Desde la Revolución Industrial, iniciada en la segunda mitad del siglo XVIII, el funcionamiento de la economía mundial se ha establecido en un sistema lineal. Un sistema consistente en la extracción de materia prima para, después de ser transformada dentro de la cadena de producción, ser consumida y finalmente convertida en residuos. Este sistema implica la necesidad de un flujo constante de materias primas para su transformación en productos, bienes y servicios.

garbage Este sistema de extracción, producción, consumo y eliminación, lleva consigo una serie de problemáticas con implicaciones directas sobre el medio ambiente. Los más inmediatos son la generación de episodios de contaminación o la acumulación de los residuos sin que estos sean aprovechados. Pero también existen otros a largo plazo, por ejemplo, la explotación de recursos renovables por encima de la tasa de renovación. Esto comporta la deforestación, destrucción y fragmentación de los hábitats de numerosas especies animales y vegetales y, como resultado, la pérdida de biodiversidad. Por otro lado, el consumo intensivo de recursos no renovables provoca su agotamiento y conduce a la búsqueda de recursos alternativos que generan nuevos impactos ambientales asociados a su explotación.

Este funcionamiento clásico de la economía está llegando, enfrentado a las grandes problemáticas del mundo contemporáneo, a niveles de saturación. Una población mundial en constante crecimiento, la limitada capacidad de los recursos naturales o el elevado desperdicio de recursos urgen un cambio de paradigma en el funcionamiento de la economía mundial. De este modo, deben buscarse soluciones y vías alternativas que pongan el foco en la sostenibilidad.

Además, a día de hoy los consumidores están cada vez más concienciados y más informados, por lo que son más responsables en sus decisiones de compra. El consumidor actual demanda más transparencia sobre el ciclo de vida del producto, más productos sostenibles y más proactividad por parte de empresas y gobiernos para generar un impacto positivo en el medio ambiente.

La economía circular

El concepto de economía circular aparece por primera vez en los años ’70. Aunque en la década anterior, diversos economistas ya habían planteado la opción de migrar de un sistema económico abierto, con la entrada ilimitada de recursos y la igual ilimitada salida de residuos, a uno de cerrado, en el que recursos y residuos formaran parte del sistema el mayor tiempo posible. A partir de entonces, la idea de un sistema económico cerrado ha ido ganando el apoyo de economistas, políticos y actores sociales. Y es que, tal como establece la Fundación Ellen MacArthur, la economía circular es la intersección de los aspectos ambientales y sociales.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente explica en su sexto Informe de Perspectivas del Medio Ambiente Mundial (GEO-6) que la circularidad se basa en:

  • Consumir responsablemente
  • Reducir los desperdicios durante la producción
  • Garantizar la recuperación de recursos
  • Usar materiales sostenibles
  • Preservar las materias primas
  • Cuidar la salud del planeta
  • Desacoplar el crecimiento económico del uso de recursos
  • Asegurar que los recursos mantengan el mayor valor durante el mayor tiempo posible

Por ello, ve necesario optar por alinear el funcionamiento de la economía con los conceptos de recuperar, reciclar, reparar, renovar, reducir, reutilizar o rediseñar, entre otros. En una línea similar, la Fundación Ellen MacArthur establece tres principios básicos de la economía circular. Cada uno de estos principios aborda varios de los retos en términos de recursos y del sistema a los que han de hacer frente las economías industriales.

Los tres principios de la economía circular según la Fundación Ellen MacArthur:

  1. Preservar y mejorar el capital natural, controlando existencias finitas y equilibrando los flujos de recursos renovables. Es decir, diseñar pensando en el futuro uso del producto, eliminando el desperdicio y utilizando materiales renovables.
  2. Optimizar el uso de los recursos, manteniendo los productos y materiales en uso. Esto se consigue a partir de la reutilización de productos y componentes y el reciclaje de los materiales.
  3. Fomentar la eficacia del sistema, gestionando el uso del terreno, la contaminación atmosférica, de las aguas y acústica, la emisión de sustancias tóxicas y el cambio climático. Con ello se busca, no solo limitar el impacto en el medio ambiente, si no también regenerar los sistemas naturales.

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Economía circular y legislación

La economía circular es un concepto que ha entrado con fuerza en los planteamientos legislativos de diversos países. Sin ir más lejos, la Unión Europea ha establecido un “Plan de Acción para la Economía Circular” que plantea diversas acciones enmarcadas en un sistema económico cerrado. Por ejemplo, la regulación europea busca fomentar procesos de diseño y producción circulares que permitan garantizar la reutilización y la facilidad de la reparación de los productos. También inciden en la conversión de los desechos en recursos a partir de la modernización de los sistemas de gestión de residuos o la extracción de materiales esenciales al fin de la vida útil de los productos.

En España existe también un proyecto pendiente de aprobación en el que se proponen diversas medidas enfocadas a implementar un modelo de desarrollo y crecimiento que permita optimizar la utilización de los recursos, materias y productos disponibles. En el proyecto España Circular 2030, La Estrategia Española de Economía Circular, se plantea la necesaria implicación y coordinación entre las Administraciones, las empresas y el conjunto de la sociedad para transformar una economía lineal en una economía circular.

Algunas de las medidas que se proponen son:

  • Producción y diseño: prolongar la vida útil de aparatos eléctricos y electrónicos, fomentar etiquetas ecológicas, potenciar la transformación digital y fomentar las EMAS (Reglamento Comunitario de Ecogestión y Ecoauditoría).
  • Consumo: establecer criterios sostenibles en la contratación pública y subvenciones, promover el consumo responsable y apoyar producción ecológica.
  • Gestión de residuos: revisar la regulación de residuos según la CE.
  • Mercado de materias primas secundarias: fomentar el uso de subproductos y definir criterios para el fin del residuo.
  • Reutilización del agua: facilitar la reutilización aguas residuales.
  • Investigación, innovación y competitividad: fomentar el uso de las TIC y la colaboración público-privada.
  • Participación y sensibilización: sensibilizar a la ciudadanía y promocionar el turismo sostenible.
  • Empleo y formación: estudio sobre los nuevos empleos generados.

En el mismo documento se destacan también distintos beneficios de esta transición, más allá de las medioambientales. Y es que la economía circular aparece también como una fuente de oportunidades a nivel social y empresarial. El desarrollo y la aplicación de conocimientos y la necesidad de adoptar innovaciones, no sólo tecnológicas si no también organizativas y sociales, permitirán el surgimiento de nuevas líneas de negocio y servicios, y contribuirán a la competitividad de las empresas y a la creación de nuevas cadenas de valor, que conllevarán el surgimiento de nuevos puestos de empleo. Con todo, la economía circular se presenta como una oportunidad de mejorar el mundo en el que vivimos a nivel medioambiental, económico y social.

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