Bosco Emparanza
Cofundador de MOA Foodtech
Reducir la sal sin sacrificar sabor. Eliminar alérgenos. Añadir proteínas funcionales a los productos. Estas son algunas de las posibilidades que propone MOA Foodtech, una startup que combina biotecnología e IA para revalorizar subproductos agroalimentarios y convertirlos en ingredientes funcionales de alto valor a través de fermentación. Nos lo cuenta Bosco Emparanza, biotecnólogo que hace 5 años fundó la empresa decidido a reinventar la fermentación –una tecnología milenaria– a través de su digitalización.
Bosco Emparanza es licenciado en Bioquímica y máster en Biotecnología y Gestión de Empresas Biotech. Ha desarrollado su carrera profesional en empresas del sector tanto en España como en Chile y es cofundador y CEO de Biotech Service, una plataforma que conecta a investigadores con servicios y experimentos científicos externalizables. Tras su paso por AINIA, a los 27 años y en plena pandemia, fundó junto a Susana Sánchez y José María Elorza MOA Foodtech, empresa de la que actualmente es CEO.
La idea surge en plena pandemia. ¿Qué observó en ese momento?
Durante la cuarentena empecé a analizar el potencial de combinar fermentación con inteligencia artificial para revalorizar subproductos agroalimentarios. Veía dos cosas: una enorme cantidad de materia prima infrautilizada y, al mismo tiempo, una industria muy dependiente de materias primas volátiles. Cuando contrasté la hipótesis y encontré a los socios adecuados, entendimos que no era solo un proyecto de ingredientes, sino una plataforma tecnológica.
¿Qué plantea exactamente esta plataforma?
Combinar biotecnología e IA para transformar subproductos en ingredientes funcionales de alto valor a través de fermentación. No es simplemente producir un ingrediente nuevo, sino diseñar procesos biotecnológicos optimizados desde el inicio.
Tenemos dos verticales: desarrollamos y vendemos ingredientes propios, y colaboramos con la industria para que revalorice sus propios subproductos. El núcleo siempre es tecnológico. Lo que hacemos es industrializar la fermentación con herramientas de IA para hacerla más eficiente y escalable.
Trabajamos con más de 200 subproductos de la industria agroalimentaria y más de 300 microorganismos. Cada levadura tiene miles de reacciones metabólicas. La IA nos permite cruzar todas esas variables y diseñar el proceso óptimo: qué microorganismo usar, cómo formular el medio de cultivo, qué condiciones aplicar y qué resultado queremos obtener.
Afirma que la IA en la fermentación aporta velocidad y eficiencia.
Al principio tardábamos dos semanas en desarrollar un bioproceso. Ahora podemos simular 300 bioprocesos por hora. Eso nos permite no solo optimizar rendimiento, sino también prever costes energéticos y viabilidad industrial.
Los egipcios ya utilizaban la fermentación; es la tecnología alimentaria más antigua del mundo. Lo que cambia ahora es la capacidad de diseñarla con precisión industrial.
“Hay una enorme cantidad de materia prima infrautilizada y, al mismo tiempo, una industria muy dependiente de materias primas volátiles. Nosotros utilizamos biotecnología para convertir subproductos en materias primas estratégicas".
Hablas de fermentación como pilar de futuro. ¿Por qué?
Porque puede convertirse en una capa tecnológica estructural de la industria agroalimentaria. La fermentación puede transformar la forma en que diseñamos ingredientes. No se trata solo de lanzar un producto, sino de cambiar cómo entendemos la producción: aprovechar lo que ya existe, diseñar procesos con precisión y reducir dependencia externa.
¿Qué barreras encuentran?
Principalmente de comprensión del concepto. Al principio la industria no entendía bien el modelo. Ahora, cuando grandes compañías globales están invirtiendo en fermentación e inteligencia artificial, el discurso cambia. La tecnología deja de parecer experimental y empieza a verse como estratégica
¿Dónde están viendo mayor adopción?
En el norte de Europa, especialmente Alemania, Holanda y Suiza; y en Asia, concretamente China y Japón. También en sectores como pet food. Y en España vemos cada vez más apertura; la industria está siendo más receptiva a la innovación.
A diez años vista, ¿cómo imagina la industria alimentaria?
Creo que la fermentación va a ser uno de los pilares. Ayudamos a la transición hacia una industria más eficiente, más autónoma y con mayor valor añadido. No es solo una cuestión de ingredientes. Es una cuestión de cómo producimos y cómo aprovechamos lo que ya tenemos.



