Charo Toribio
C84 – Nº 238- JUNIO 2021

Aumentar la disponibilidad global de frutas y hortalizas, mejorar la eficiencia de la cadena de valor y reducir el desperdicio alimentario están entre los principales desafíos a los que se enfrenta, a escala mundial, el sector hortofrutícola. Rosa Rolle, Oficial superior de desarrollo empresarial de la FAO, repasa estos desafíos y las principales estrategias para superarlos, en el Año Internacional de las Frutas y Verduras designado por la ONU en este 2021.

1624881207151 (Foto: ©FAO/Alessandra Benedetti)

 

Rosa Rolle
Oficial superior de desarrollo empresarial, FAO

Charo Toribio: La FAO ha establecido el Comité Directivo Internacional para liderar el Año Internacional de las Frutas y Verduras designado por la ONU en este 2021. ¿Qué líneas de trabajo y actividades han definido con motivo de esta conmemoración?

Rosa Rolle: Las frutas y verduras son una fuente esencial de vitaminas, minerales y fibra. Sin embargo, su disponibilidad en todo el mundo en 2017, en promedio, ya estaba por debajo de la ingesta diaria recomendada de 400 gr al día, quedándose en 390 gr/cápita/día (FAO, 2020). Si ni siquiera estamos logrando que las frutas y verduras estén lo suficientemente disponibles, no podemos aspirar a que todo el mundo alcance sus objetivos de dieta saludable.

Para incrementar la disponibilidad de frutas y hortalizas, desde la FAO hacemos hincapié en el apoyo a los pequeños agricultores y a los productores familiares, que son protagonistas clave en el sector a escala global, para aumentar su productividad haciendo frente a los desafíos en la producción, incluida la calidad de las semillas, la optimización de los sistemas de riego y el control de plagas y enfermedades.

Otro imperativo esencial pasa por optimizar las cadenas de suministro para prevenir y reducir las pérdidas y el desperdicio, garantizar la calidad y hacer frente a los riesgos químicos y microbiológicos de las frutas y hortalizas para garantizar su seguridad alimentaria.

La innovación, incluida la aplicación de tecnologías digitales, los sistemas de trazabilidad y las soluciones de energía renovable, así como mecanismos que faciliten la colaboración público-privada y la capacitación necesaria para escalar las mejores prácticas también son aspectos fundamentales para acelerar el cambio en el sector.

Por otro lado, las campañas de educación y sensibilización de los consumidores sobre los beneficios saludables del consumo de frutas y verduras y sobre la amplia variedad de opciones y sabores disponibles tienen como objetivo fomentar el aumento de su ingesta.

Y otro factor fundamental son las políticas favorables para el sector, basadas en datos, colaboraciones y en el desarrollo de la capacidad para aumentar una producción sostenible y fomentar el consumo de frutas y hortalizas seguras y de calidad.

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El cambio climático exigirá más atención a la gestión de la temperatura de frutas y hortalizas e inversiones en refrigeración.

¿Cuáles son los mayores desafíos a los que se enfrenta el sector hortofrutícola desde la perspectiva de la cadena de valor?

La pandemia ha puesto de relieve la vulnerabilidad de las cadenas de suministro de alimentos y ha impactado considerablemente al sector hortofrutícola. El cierre y la lenta e incierta recuperación del foodservice y la hostelería han obligado a los productores a diversificar sus canales de venta, así como a acelerar la venta directa al consumidor. Por tanto, ha sido necesario identificar y conocer nuevos mercados en un corto intervalo de tiempo. Y todo ello en un momento en el que la producción se ha mantenido relativamente constante mientras que la demanda global ha disminuido.

Con el actual incremento de precios en frutas y hortalizas frescas que se ha dado en países de todo el mundo, y la disminución del poder adquisitivo de los consumidores que han perdido sus puestos de trabajo, es probable que a corto plazo aumente el consumo de alternativas de menor coste, como las frutas y verduras enlatadas o congeladas. Además, la gestión de los altos niveles de pérdida y desperdicio en las cadenas de suministro de fruta fresca y satisfacer las exigencias de los consumidores en cuanto a una trazabilidad verificada seguirán siendo cuestiones prioritarias que deberán abordarse a medio plazo.

Por último, el cambio climático ya está afectando a la producción de frutas y hortalizas, provocando reducciones de cosechas y, en algunos casos, importantes pérdidas por plagas. El calentamiento global exigirá una mayor atención a la gestión de la temperatura de las frutas y hortalizas a lo largo de toda la cadena de valor, así como inversiones en sistemas de refrigeración.

Reducir el desperdicio. Las mejoras en el almacenamiento en frío y el envasado junto con una logística eficiente son vitales.

Para responder a estos desafíos, ¿qué buenas prácticas destacaría a escala internacional?

  • Políticas diseñadas para minimizar riesgos en mercados locales. Países de todo el mundo han tratado de desarrollar sistemas de distribución de frutas y verduras más diversos y resilientes, incluyendo cadenas de suministro más cortas y mercados territoriales.
    En algunos casos, los gobiernos, como el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, han comprado frutas y verduras frescas y las han puesto a disposición de los bancos de alimentos.
  • Venta directa online. La comercialización directa al consumidor de productos frescos a través de plataformas digitales operadas por diferentes entidades –públicas y/o privadas– ha crecido a escala mundial y es probable que continúe creciendo. Este tipo de plataformas van desde el uso de redes sociales en Zimbawe, hasta plataformas online público–privadas en Chile y la venta directa de los productores a cientos de millones de consumidores en China. Los pequeños agricultores de toda la UE también han comenzado a utilizar tecnologías digitales para vender directamente sus productos.
  • Acciones para mejorar la sostenibilidad. Mejorar la sostenibilidad en las cadenas de suministro de frutas y hortalizas requiere abordar los altos niveles de desperdicio de alimentos en el sector agrícola. Esto implica una serie de acciones, como por ejemplo:
    • Mejorar los sistemas de almacenamiento y logística de las frutas y hortalizas frescas, para mantener estos productos en condiciones óptimas más tiempo.
    • Aplicar opciones de envasado sostenibles en toda la cadena de valor, incluyendo envases reutilizables para la venta a granel, la reducción del peso de los envases y el uso de recubrimientos comestibles.
    • Aumentar la disponibilidad de las llamadas “frutas y verduras de mal aspecto” en la venta al por menor, ofreciendo a los consumidores la oportunidad de comprarlas. En este sentido, también es necesario educar a los consumidores para que cambien sus hábitos de compra y consumo respecto a estas frutas y verduras.
  • Mejorar la trazabilidad. Por ejemplo, aplicando tecnologías inteligentes de embalaje, donde sea posible, que faciliten el seguimiento y la trazabilidad en tiempo real de los productos frescos a medida que avanzan por la cadena de suministro.
  • Opciones sostenibles de almacenamiento en frío para países tropicales. Las que utilizan energía solar para alimentar sus sistemas de refrigeración, ofrecen a los agricultores y operadores de los países africanos una opción de refrigeración sostenible. Estas opciones son muy prometedoras para mitigar los efectos del cambio climático en la manipulación posterior a la cosecha en regiones tropicales.

Aunque estas iniciativas son muy interesantes e importantes, no deben considerarse como soluciones milagrosas, dado que las características regionales y específicas de la cadena de valor, como su nivel de organización y coordinación, pueden aumentar de forma significativa algunos de los desafíos identificados.

El desperdicio alimentario es uno de estos grandes desafíos. ¿Cuáles son las causas principales de este desperdicio y qué prácticas son más necesarias para evitarlo?

Según el informe de la FAO ‘El estado de la alimentación y la agricultura 2019’, se estima que el 21,6% de las frutas y hortalizas se pierden en la cadena de suministro entre la cosecha y el mercado mayorista. Las causas de esta pérdida y desperdicio de alimentos difieren ampliamente a lo largo de la cadena de suministro. Entre las causas más importantes en las explotaciones agrícolas figuran el tiempo inadecuado de cosecha, las condiciones climáticas, las prácticas aplicadas en la cosecha y en la manipulación, y problemas vinculados con la comercialización.

Por otro lado, durante el transporte encontramos niveles significativos de pérdidas y desperdicio como resultado de condiciones inadecuadas de envasado, refrigeración y almacenamiento en frío o incumplimiento de los requisitos de seguridad alimentaria y calidad del mercado. Por tanto, las mejoras en el almacenamiento en frío y el envasado junto con una logística eficiente son vitales para prevenir y reducir el desperdicio de frutas y hortalizas.

Por último, la reducción del desperdicio de alimentos que tiene lugar en el extremo inferior de la cadena de suministro –en el comercio al por menor, foodservice y a nivel del consumidor– requiere que se preste atención a aspectos como la flexibilización de los estrictos estándares estéticos para valorar la calidad de frutas y verduras, a que se destinen incentivos a la donación de excedentes de frutas y verduras a bancos de alimentos y organizaciones benéficas, así como las campañas de concienciación del consumidor para que mejore sus hábitos en torno a la manipulación, almacenamiento y preparación de las frutas y verduras que compra.

EJES PRIORITARIOS

  • Apoyo a pequeños agricultores, protagonistas clave en el mercado global de frutas y hortalizas.
  • Optimizar las cadenas de suministro para prevenir y reducir pérdidas y desperdicio.
  • Innovación, incluyendo técnicas digitales, sistemas de trazabilidad y energía renovable.
  • Campañas de educación y sensibilización del consumidor sobre los beneficios de frutas y hortalizas.
  • Políticas favorables basadas en colaboración y el aumento de la capacidad productiva.

 
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