FUENTE:
Ana Martínez Moneo

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Carlos Olave. Director global de Recursos Humanos de LG Electronics

Corea del Sur. 48,5 millones de habitantes. Casi 100.000 km2 de extensión (equivalente a Andalucía) y sólo el 18% de la superficie es cultivable. 25 millones de habitantes se concentran sólo en Seúl, con una de las densidades de población más altas del planeta (en torno a 17.000 personas/km2). Es uno de los países de la OCDE que presenta mayores tasas de crecimiento (2,7% en 2018). Sin embargo, registró el menor crecimiento en 6 años.

Con apenas 30 años de democracia, hoy Corea del Sur se ha convertido en la décimo primera economía mundial, con un PIB que superó los 1.500 millones de dólares. ¿Y qué tiene de diferente y especial este país oriental? Carlos Olave, director global de Recursos Humanos de LG Electronics, nos adentra en este “oasis” y nos desgrana las dos claves del llamado “milagro asiático”: la tecnología y la educación.

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Carlos Olave (madrileño, 44 años) entró en el mundo de los recursos humanos por casualidad. Y encontró su vocación. Licenciado en Derecho y diplomado en Empresariales por Icade, empezó su trayectoria profesional en Arbora y Ausonia (compañía de P&G y Agrolimen) como manager de Desarrollo Organizativo. No era su ámbito, pero enseguida se dio cuenta de que era el camino que quería seguir. En 2009 se incorpora a LG Electronics como director de RRHH en España y Portugal. Posteriormente fue nombrado director general de Recursos Corporativos abarcando las áreas de Recursos Humanos, IT y Sistemas, Mejora de Procesos y Compras. Desde este puesto se fue involucrando en proyectos internacionales puntuales, lo que le llevó a vivir en Suecia durante 6 meses. Una “increíble” experiencia que le “abrió la curiosidad y el gusanillo” por vivir en otro país.

Con todo este bagaje, en 2015 es nombrado director de Recursos Humanos en Europa, formando parte del equipo global de Dirección de Recursos Humanos en Corea. Y tuvo que trasladarse a Frankfurt (Alemania), donde está la central europea de LG, aunque fue una “mudanza a medias”, ya que su mujer Mónica trabajaba en Madrid.

CON DESTINO A SEÚL

Su conocimiento sobre la compañía y su formación le valieron una promoción “difícil de rechazar”. En diciembre de 2017 le nombran director global de Recursos Humanos, con rango de vicepresidente, y basado en Seúl (Corea). Asume así la máxima responsabilidad del área a nivel corporativo y el liderazgo de un equipo de más de 600 personas encargadas de dar soporte a 124 subsidiarias, fábricas y centros de I+D en 80 países y que, en última instancia, gestiona el día a día de más de 40.000 empleados. Un nombramiento que supone el mayor nivel ejecutivo de un español con responsabilidad global dentro de la estructura de la compañía.

El directivo reconoce que nunca se planteó ir a Corea. “No por nada en concreto -dice-, sino simplemente por la distancia (más mental que física)”. Su interés estaba dirigido más a Estados Unidos u Oriente Medio. Pero ante una oportunidad así no se podía resistir. No se lo pensó y su mujer lo apoyó de forma incondicional. Dejó su trabajo y decidió acompañar a Carlos en esta “aven- tura única” por tierras coreanas.

“Los coreanos son muy consumistas. El consumo privado creció a su máximo en 7 años (un 2,8%), pero su endeudamiento puede suponer un problema en el futuro”.

SEÚL, VIVIR EN UNA SMART CITY

Carlos Olave llega a Seúl en diciembre de 2017. Inevitablemente le sorprenden sus magnitudes: 10 millones de habitantes (sólo en la ciudad), pero 24,5 millones en todo el área metropolitana. Unas cifras que la convierten en la 5ª ciudad más poblada del mundo, por detrás de Tokio, Yakarta, Delhi y Manila, con una densidad de población de casi 17.000 habitantes/km2.

Pero, sin duda, lo que más le impresionó, e impresiona actualmente, es el nivel de digitalización del país. “Todo, absolutamente todo está digitalizado”, subraya. Desde la red de transportes o la seguridad en las calles hasta las casas, totalmente domotizadas -sin llaves, sin mandos de garajes, con ascensores inteligentes, etc.- pasando por los pagos, que se realizan a través de tarjeta o del móvil. “Nunca llevo dinero en efectivo y todo se maneja a través de una pantalla”, explica el directivo. Seúl se ha convertido en la ciudad con mayor desarrollo tecnológico.

“Vivir en Seúl es fácil. Es una ciudad muy moderna y segura”, dice el directivo. Por ejemplo, el transporte público funciona a la perfección, las tiendas están abiertas 24 horas, el envío a domicilio tiene un servicio excelente… Hay aplicaciones que indican cuál es la ruta más corta, cuánto tiempo queda para que llegue el tren y hasta qué a vagón tienes que subir para salir enfrente de la escalera para hacer trasbordo.

Para Carlos el idioma es el mayor problema que tienen los extranjeros fuera del trabajo (donde el inglés es la lengua oficial). Por ello, Carlos y Mónica van juntos a clases de coreano, aunque reconoce que lo que están aprendiendo es un “coreano de supervivencia” que les permite comprar o ir a un restaurante. En su opinión, avanzar más es casi imposible. Que hay que dedicarle mucho tiempo.

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71 compañías, 118 países, 200.000 empleados, 142.000 millones de dólares de facturación -el 60% de los ingresos proceden de la división Electronics-, +10,9% LG es el 50 mayor inversor del mundo en I+D, destinando 3.000 millones de euros. En 2018 inauguró el LG Science Park, un complejo empresarial de más de 20 edificios donde trabajan 25.000 empleados sólo dedicados a I+D.

COREA DEL SUR EN CIFRAS

  • 48,5 millones de habitantes.
  • PIB: 1.572 millones de dólares (+2,7%).
  • PIB per cápita: En torno a los 30.000 dólares.
  • Endeudamiento: 40% del PIB.
  • Inflación: 1,5%.
  • Tasa de paro: 3,4%.
  • Peso PIB por sectores: Servicios (60%) y manufacturas (31%) son los principales . La agricultura representa sólo el 3%.

Fuente: Icex y Banco Mundial

UNA CULTURA ENTRE LA TRADICIÓN Y LA MODERNIDAD

“A los coreanos se les llama los latinos de Asia. Son abiertos, extrovertidos, familiares… un carácter muy parecido al nuestro”, comenta Carlos Olave. Y este carácter ayuda mucho a integrase. Dice que están muy orgullosos de su país y de lo que han conseguido por méritos propios. Que son honrados y que valoran mucho la lealtad personal y laboral. De hecho, suelen trabajar en la misma empresa toda la vida, aunque esto -a su juicio- está cambiando con los millennials, que ahora buscan cambios que les motiven. Comenta que es una sociedad colectivista, lo que lleva a la homogeneidad y pérdida de diversidad. Son amables y quieren agradar, pero les falta experiencia en tratar al ‘diferente’.

Al igual que los españoles, les gusta la vida social, pero entre semana, después de trabajar. Los fines de semana los dedican a la familia y a su círculo más cercano. En su opinión, “separan lo que es el trabajo de lo personal. Por ejemplo, nadie me ha invitado un fin de semana a su casa”. Cuenta que su vida social se mueve entre los poquísimos españoles que hay (alrededor de 300 en todo Corea, según la Embajada de España, y principalmente profesores de español y estudiantes universitarios) y expatriados como ellos, algunos con parejas españolas.

En Corea la jerarquía y la edad son muy importantes y eso se nota en el lenguaje. Utilizan diferentes palabras y formas de hablar en función de a quién se dirigen: un jefe, un amigo, los padres o los abuelos, y no es sólo un tema de jergas o expresiones.

Más curiosidades que han sorprendido a Carlos: en el trabajo todo el mundo sabe la edad de cada uno, porque cuanto más mayor eres más te respetan.

Y son muy consumistas, cuidan mucho su aspecto físico y no les da reparo reconocerlo. “Hay un culto a la belleza y a la estética que es bastante llamativo”. Por ejemplo, cuenta que el negocio de la cirugía estética está en auge y mueve mucho dinero. La cosmética coreana está cada vez más de moda, incluso en Europa.

“Los chaebols son los grandes conglomerados industriales. LG es uno de ellos. Hoy son los grandes protagonistas de la estructura productiva del país y todo el mundo aspira a trabajar en estas compañías”.

LA ECONOMÍA, COMO EL ‘AVE FÉNIX’

Así ha sido la historia de Corea del Sur. En 60 años ha pasado de ser uno de los países más pobres y con mayor tasa de analfabetismo del mundo a convertirse en la décimo primera economía mundial. ¿Y cómo lo ha conseguido? Carlos Olave explica que los dos pilares de este “milagro” han sido su apuesta firme por la industria y su sistema educativo.

Y con esas premisas invariables han llegado hasta hoy. Con una economía fuerte. En 2018 el PIB superó los 1.500 millones de dólares. No obstante, parece que la economía surcoreana se está resintiendo. El año pasado registró su menor crecimiento en 6 años (2,7% frente al 3,1% de 2017), según datos del Banco de Corea (BoK). Aun así presenta una de las mayores tasas de crecimiento de los países de la OCDE. La inversión ha sido la principal causa de la contracción, pero el consumo privado y el gasto público crecieron a su máximo en 7 años (+2,8% y +5,6%, respectivamente). Algo que para Olave puede suponer serios problemas en el futuro, porque el consumo es muy alto y el endeudamiento privado puede crecer exponencialmente.

INDUSTRIA Y TECNOLOGÍA, BINOMIO GANADOR

La industria es el principal motor de la economía de Corea del Sur (representa más del 30% del PIB y el 24% de la población activa). Remontándonos 60 años atrás, si hay una figura que simboliza el poder de superación y la capacidad de “resurgir de las cenizas” es la de los chaebols, los grandes conglomerados industriales, que a día de hoy siguen en manos de las familias fundadoras: LG, Samsung o Hyundai son los principales. Hoy son los grandes protagonistas de la estructura productiva del país. Según datos del Icex, sus activos equivalen a más del 60% del PIB y son los que emplean el mejor capital humano. El porcentaje de la inversión en I+D concentrada en estas 3 empresas en el sector de la electrónica supera el 90%.

“Todo el mundo aspira a trabajar en estas compañías y se sienten orgullosos”, dice Carlos. Emplean a tanta gente que han sido claves para sustentar a la economía y para que la pasada crisis económica no impactase tanto. No obstante, comenta que hay mucho contraste entre este tipo de compañías y el resto del tejido empresarial surcoreano, formado por pequeñas y medianas empresas, por lo que el Gobierno está intentando regular el mercado laboral para ir igualando las condiciones. Por ejemplo, está potenciando el crecimiento del salario mínimo o el recorte de la jornada laboral -ahora se ha limitado a 40 horas semanales y 12 horas extras como máximo-. Algo que -tal y como explica el directivo- ha supuesto “un gran cambio cultural” en muchas empresas pequeñas donde se trabajaba muchas horas con salarios bajos.

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