Rosa Galende, C84
Nº 229 – JUNIO 2020

La crisis del Covid-19 ha permitido a las empresas agroalimentarias tomar conciencia de su propia importancia y revindicar su rol esencial en el bienestar de la sociedad. Joan Mir –director general de Anecoop– califica de ‘ejemplar’ el esfuerzo realizado por todo el sector para abastecer las tiendas a pesar de las dificultades en la producción y el alza en el precio del transporte.

Con las reivindicaciones de los agricultores a principio de año y la crisis del Covid-19 como telón de fondo, la cooperativa presenta ahora la campaña “Raciones de vida para el campo”, que busca “la supervivencia de las zonas rurales y la agricultura como motor económico”.

Joan Mir
CEO de Anecoop

Anecoop-Joan-Mir

Las cifras de Anecoop S. Coop.
en 2019

  • 71 cooperativas y empresas socias con miles de agricultores asociados
  • 83 países
  • 842.851 toneladas de frutas y hortalizas comercializadas
  • 713 millones de euros

LOS GRANDES RETOS DE ANECOOP

Los proyectos más relevantes de ANECOOP a medio y largo plazo son:

  • Potenciar la cooperación como fórmula de competitividad y desarrollo local.
  • Fijar la población en las zonas rurales.
  • Limitar el abandono de tierras de cultivo.
  • Facilitar el relevo generacional.
  • Incorporar los avances tecnológicos a la producción.
  • Adaptar la producción al cambio climático.

“Una de las grandes lecciones de esta crisis es el papel relevante y responsable de agricultores y ganaderos. ¿Qué hubiera pasado si al inicio del confinamiento hubieran faltado los productos agroalimentarios en los lineales?”.

Rosa Galende: El Covid-19 y la alerta sanitaria declarada por el Gobierno han traído una gran disrupción a nuestras vidas y a nuestras empresas. ¿Cómo ha vivido usted este momento?

Joan Mir: Nosotros veníamos siguiendo muy de cerca lo que estaba sucediendo tanto en China como en Italia. Tenga en cuenta que las exportaciones a ambos países se vieron resentidas conforme avanzaba la pandemia. Tres días antes de que el Gobierno decretase el estado de alarma, en Anecoop ya estábamos trabajando en la creación de un comité para la crisis. Este comité ha evaluado cada día la situación general, contrastándola con un equipo de coordinadores que están en permanente contacto con nuestros socios. Esto nos ha permitido obtener feedback de manera constante para poder ir adaptando nuestra actividad a los acontecimientos.

En resumen, desde el minuto uno hemos estado trabajando, redoblando esfuerzos para garantizar el abastecimiento, velando siempre por la seguridad de la plantilla y del producto.

¿Cómo valora la respuesta del sector agroalimentario ante esta crisis?

Ha sido una respuesta ejemplar. El sector ha demostrado su fortaleza y su capacidad para hacer frente a situaciones complejas como la que estamos atravesando, que ha puesto sobre la mesa lo importante que es no depender de países terceros para alimentar a la sociedad.

Garantizar el abastecimiento en estas circunstancias ha sido una prioridad, a pesar del incremento de los costes logísticos y de la implementación de las necesarias medidas de seguridad.

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  • Raciones de vida para el campo. “Con esta campaña queremos destacar el papel esencial que el sector agroalimentario tiene para nuestra sociedad y nuestra economía, así como fijar población en zonas rurales”, comenta Joan Mir.

¿Cuáles han sido las principales dificultades y qué decisiones clave han tomado para resolverlas?

En las oficinas y filiales la consecuencia de mayor calado ha sido la de cambiar totalmente nuestra forma de trabajar, pasando de un modelo presencial a otro en remoto. Con el fin de velar por la seguridad de la plantilla y de sus familias, casi la totalidad del personal ha estado trabajando desde su domicilio, con presencia en oficinas solo de las personas esenciales para el funcionamiento del día a día.

Conforme ha ido evolucionando la situación, hemos ido ampliando las medidas de seguridad e higiene, para facilitar el retorno de la plantilla en el periodo de desescalada. En este sentido, la mayor complejidad ha sido adaptarnos a las necesidades de los distintos países en los que tenemos presencia.

En cuanto a la actividad comercial, esta se ha visto afectada por las dificultades en la producción, con las restricciones en los desplazamientos de las cuadrillas de trabajadores a los campos, que han triplicado la necesidad de vehículos para los traslados o los aspectos de mercado y, muy especialmente, logísticos, con un notable encarecimiento del transporte, una pieza clave en la distribución de frutas y hortalizas.

Hoy por hoy, una de nuestras grandes preocupaciones es que los gobiernos de países clave para la comercialización de nuestros productos promuevan campañas potentes de nacionalismo agrícola, en un intento de impulsar sus producciones locales en detrimento de las del exterior. No hemos de olvidar que tanto Anecoop como la agricultura española son netamente exportadoras.

Esta crisis ha puesto sobre la mesa lo importante que es no depender de países terceros para alimentar a la sociedad.

¿Cómo han conseguido atender a los clientes internacionales en el actual contexto?

Nuestra red de oficinas y filiales no ha dejado de trabajar en ningún momento, así como nuestros socios, que han continuado con su actividad en campo y almacén. Todo ello, obviamente, en un contexto de mayor complejidad en el entorno y en la gestión de los equipos de trabajo debido a las restricciones. En la mayoría de productos ha habido disponibilidad de oferta para atender la demanda y ello, unido al grandísimo esfuerzo que han hecho las empresas de transportes, nos ha permitido cumplir con nuestros clientes de todo el mundo.

¿Cuáles son los cambios más significativos que ha experimentado la demanda por parte de los consumidores?

En las primeras semanas se produjo el efecto “acopio”, fruto del miedo de los consumidores al desabastecimiento. Los productos básicos de la cesta de la compra experimentaron la mayor demanda, con un peso importante de las frutas y verduras consideradas por el consumidor más beneficiosas para el sistema inmunitario y con mayor vida comercial, como los cítricos o las zanahorias, en detrimento de aquellas percibidas como de baja vida comercial, como los frutos rojos o los exóticos.

La elección del formato de unidad de venta también se ha visto influida por la situación, inclinándose hacia los productos envasados, percibidos como más seguros, frente a los graneles o la IV y V gama.

A medida que ha ido avanzando el confinamiento, cuando el consumidor ha comprobado que el abastecimiento de lo esencial estaba garantizado, ha ido incluyendo en la cesta otro tipo de productos. En el corto plazo, se irá dejando sentir la inseguridad respecto al futuro, debido a la disminución del poder adquisitivo, a los ERTEs y los cierres de empresas, que hará que el factor “precio” cobre importancia en la cesta de la compra, cediendo de nuevo el protagonismo a los productos de primera necesidad y menor precio.

En vinos, el cierre del canal horeca y la mayor demanda de productos esenciales en la primera etapa, afectaron de manera importante a las ventas. En una segunda etapa, se produjo un repunte en la compra de vinos en supermercados y grandes superficies, así como en el canal online, aunque no ha sido suficiente para paliar el daño causado por el cierre de la hostelería. Con la entrada en las fases 2 y 3, la categoría se irá recuperando, aunque de forma lenta.

¿Qué aspectos en la relación industria/ distribución han sido claves para mantener la actividad?

En primer lugar y por encima de cualquier otro objetivo, el ser plenamente conscientes y responsables de garantizar a la sociedad española y europea el abastecimiento de alimentos en el marco de una crisis sanitaria mundial.

En este sentido, han sido clave el intercambio de información de manera fluida, para conocer el estado de los mercados y la situación de la producción, así como la confianza entre todos los eslabones de la cadena de suministro.

Otro de los elementos que, a mi juicio, ha jugado un papel esencial, ha sido la comunicación, con un mensaje unificado tanto por parte del sector primario como de la distribución hacia el consumidor, haciéndole saber que no iban a faltar los productos básicos en los hogares. Y, además, demostrando día a día que así era, que estuvieran tranquilos y en casa que nosotros nos ocupábamos de que no faltará producto en los lineales.

¿Cuál es el impacto de esta crisis en las cuentas de la compañía?

Aún es pronto para hacer una valoración. Al inicio de la crisis, con momentos de gran demanda, nuestra obsesión era abastecer al mercado aún a pesar del incremento de los costes de producción derivados de la situación, que no siempre se repercutieron en los precios de venta. Tras los primeros días, fuimos adaptándolos al nuevo escenario, y pasamos a repercutir dichos costes en el precio.

En términos de volumen, podemos decir que, desde el inicio del confinamiento hasta ahora, éste se ha equilibrado y nos encontramos en el marco de una situación normal, entendiendo por normal la finalización de una campaña de cítricos que se ha visto acortada por falta de producto y el inicio de la campaña de fruta de hueso, también con un descenso de volumen significativo. Y, como todos los años por estas fechas, estamos totalmente inmersos en la comercialización de nuestras sandías Bouquet, un producto clave para Anecoop.

Nos preocupa que los gobiernos de otros países promuevan campañas de nacionalismo agrícola que afecten a nuestras exportaciones.

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¿Cómo se presenta la campaña de verano?

Continuamos con nuestra actividad como lo hemos venido haciendo hasta ahora, expectantes y preocupados por el desarrollo de los acontecimientos conforme vaya avanzando la desescalada.

Nos encontramos en plena campaña de fruta de hueso y de sandías y melones, con buenas perspectivas dada la alta demanda de estos productos en toda Europa y, en el caso de las frutas de hueso, con una merma generalizada de la producción que en nuestro caso se sitúa entre un 25 y 30%. Si la climatología acompaña, esperamos tener una temporada óptima en ambas categorías.

¿Cuáles son las expectativas del cierre de año?

Nuestro ejercicio económico finaliza el 30 de septiembre, en menos de cuatro meses. Por tanto, queda por delante la campaña de verano, y nuestros productos de temporada son claves para los resultados del ejercicio.

Si continuamos con el desarrollo comercial actual, sin más sobresaltos, estaríamos hablando de una campaña normal, a pesar de su altísima complejidad y de las muchas dificultades que hemos sufrido.

Recientemente han lanzado la campaña de marketing “Raciones de vida para el campo” ligada a su marca Sandías Bouquet. ¿Cuál es el principal objetivo de esta campaña?

La campaña nace de la necesidad de reivindicar la actividad agraria, de poner en valor al sector agroalimentario. Comenzamos a esbozarla en el último trimestre de 2019, y reforzamos el mensaje a raíz de las protestas multitudinarias de enero y febrero en toda España.

Con el diseño de la campaña ya en marcha, llegó el Covid-19 y la extraordinaria reacción del sector, que se hizo de pronto muy visible a la sociedad como sector “esencial”. Así que el mensaje no ha podido ser más apropiado y adecuado a la situación que estamos viviendo.

El objetivo de “Raciones de vida para el campo” es impulsar el valor estratégico de la agroalimentación, como sector fuerte e independiente, que nos ha demostrado lo importante que es, y no estar en manos de países terceros para alimentarnos, garantizando la supervivencia de las zonas rurales y la agricultura como motor económico.

Desde el punto de vista comercial, en esta campaña hemos reforzado nuestra oferta con las sandías cortadas. Anecoop es pionera, y probablemente líder, en Francia en la venta de sandía cortada a la gran distribución. Hace cuatro años creamos una nueva instalación especializada en el corte de sandía, melones, papaya y calabaza. Hemos trasladado nuestro know-how a España con el fin de ofrecer nuevas posibilidades de venta a la distribución y de compra y consumo a nuestros consumidores.

Nuestro objetivo global para esta campaña es lograr las 150.000 toneladas comercializadas de sandía Bouquet, y subir 1,5 puntos nuestra cuota de exportación hasta alcanzar el 14%, manteniéndonos como el operador líder en la categoría en España y a nuestra sandía Bouquet como la marca de referencia en sandías sin pepitas.

Anecoop presenta además su nueva marca la Sandía Bouquet Premium. ¿Qué está pasando con la innovación estos días de Covid-19? ¿Qué expectativas tienen para este nuevo producto?

La innovación en el sector es más necesaria que nunca. En Anecoop no hemos dejado de trabajar en este ámbito durante la cuarentena. Hemos continuado desarrollando los proyectos en los que estamos inmersos en la actualidad, tanto por iniciativa propia como en colaboración con otros organismos y centros de investigación.

En sandía, en los últimos años hemos estado investigando un conjunto de variedades conforme a las características que demanda el segmento de alta gama: corteza muy fina, color rojo intenso, sabor muy dulce, y, por supuesto, ausencia de semillas, que comercializamos bajo la marca Bouquet Premium.

Esta sandía es el resultado de los trabajos de investigación de nuestro departamento de producción y desarrollo, que actualmente se encuentra testando otras 39 variedades,en nuestros campos de ensayo de Almería y de Museros, en Valencia.

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Abastecer al mercado. Esa ha sido nuestra obsesión a pesar del incremento de los costes de producción y logísticos.

Estos días el tsunami del Covid centra todos los debates, pero mirando hacia adelante, ¿Cuáles son los principales proyectos en los que Anecoop está trabajado para el desarrollo de una actividad agroalimentaria eficiente, competitiva y sostenible?

En el ámbito de la innovación Anecoop está implicada en un conjunto de proyectos que se sustentan en una serie de objetivos comunes orientados a hacer de la agricultura un sector sostenible: potenciar la cooperación como fórmula de competitividad y desarrollo local, fijar la población en las zonas rurales, limitar el abandono de tierras de cultivo, facilitar el relevo generacional, incorporar los avances tecnológicos a la producción o adaptar su producción al cambio climático, son sólo algunos de ellos.

Todo ello con el objetivo de que los agricultores puedan seguir viviendo del campo gracias a sus cultivos, dotando a las jóvenes generaciones de productores de un futuro lo más estable, consolidado y adaptado posible a los nuevos tiempos a través de un presente que luche contra la despoblación del campo.

Desde su punto de vista, ¿cuáles son los aprendizajes claves que nos deja esta crisis?

Siempre he creído, y ahora con mayor motivo, que si un país quiere tener futuro debe tener una sanidad y una educación públicas y potentes para todos sus ciudadanos y, además, debe reflejarse en presupuestos y en inversiones. Lamentablemente, en el caso de la sanidad, la Covid-19 nos ha demostrado que esto no es así, ha habido demasiada improvisación y falta de infraestructuras y medios materiales y humanos. Esta gran deficiencia debe ser un asunto sobre el que actuar de inmediato.

Respecto al sector agroalimentario, quiero resaltar su buen comportamiento, responsabilidad, implicación, profesionalidad y potencia, así como su apoyo logístico, y su buena conexión con las cadenas de distribución.

Habitualmente se habla con cierta admiración del sector tecnológico, que ciertamente ha sido un gran apoyo en esta crisis y, en ocasiones, también se habla con cierta displicencia del sector agrario. Pues bien, ¿qué hubiera pasado si al inicio del confinamiento hubieran faltado los productos agroalimentarios en los lineales? ¿Alguien se lo puede imaginar? Creo que una de las grandes lecciones de esta crisis es el papel relevante y responsable de agricultores y ganaderos. Y honestamente, se merecen un reconocimiento que hasta ahora la sociedad no les ha dado.

De todo lo vivido estos días en el sector, ¿de qué se siente más orgulloso?

Me siento profundamente orgulloso de nuestro sector: agricultores, personal de almacén y servicios, profesionales de suministros y logística, y de las cadenas de distribución, especialmente de los que en los momentos más difíciles estaban en contacto directo con el público. En definitiva, me siento muy orgulloso de nuestros héroes anónimos, de todos los que durante la crisis, a pesar del miedo y las dificultades, se han levantado cada día con el objetivo de alimentar a ciudadanos españoles y europeos. Y también me siento muy orgulloso de la respuesta del personal sanitario, las fuerzas de seguridad y las profesionales que atienden los servicios básicos.

No hay palabras para expresar la gratitud de toda la sociedad a estos colectivos que han estado en primera línea en todo momento.

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