Pablo Ojeda
Experto en nutrición y divulgador
Nunca habíamos dedicado tanta atención a la alimentación y a cuidarnos, pero comemos menos alimentos frescos que nunca. Para Pablo Ojeda, experto en nutrición y divulgador, esta es una de las grandes paradojas de nuestro tiempo. En un contexto de sobreinformación, productos “mágicos”, dietas exprés y soluciones fáciles, defiende una mirada más humana, útil y realista sobre la alimentación: menos culpa, menos ruido y más criterio para elegir bien. En su opinión, “comer saludable no es restringir, es decidir mejor”.
Pablo Ojeda (Sevilla, 44 años) ha convertido la nutrición en una misión personal y profesional. Tras superar una adicción al juego que derivó también en trastornos alimentarios, encontró en la alimentación una herramienta de reconstrucción que acabaría marcando su futuro como nutricionista. Desde entonces, repite un mensaje tan contundente como íntimo: “La alimentación saludable, y especialmente las frutas y verduras, me salvaron la vida”.
De niño y adolescente fue deportista –compitió en natación– en un entorno familiar donde el ejercicio y la alimentación siempre estuvieron presentes. Su padre, corredor de maratones, le inculcó ambos hábitos. Pero, como él mismo reconoce, también atravesó un “momento oscuro”. Esa experiencia la relata en su tercer libro, Cuando me alimenté del juego, un testimonio con el que busca lanzar un mensaje de esperanza a quienes atraviesan situaciones similares. “Reconocerlo y pedir ayuda es el trampolín para volver a vivir”, resume.
Especialista en obesidad, coaching nutricional y trastornos de la conducta alimentaria, Ojeda es miembro de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad, máster en Coaching Nutricional y en Psiconeuroinmunología Clínica, y cuenta además con certificación ISAK de evaluación de la composición corporal. En pocos años se ha convertido en una de las voces más influyentes de la divulgación nutricional en España gracias a un discurso que combina rigor, cercanía y una visión práctica de los hábitos saludables. Suma una comunidad de más de 400.000 seguidores en redes sociales, colabora habitualmente en radio y televisión, y ayuda a comunicar mejor a empresas y organizaciones de gran consumo, como Lidl, PlusBerries o Acuicultura de España.
Es también autor de Comida, vamos a llevarnos bien, donde reivindica una relación más amable con la alimentación y de El manual de la compra inteligente, centrado en las decisiones cotidianas de compra. Actualmente trabaja en su cuarto libro, dedicado a la alimentación del futuro.
Con motivo de su participación en el Congreso AECOC de Frutas y Hortalizas, conversamos con Pablo sobre la importancia de hablar de la alimentación alejada de los extremismos y basada en la capacidad de tomar buenas decisiones, más que en las prohibiciones, que “ponen más presión a la sociedad”.
Tu historia personal está muy ligada a tu trayectoria profesional. ¿Qué te lleva a dedicarte a la nutrición?
Llegué a la alimentación a raíz de un proceso adictivo que tuve que superar. En ese tiempo de rehabilitación necesitaba ocuparme toda la en algo que me ayudara a reconstruirme, y así entró la que nutrición en mi vida. Siempre digo que las frutas, las verduras y los productos frescos me salvaron la vida. Por eso los defiendo tanto. Pero nunca los vi solo como una fuente de vitaminas o minerales, sino como orden, salud y bienestar. Esa sensación de estar haciendo las cosas bien a través de la alimentación era lo que me ayudaba a dar el siguiente paso.
Cuando has estado más cerca de romperte que de salir adelante, entiendes que solo tienes una vida y un cuerpo. El motor del coche se cambia; el del cuerpo, no. La nutrición es el combustible de calidad que puede darle un beneficio extra a ese motor.
En tu libro Comida, vamos a llevarnos bien intentas trasladar un mensaje de disfrute relacionado con la alimentación, sin obsesiones ni culpas.
El 70% de las personas que hace dieta la abandona hacia la tercera semana, muchas veces por aburrimiento, porque cree que comer bien es vivir a base de arroz blanco y pollo. Y no es así.
A veces, una palmera de chocolate a tiempo puede aportar más beneficios que un filete de pollo. No hablo, obviamente, del plano nutricional, sino del emocional. También hay que alimentar esa parte. Puede ser más útil darte ese margen un día y continuar tu camino de forma estable que vivir en la restricción constante, porque la prohibición aumenta el deseo y muchas veces termina en atracón y culpa. Por eso insisto tanto en hacer las cosas con normalidad y con calma.
La alimentación saludable ha pasado de ser una tendencia a convertirse en una prioridad social.
Es una prioridad, sí, pero veo contradicciones muy llamativas. Ha bajado el consumo de frutas y verduras, de pescado, de legumbres, de proteínas naturales en general… Estamos en una época en la que la gente tiene más intención de cuidarse que nunca y, al mismo tiempo, consume menos alimentos reales que nunca.
Algo no está funcionando. Y creo que estamos fallando, sobre todo, en la forma de comunicar. Si sales a la calle y preguntas para qué sirve una manzana, una pera o una acelga, mucha gente no sabe responderte. Ya no basta con decir que tienen vitamina C. La gente quiere saber qué beneficio tangible le aporta: si le ayuda a sentirse mejor, a envejecer mejor o a tener más energía, por ejemplo. Y el sector no siempre está enfocando el mensaje ahí.
Además, la gente quiere conectar con la historia que hay detrás del producto: con Paco y María recogiendo esa acelga, con el esfuerzo de quienes viven de ello, con el empleo que generan. Hoy la historia conecta mucho más que la ficha técnica. Los mensajes duran cinco segundos: si no interesas enseguida, desapareces.
«Hoy la historia de un producto conecta mucho más que la ficha técnica. Los mensajes duran cinco segundos: si no interesas enseguida, desapareces».
La obesidad y los malos hábitos siguen creciendo. ¿Qué está fallando?
Los datos son preocupantes. Algunas proyecciones apuntan a que en 2030 casi el 80% de los hombres y el 55% de las mujeres en España tendrán sobrepeso u obesidad. La OMS recomienda un máximo de 25 gramos diarios de azúcar libre, y en España estamos consumiendo de media unos 100 gramos. Es decir, cuatro veces más de lo recomendado. Eso tiene consecuencias muy serias. Estamos viendo una juventud cada vez más enferma. Los casos de diabetes tipo 2 en niños han aumentado de forma muy preocupante en las últimas décadas, ¡una barbaridad!
La alimentación ha cambiado mucho y no nos hemos dado cuenta del todo. Seguimos hablando como si viviéramos en el siglo XX, cuando hoy mandan laconveniencia y la rapidez. Ya no tenemos la vida de nuestros abuelos, así que no podemos plantear exactamente el mismo modelo de alimentación. Hay que adaptarlo sin perder el sentido común.
Además, estamos llevando todo a los extremos. Ya no interesa lo razonable o lo intermedio. Todo se polariza: en política, en la sociedad, en la imagen corporal, también en la nutrición. Y los extremos son peligrosos. Hay que volver un poco más a la normalidad.
¿Cuáles son las tendencias que marcan el paso de la alimentación?
Estamos viviendo una explosión de la conveniencia, la proteína, la suplementación o los productos enriquecidos. Parece que de pronto no pudiéramos vivir sin magnesio, sin colágeno o sin omega 3. Pero la pregunta es: ¿sabemos cómo tomarlos, cuándo son útiles y en qué casos realmente compensan?
Te pongo ejemplos muy claros: un plátano ayuda a reducir el colesterol, los boquerones son muy ricos en omega 3 para mejorar la función cardíaca y el desarrollo cognitivo y la zanahoria fortalece el sistema inmune y la visión. Siempre digo que es mejor buscar ciertos nutrientes en su fuente primaria, que además suele ser más biodisponible. El cuerpo entiende mejor ese nutriente y, por tanto, lo absorbe mejor.
Por su parte, los productos enriquecidos son fundamentales para las personas mayores, niños con carencias, pacientes con determinadas patologías…
¿Se atreve a predecir qué comeremos en 2050?
Vienen tendencias muy potentes que quizá han quedado algo tapadas por la incertidumbre geopolítica, pero en las que se sigue invirtiendo mucho: insectos, carne cultivada y proteína vegetal. Todo eso va a avanzar de la mano de la tecnología.
Además, conceptos como sostenibilidad, proximidad y bienestar animal van a ganar todavía más peso. Una empresa que no los incorpore corre el riesgo de quedarse rezagada.
LAS FRASES
“Mi manera de entender la alimentación es humana y amable: en ella cabe un capricho o un momento de ocio, siempre que entendamos que son excepciones”.
“Seguimos hablando de comer como nuestros abuelos, pero no tenemos su misma vida, por lo que no podemos plantear exactamente el mismo modelo de alimentación. Hay que adaptarlo sin perder el sentido común”.
“Todo se polariza: en política, en la sociedad, en la imagen corporal, también en la nutrición. Ya no interesa lo razonable o lo intermedio. Y hay que volver un poco más a la normalidad”.
“Movemos nutrientes de un sitio a otro cuando sería más interesante buscarlos en su fuente primaria, que además suele ser más biodisponible. El cuerpo entiende mejor ese nutriente y, por tanto, lo absorbe mejor’”.



