Pablo de la Rica | Gerente de Retail & Foodservice Knowdledge de AECOC
Código 84 286 | Abril 2026
Enrique Tomás
Fundador y CEO de Enrique Tomás
Rompiendo esquemas y apostando por la conveniencia y la calidad. Así ha construido Enrique Tomás su imperio en torno al jamón, con innovación a borbotones. Comenzó hace más de 40 años creando la primera red de jamonerías, con servicio en mesa y tienda. Apostó por el jamón loncheado al vacío, y desde entonces no ha dejado de crecer y de expandir su marca, llevándola a todo tipo de canales, incluido el vending, nuevas categorías como la comida para perros e, incluso, ha creado su propia compañía aérea, Jamon Air. Pablo de la Rica, gerente de Foodservice Knowledge de AECOC, le entrevistó durante la feria Alimentaria.
“Soy un tendero del jamón”, subraya Enrique Tomás cuando recuerda sus orígenes. Con 12 años comenzó a trabajar en la tocinería de sus padres en el mercado de La Salut de Badalona (Barcelona). Y a los 16 ya le propuso a su padre quedarse con la tienda y especializarse en el jamón. Desde entonces no ha dejado de emprender y expandir su marca, que hoy cuenta con más de 140 tiendas en 11 países. Aunque sus locales son solo una de las múltiples caras de la marca que se ha expandido a todos los sectores en los que ha visto una oportunidad.
El consumidor está en continua evolución. ¿Cómo es hoy?
Consumidores somos todos, consumidor soy yo. Y si me analizo veo que cada vez soy más comodón, quiero me lo den todo hecho y lo quiero rápido. Esta búsqueda de inmediatez fue la que me llevó a apostar por ofrecer el jamón loncheado, que marcó una gran revolución en su día. Pero ahora estamos llegando más allá: estamos entrando en la “era del masticado”, que es una forma de decir que tenemos que hacer todo lo que esté en nuestra mano por facilitarle la vida al cliente, dárselo todo hecho. Y creo que todavía estamos lejos de lo que podemos llegar a ofrecer. Además, hoy lo queremos todo: salud, conveniencia, placer y precio.
¿Cómo respondemos a estas exigencias?
La clave es analizar cada momento. Por ejemplo, como consumidor de restauración, hay días que busco un local especial, para celebrar o para tener una reunión importante y estoy dispuesto a pagar 60 o 70 euros por el menú. Pero todos tenemos restaurantes localizados en los que sabemos que por 18 o 20 euros comemos de maravilla. Lo mismo pasa con el jamón; en función del momento buscamos un buen jamón serrano para hacernos un bocadillo, o un jamón ibérico, que vale el doble, o si es una ocasión muy especial un jamón de bellota. Necesitamos adaptarnos a los diferentes momentos y, sobre todo, a las diferentes emociones, que son las que nos llevan, por ejemplo, a darnos un homenaje un día y a buscar lo mejor de lo mejor.
La emoción. “Necesitamos adaptarnos a los diferentes momentos de consumo, pero sobre todo a las emociones del consumidor en cada momento”.
Dentro de estos nuevos momentos de consumo, crece el on the go y las soluciones de conveniencia. ¿Cómo ves esta evolución del consumo?
Hoy nuestro bien más preciado es el tiempo, porque es lo que más escasea. Para muchísima gente hacer un bocadillo ya es cocinar porque les supone un tiempo que no tienen. Y si van a un restaurante no quieren perder tiempo esperando. Por eso buscan cada vez más el take away. Los locales de restauración también se tienen que adaptar a este ritmo. Por ejemplo, con mi hijo, Albert Tomás, que es el actual director general, el que toma las decisiones, estamos hablando del valor de volver al origen. Tenemos que recuperar el concepto de nuestros primeros locales: una barra, con una pequeña tienda y un par de mesas, nada más. Así, el consumo es rapidísimo en la barra o en take away, y si tienes más tiempo, te sientas en la mesa.
¿Cuándo sabes que un nuevo proyecto va a funcionar? ¿Y cuál es tu motor para no parar de innovar?
Cuando le cuentes un nuevo proyecto a alguien y crea en él desde el principio, no lo pongas en marcha porque eso significa que ya es tarde para hacerlo. Si todo el mundo lo ve, ya no vale. Pero por encima de todo, lo más importante es tener ilusión. Esa es la verdadera gasolina, no importa qué motor tengas. Y la ilusión no se compra, tienes que generarla y buscarla dentro de ti y en tu entorno. Por ejemplo, con 47 años le dije a mi hijo Albert que quería cederle el testigo, que o se ponía él al frente o vendía la empresa. Le dije que si no quería dirigirla, lo entendería perfectamente, porque mi pasión no tenía por qué ser su pasión. Pero él me contestó: “No solo quiero, sino que puedo”. No puedo explicar el orgullo y la ilusión que me hizo sentir. Y este es el motor que te hace avanzar.
También me he levantado muchos días sin ilusión, me he mirado al espejo y no me he gustado. Pero esos días, como me dijo mi hija, te acuestas pronto y mañana será otro día. Todos pasamos por momentos en los que no nos gustamos. Pero tenemos que enfrentar nuestros demonios. Si tienes un escalón y lo rodeas, el escalón sigue ahí y lo tendrás que subir en algún momento porque forma parte del aprendizaje de la vida. Si no puedes subirlo, pide ayuda, pero recupera la ilusión, es la clave para crecer.
LAS FRASES
“La diferencia entre una genialidad y una idiotez está en el desarrollo y la ejecución”.
“No eres tan listo cuando aciertas ni tan tonto cuando te equivocas. Pero si no innovas, estás muerto”.
“Cuando le cuentes un nuevo proyecto a alguien y crea en él desde el principio, no lo pongas en marcha porque eso significa que ya es tarde para hacerlo”.
“Con el vending, nos la hemos ‘pegado’. Pero es mi mejor idea de los últimos años. Vendemos 10 millones de euros, pero podríamos ganar una barbaridad”.



