FUENTE:
Sagrario Pérez Castellanos

Presidenta del Comité AECOC de Seguridad Alimentaria y Responsable de Asuntos Científicos y Regulatorios de COCA-COLA

El contexto en el que nos movemos hace más necesario que nunca que el sector de gran consumo ponga en valor la importancia de la seguridad alimentaria, así como las nuevas líneas trabajo en sostenibilidad y salud a largo plazo.

En el año 2000, la Unión Europea publicó su Libro Blanco sobre inocuidad de los alimentos con objeto de empezar a construir una nueva base jurídica para un control adecuado de la producción de alimentos y piensos y de la inocuidad de los alimentos. A lo largo de estos años hemos asistido a una profusión de normativa alimentaria en la Unión Europea que ha hecho de nuestros sistemas de producción de alimentos uno de los más sólidos y coherentes del planeta, sirviendo de referencia para el desarrollo de sistemas similares en otras geografías. Pero ser el mejor no le convierte automáticamente en óptimo y tampoco le habilita a convertirse en algo inamovible. Por ello, sistema de seguridad en Europa debe evolucionar y adaptarse a los nuevos tiempos.

  • RESPONSABILIDAD DE TODOS. Tenemos que incrementar los niveles de seguridad y calidad de los alimentos. También para adaptar la comunicación a los nuevos tiempos y mejorar la formación de la sociedad en materia de alimentación y salud, incrementando la transparencia de la cadena y evitando el alarmismo o la confusión.

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Las implicaciones del Pacto Verde

Recientemente hemos asistido a la presentación del Pacto Verde por parte de la Comisión Europea en el que la producción de alimentos ocupa un lugar importante, a través de la estrategia de ‘la granja a la mesa’ y en la cual se reconoce que los alimentos europeos son famosos por su seguridad y su alta calidad y contenido nutricional, y declara que este debería ser también el estándar global para la sostenibilidad. El Pacto Verde europeo recoge varias líneas estrategias que podrían tener efectos directos en la seguridad alimentaria, especialmente los relativos a una producción primaria, que se pretende sea menos dependiente de sustancias químicas, que promueva la producción ecológica y la reducción en los materiales de envase y embalaje.

La Comisión tiene intención de desarrollar un Código de Conducta Responsable para los operadores de empresas alimentarias en el que se incluirán compromisos de prácticas sostenibles, relacionadas con el envasado, el transporte y logística, la mejora de la composición nutricional, la reducción de la huella medioambiental e incluso compromisos de marketing de alimentos.

El Pacto Verde. Recoge varias líneas estratégicas relativas a la producción primaria –menos sustancias químicas, más producción ecológica y reducción de envases– y a la promoción del consumo responsable, entre otras muchas.

Más sostenibilidad con más seguridad

En materia de envasado y embalado de alimentos es necesario poner énfasis en el valor que los materiales en contacto con alimentos han tenido en la higiene y conservación de la mayoría de los alimentos que se encuentran hoy en día a disposición de los consumidores europeos. Cualquier medida que se adopte debe estar basada en la consideración de estas premisas. El pacto también recoge aspectos relacionados con la promoción del consumo responsable y medidas que favorezcan dietas saludables y sostenibles a través de herramientas de información armonizadas como la nutricional o el origen de los ingredientes o del propio alimento. Incluso se piensa en establecer un único logo europeo que agrupe aspectos nutricionales, medioambientales (huella climática) y aspectos sociales como la producción local, orgánica o bienestar animal.

Combatir el desperdicio alimentario y el fraude forman también parte esencial de las estrategias del Pacto Verde. Así, pretende dar respuesta a las demandas de los consumidores que, por una parte, nos piden que seamos más sostenibles y, a la vez, que seamos capaces de alimentar a una población de 10.000 millones de personas, que seremos dentro de unos años. Y, todo ello, sin dar ni un solo paso atrás en las seguridad. La propia Organización Mundial de la Salud ha destacado que no hay nada más crítico en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODSs) que la seguridad alimentaria. La producción de alimentos, por tanto, debe encontrar el equilibrio necesario para afrontar los nuevos retos que tiene nuestra sociedad en relación a la sostenibilidad ambiental y a la suficiencia en la producción para satisfacer la demanda mundial, sin retroceder en la seguridad de los productos que se ponen a disposición de los consumidores. Lo cierto es que el objetivo primordial debería ser seguir avanzando y afianzar para el futuro, de forma sostenible, en la seguridad alimentaria.

Tándem clave. La evolución de la seguridad alimentaria debe ir de la mano de la ciencia, no del desarrollo de algoritmos.

La colaboración en la comunicación, imprescindible para avanzar

En la consecución de este objetivo el sector no debe ni puede estar solo. Necesita de las administraciones para divulgar los logros y contrarrestar las informaciones negativas. Coincidiremos todos que si algo iguala a todos los consumidores e incide en su percepción de forma transversal son las informaciones que ponen en duda la seguridad de los alimentos (sea a corto plazo, como los casos por listeriosis, sea a largo plazo en relación a contaminantes químicos).

Según el Eurobarómetro de Seguridad Alimentaria de la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria), aproximadamente la mitad de los encuestados cree que los alimentos contienen sustancias nocivas. Este dato nos muestra que existe una clara brecha entre la realidad –que evidencia que nunca hemos tenido mayores estándares de seguridad– y la percepción ciudadana. Por ello, la comunicación debe jugar un papel fundamental en los próximos años para cambiar esta imagen y ganarnos la confianza de los consumidores.

Es responsabilidad de todos –autoridades, empresas alimentarias, centros tecnológicos y universidades, incluso medios de comunicación– trabajar no solo para incrementar los niveles de seguridad y calidad de nuestros alimentos, sino también adaptar la comunicación a los nuevos tiempos y mejorar la formación de nuestra sociedad en materia de alimentación y salud, incrementando la transparencia de la cadena, evitando el alarmismo o la confusión y mejorando la comunicación a la sociedad a través de la educación, la divulgación y la pedagogía. Es necesario trabajar para que la información que se emita sea veraz bajo tres principios: transparencia, tecnología y responsabilidad. Si algún punto de esta cadena falla, el consumidor tiende a percibir que está siendo engañado y eso afecta enormemente a la reputación del sector. Todos somos conscientes de que alertas de seguridad alimentaria como las que se han producido en el último año, aun siendo puntuales y aisladas, son un duro golpe a la credibilidad de todo el sector agroalimentario. Por ello, hoy más que nunca son necesarios mensajes claros y tranquilizadores ante posibles crisis de seguridad para evitar consecuencias indeseadas. Si no hay un liderazgo comunicativo y responsable la iniciativa la toman otros cuyos intereses, a veces, no son muy claros y acaban haciendo mella en la confianza del consumidor.

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  • LAS CONTRADICCIONES. Según el Eurobarómetro de Seguridad Alimentaria de EFSA, aproximadamente la mitad de los encuestados cree que los alimentos contienen sustancias nocivas. Este dato muestra que existe una clara brecha entre la realidad –que evidencia que nunca hemos tenido mayores estándares de seguridad– y la percepción ciudadana. Por ello, para Sagrario Pérez la comunicación debe jugar un papel fundamental en los próximos años para cambiar esta imagen y ganarnos la confianza de los consumidores.

Y siempre, con la ciencia de la mano

El sector alimentario está abierto a los cambios siempre que estos vengan de la mano de evidencias científicas y sirvan para dar mayores garantías. La evolución de la seguridad alimentaria debe ir de la mano de la ciencia, no del desarrollo de algoritmos; es nuestra responsabilidad rebatir informaciones y modelos que puedan llevar al equívoco, porque el consumidor no tiene ni el tiempo ni las ganas de hacerlo.

Tenemos que ser capaces de ganarnos la confianza del consumidor de una forma al menos tan efectiva como lo hacen los divulgadores de falsas informaciones y demostrar que no solo nos preocupa la seguridad alimentaria hoy, en el presente, sino que estamos comprometidos con el futuro. Es nuestra voluntad inequívoca.

NOTA: Extracto de la conferencia que Sagrario Pérez Castellanos ofreció en el 17º Congreso AECOC de Seguridad Almientaria y Calidad.

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SAGRARIO PÉREZ CASTELLANOS
Presidenta del Comité AECOC de Seguridad Alimentaria y Responsable de Asuntos Científicos y Regulatorios de COCA-COLA

Nº 226 – MARZO 2020

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