Redacción C84
CONGRESO AECOC – OCTUBRE 2020

Directo, claro y “sin pelos en la lengua”. Así es siempre el profesor y economista José Mª Gay de Liébana. Muy crítico con la gestión de la crisis del Covid-19 en nuestro país, dice que “las empresas se están muriendo y nadie las está ayudando”, que no se está protegiendo el empleo y ni facilitando la recuperación empresarial y, por tanto, la activación económica. No obstante, él tiene una gran confianza en el potencial de las empresas: “Tenemos la oportunidad de repensar el futuro económico e impulsar un plan de desarrollo industrial, agrario y tecnológico”.

José Mª Gay de Liébana
Economista y profesor de la Universidad de Barcelona

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LAS FRASES

  • “Parece que lo que está haciendo Angela Merkel para que la economía se vaya enderezando funciona. Y España debería mirar a Alemania”.
  • “Ahora más que nunca necesitamos los mecanismos de cooperación internacional porque son los que nos van a ayudar a reconstruir la economía”.
  • «¿Por qué Irlanda o Alemania no notan casi esta crisis? Porque en su economía la industria pesa un 38% y un 30%, respectivamente. Nosotros nos hemos ido desindustrializando y deslocalizando. No puede ser que la industria, incluyendo la energía, tenga un peso de solo el 14,2%”.
  • “Hay un papel prioritario de la política fiscal con subvenciones a la inversión ‘verde’, y que deberían ser más ágiles, sin tanta burocracia”.
  • «Tenemos una precariedad y una temporalidad en el empleo que tenemos que subsanar apostando por el sector industrial, el tecnológico, el agroalimentario y por la preparación de la gente».

Las proyecciones de crecimiento

Las previsiones de crecimiento para este año son auténticamente malas. Sin embargo, hay algo que tiene que servirnos de canto para la esperanza y es que, según datos de la OCDE a 16 de septiembre, la economía mundial caerá el 4,5% y los países del G20 el 4,1%. Se atempera la caída con respecto a lo que veíamos en junio. Esto significa que hay gobiernos haciendo cosas para evitar una mayor caída de la economía. La previsión para 2021 es una recuperación a nivel global de en torno al 5%, aunque habrá que ver país por país. No debemos perder de vista que persisten una serie de amenazas que ya estaban antes de que la pandemia llegara a nuestras vidas:

  • El conflicto entre EE.UU y China.
  • La fricción entre EE.UU y Europa.
  • El impacto negativo de las exportaciones europeas a EE.UU.
  • El Brexit “a la brava”.
  • Tensiones en el precio del petróleo.

Todo ello, en un contexto de baja inflación y de fuerte endeudamiento (que va a ser mayor aún por la debilidad de la demanda agregada). Quizá en estos momentos estamos viendo una desinflación que corre riesgo de deflación.

España, en situación de máximo riesgo

Preocupa la caída de la economía española en el segundo trimestre de 2020, que es la que más cae de toda la UE (12,6%, según las previsiones). Estamos viviendo una caída espectacular de la actividad económica, un desplome absoluto de la demanda agregada con una fuerte reducción de los ingresos y una reducción en el consumo. Se añade la fuerte destrucción de empleo. La primera conclusión a la que podemos llegar es que hay bastantes cosas que no estamos haciendo bien. Así que debemos reflexionar porque no sabemos cuáles serán las consecuencias de estos rebrotes que hay. La incertidumbre crece porque:

  • Las empresas en general están sufriendo, sobre todo las de los sectores afectados por los Ertes.
  • La crisis de liquidez se ha ido convirtiendo en una crisis de deuda y ahora es una crisis de solvencia.
  • Tenemos unas condiciones financieras que más o menos son buenas, pero hay un debilitamiento de la demanda externa porque el comercio mundial está parado.
  • Además, el consumo de las familias, que se ve afectado en distintos sectores, no se va a ver recuperado el año que viene; y en estas condiciones nadie se anima a invertir.

En consecuencia, podemos decir que tendremos un 2020 y un 2021 apagados, así que vamos a ver lo que ocurre en 2022.

Fondos europeos. “A España tienen que llegar 140.000 millones. Pero para que lleguen tiene que haber ideas nuevas y renovadoras”.

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Reactivación económica floja y confianza débil

La acción de los poderes públicos en los distintos países está marcando las diferencias para encarar la situación. Y lo que hay que hacer es diseñar una construcción económica que sea buena y de futuro. En España, lamentablemente, no se está dando ninguna de estas circunstancias.

La buena noticia es que España está dentro de la UE y de la órbita del Banco Central Europeo. Ahí tenemos todo un maná de millones que están llegando: 700.000 millones de euros. A España tienen que llegar 140.000 millones pero para que lleguen tiene que haber ideas nuevas y renovadoras. Ahora más que nunca necesitamos los mecanismos de cooperación internacional porque son los que nos van a ayudar a reconstruir la economía.

El problema que tiene ahora mismo España es que no hay un duro en la caja y estamos más endeudados que nunca. La apocalíptica situación de las finanzas públicas nos impide tener palancas fiscales para actuar como están haciendo Alemania, Países Bajos, Francia e, incluso, Italia.

A la economía española le está faltando la protección del empleo y facilidades para la recuperación empresarial. Las empresas se están muriendo y nadie está ayudando. Hay que posibilitar la reasignación de trabajadores. No me preocupan los Ertes; lo que me preocupa es qué pasará cuando se acaben y esta gente se vaya a la calle. El problema que tenemos es un déficit público descarriado
y una deuda pública que está apuntando al 125% del PIB.

El gran consumo. “Es uno de los sectores más robustos. Su gran reto, abrirse al mundo, y la digitalización puede ayudar mucho. Es un sector en el que vale la pena invertir”.

Plan de viabilidad y relanzamiento de la economía española. 9 desafíos

En los últimos años el crecimiento de la economía española ha sido muy tímido. El año pasado crecimos entre el 2% y el 3% y, sin embargo, hemos mantenido unas tasas de paro del 14% y 15%, lo que quiere decir que ese crecimiento no era inclusivo. Nuestra economía está mostrando un encefalograma plano. Esto significa que no tenemos un modelo productivo adecuado, de manera que tenemos que aprovechar esta oportunidad para reconvertirlo forzosamente. Y tenemos que actuar en 9 palancas:

  1. Mejora de la productividad. Hay que fomentar la dinámica y el crecimiento empresarial. ¿Y esto se está haciendo desde el Gobierno? Me temo que no. Además hay que mejorar el capital humano. ¿Y cómo vamos a hacerlo si los niños han pasado de curso con las asignaturas suspendidas? E incrementar el capital tecnológico. Pero, ¿cómo lo vamos a hacer si no hay ayudas adecuadas ni mecanismos para ellos? Nos hemos focalizado en un modelo de servicios (turismo y comercio), pero ha llegado un momento de reinventarnos. Teníamos más de 83 millones de turistas y ahora nos damos cuenta de que lo bueno del turismo es el turismo de calidad, no el de los paquetes.

    No puede ser que la parte industrial, incluyendo la energía, tenga un peso del 14,2% y que la industria manufacturera en España sólo un 11,22%. ¿Por qué Irlanda o Alemania no notan casi la crisis de la pandemia? Porque en su economía la industria pesa un 38% y un 30%, respectivamente. Nosotros hemos ido desindustrializándonos y deslocalizando. Debemos impulsar un plan de desarrollo industrial, agrario y tecnológico.

    El problema que tenemos en España es el tamaño de las empresas. ¿Cuántas empresas hay en España que tengan más de 250 trabajadores? Sólo 4.960 empresas, lo que quiere decir que el 100% de nuestro tejido empresarial son pymes. Hay que hacer es ayudar al crecimiento de las empresas.

    Y para incrementar la productividad, es clave mejorar el capital humano. Pero para ello tenemos que tener una formación básica fundamental, y una formación universitaria de primer nivel. Pero la pregunta es, ¿qué aliciente tienen ahora los chavales? Los que pueden se van.
  2. Reducción del desempleo y la precariedad laboral. La tasa de paro es el gran desafío, que se ha movido en un promedio del 17% desde 1980 hasta ahora. El problema es nuestro modelo productivo: llega el verano la gente trabaja, llega el otoño y la gente deja de trabajar. Tenemos una precariedad y una temporalidad en el empleo que tenemos que subsanar apostando por el sector industrial, el tecnológico, el agroalimentario y por la preparación de la gente.

    Se está hablando que este año igual acabamos con un paro del 25% y con el paro juvenil más alto de Europa.
  3. Envejecimiento de la población. En 2018 la población entre 0 y 24 años eran 11,5 millones, mientras que la denominada ‘economía plateada’ eran menos de 9 millones. Pero es que en 2033 habrá 11 millones de personas de 0 a 24 años, y 12 millones de mayores de 65 años. Y la hucha de las pensiones se está vaciando… y su sostenibilidad pende de un hilo.
  4. Políticas de inclusión. Las colas del hambre son una estampa lamentable de España. Hay una situación de pobreza. En 2018 estábamos con una población en riesgo de exclusión social y de pobreza del 26%. Esto se está agravando. Habría que reforzar las políticas de acceso a la vivienda, pero también la seguridad laboral con un modelo productivo y educativo adecuado.
  5. Transición hacia una economía más sostenible. La solución es que haya una seguridad laboral, que haya empleo y, para ello, necesitamos un modelo económico que sea recio. Y hay un papel preponderante de la política fiscal con subvenciones a la inversión ‘verde’ y que deberían ser más ágiles, sin tanta burocracia. Y el sector financiero va a jugar un papel fundamental dando preferencia a toda aquella inversión que esté relacionada con la transición ecológica: préstamos a empresas con bajas emisiones.
  6. Sector financiero saneado. medio plazo va a haber una presión a la baja para la rentabilidad del sector financiero, que ya está sufriendo. Tiene que digitalizarse, lo que va a significar una poda de gastos impresionante, un recorte de empleo tremendo. Tiene que reducir costes de explotación y aumentar la eficiencia, invirtiendo en tecnología. De 2008 a 2019 la deuda de las familias disminuyó en 208.809 millones de euros. El esfuerzo de las empresas fue notable con una reducción de deuda de 373.309 millones de euros. En total casi en 700.000 millones de euros. Sin embargo, el sector público ha aumentado en 749.000 millones de euros la deuda, algo inconcebible.
  7. Los retos estructurales de la era Covid-19. La globalización de la producción, la digitalización y la transición ecológica. Vamos a vivir ahora un proceso de desglobalización, de proteccionismo, sobre todo en lossectores más tecnológicos. Hay un aspecto que es negativo y que es la caída de exportaciones que se va a producir este año, pero es entrar dentro de un proceso normal
  8. Sostenibilidad de las finanzas públicas. Desde 2008 a 2020 los que han llevado las riendas de las finanzas públicas han sido capaces de gastar 940.000 millones de euros más de lo que se ha ingresado. No pasa nada. Todos tranquilos, luego se van, nadie ha firmado ningún aval, más deuda pública, y por supuesto más impuestos para los mismos. Hay países en los que se está echando mano de palancas fiscales para salir adelante en una situación tan comprometida. Dinamarca, Luxemburgo, Países, Bajos, Alemania, Austria, Eslovenia… tienen superávit. Han aprovechado los buenos años para cerrar bien las cuentas. La otra parte es la deuda pública. En 2007 representaba el 35% del En 2020, según el Banco de España alcanzará el 120%. Necesitamos una reconstrucción urgente de la economía española. Y la solución parece ser una mayor carga fiscal. ¡Increíble! Aun así, hay que ser optimistas ante esta situación.

* Nota: Extracto de la ponencia ofrecida por José Mª Gay de Liébana en el 22º Congreso AECOC de Frutas y Hortalizas.

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