte de los recursos humanos. Encontrar personal cualificado es difícil; la gente joven formada suele vivir en las ciudades. Sin embargo, también hay quienes valoran la calidad de vida y el entorno natural. Nosotros, por ejemplo, tenemos en el área de calidad un equipo joven, todos titulados superiores, que ha apostado por trabajar aquí. Hay esperanza, pero hay que ofrecer condiciones y proyectos sólidos.

En este sentido, ¿qué impacto tiene Embutidos Fermín en el empleo local?

Contamos con unos 80 trabajadores de forma estable, y en campaña de bellota llegamos a unos 100. La mayoría son de la zona de: La Alberca, Tamames, Mogarraz, Miranda del Castañar, Garcibuey, entre otros pueblos. Muchos llevan más de 30 años con nosotros, y eso habla de fidelidad y arraigo. Solo algunos puestos más técnicos o de gestión proceden de Salamanca y teletrabajan parte de la semana desde allí.

¿Qué haría falta para que más emprendedores apostaran por lo rural?

Facilitar las cosas. Hoy crear una empresa no es sencillo: hay muchas trabas, mucha normativa, muchos impuestos. Además, la falta de mano de obra es un obstáculo real en zonas ya despobladas. Programas como los fondos Leader, gestionados por grupos de acción local, son muy útiles y deberían reforzarse. Hay que seguir inyectando recursos en esos proyectos para que los pequeños negocios puedan surgir y consolidarse.

LAS FRASES

“Las empresas rurales tienen un papel fundamental: crean riqueza, empleo y, sobre todo, futuro para los pueblos”.

“Una empresa que cuida el entorno suele cuidar también su producto. La sostenibilidad forma parte de la calidad”.

“En el área de calidad tenemos un equipo joven, todos titulados superiores, que ha apostado por trabajar aquí. Hay esperanza, pero hay que ofrecer condiciones y proyectos sólidos”.

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