FUENTE:
Emilio Cáceres
11/06/2018
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Tim Harford
Economista

Tim Harford no es un economista al uso. Presentador de un programa de radio, columnista senior del Financial Times y autor de varios libros muy aclamados –como “El Economista Camuflado”, que le catapultó a la fama en 2010–, sabe perfectamente cómo abordar la economía lejos de teorías y de números.

En su último libro “50 innovaciones que han cambiado el mundo”, el británico demuestra que vincular una idea económica a un invento específico, un periodo histórico o una persona concreta hace que dicha idea cobre vida y se perciba mucho más real. Hablamos con Tim Harford sobre las claves de este libro, las estrategias para innovar y los retos que tienen por delante las empresas para sacarle el máximo partido a su potencial innovador.


Emilio Cáceres: ¿Qué es para usted innovación?

Tim Harford: Cuando pensamos en innovación, solemos centramos en la tecnología más sofisticada y compleja, en teléfonos inteligentes y en ordenadores. A veces creemos que podemos solucionar los problemas del mundo con una ‘app’. Pero en realidad la innovación puede ser cualquier cosa, desde otro tipo de alimento o de ropa hasta un nuevo sistema de transporte u otra forma de generar energía. En general, la innovación que importa es bastante simple. Por ejemplo, se suele hablar de la importancia de la imprenta que, si bien es ingeniosa, no funciona a menos que tengas una superficie sobre la que escribir. Dicha superficie es el papel, y a menudo se pasa por alto. Otros ejemplos serían el alambre de púas, la estantería Billy de Ikea y el contenedor de mercancías. Son ideas simples, pero han cambiado el mundo tanto como el desarrollo de la electricidad o del ordenador.


¿Cuáles son las tres innovaciones más importantes de su libro “50 innovaciones que han cambiado el mundo”?

  • 1. El arado. Para mí es la más importante, porque abrió un montón de posibilidades. Permitió la civilización, dando paso a los especialistas, artesanos, gente de negocios, jerarquías, guerreros, ejércitos… El arado hizo todo lo demás posible.
  • 2. La electricidad. Lo interesante respecto a ella es analizar el tiempo que nos llevó materializar la idea del motor eléctrico y hacer que realmente funcionase en un contexto económico. Tiene un paralelismo interesante con la situación que vivimos hoy: tenemos tecnología, pero a veces no sabemos cómo organizarnos alrededor de ella.
  • 3. La informática, aunque todavía tenemos que descubrir cuál será su impacto. No se menciona directamente en el libro, pero está representada por el compilador, porque desarrolló una forma en la que los humanos pueden comunicarse con las máquinas de una forma accesible e hizo que programar fuera más fácil.


¿Los inventores tienen algo en común?

No creo que tengan nada en común, y ese fue un descubrimiento muy interesante. A veces no tienes ni idea de quién ideó esos inventos increíbles. ¿Quién inventó el arado? Nadie en concreto. Y a veces son el resultado de un fracaso, como por ejemplo el motor diésel, uno de los progresos más importantes del siglo XX. Este invento nunca funcionó mientras Diesel, su propio inventor, estuvo vivo, porque era muy poco fiable. Y Diesel acabó suicidándose. Otras veces hay un espacio de tiempo entre el inventor y el invento que es difícil de imaginar. Es el caso de la criptografía asimétrica, que se basa en las matemáticas de los números primos. Genios como Fermat o Gauss, que desarrollaron estas ideas hace cientos de años, jamás se habrían imaginado que se iban a utilizar para crear un internet seguro.

Y en otras ocasiones está muy clara cuál es la necesidad del negocio, como ocurre con el contenedor de mercancías. Su creador, Malcom McLean, fue un emprendedor modélico que sabía exactamente por qué quería hacerlo y el impacto que iba a tener, de manera que pudo hacer una pequeña fortuna durante su vida.

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Simplicidad. La innovación que realmente importa suele ser simple y barata.


¿Cuál es su criterio para escoger estas innovaciones disruptivas?

El criterio más importante es: ¿hay una historia que contar o una lección que aprender de ellas? Si la respuesta es sí, entonces el invento tiene cabida en el libro. Y también buscaba una diversidad geográfica, temporal, temática y sectorial. En lugar de hablar sobre ordenadores, puedes hablar sobre la leche de fórmula o la comida preparada, inventos muy significativos aunque la gente no sea consciente.


¿Cuáles son, entonces, las lecciones del libro?

Separé el libro en siete grandes secciones, y cada una tiene una lección que enseñar. Una de las más importantes trata sobre los ganadores y los perdedores de la innovación. En la tecnología siempre moldeamos la forma en que se juega el juego, por lo que siempre habrá gente que se aprovechará de eso y personas que saldrán perjudicadas.

Otra sección explora cómo el gobierno ejerce su influencia en la innovación. Y es que, a veces, el gobierno es muy importante para construir sus fundamentos. Por ejemplo, en el caso de los smartphones. Muchas de las tecnologías que entraron en estos dispositivos originalmente fueron financiadas por los gobiernos, sobre todo por el ejército de Estados Unidos. Pero, en otras ocasiones, los gobiernos causan un montón de problemas, porque regulan en exceso.

Otra lección importante se extrae de una de mis secciones favoritas: “Reinventando la rueda”. Traslada la idea de cómo un invento tan simple puede cambiar el mundo. Otro ejemplo sería el sifón. Simplemente pones una curva en la tubería y ya puedes tener un lavabo y un sistema moderno de alcantarillado. No es una idea muy complicada, y cuando la materializas… es la perfección absoluta.


Si la innovación siempre viene con ganadores y perdedores, ¿cómo podemos mitigar sus riesgos?

La respuesta incorrecta sería parar la innovación, pero es complicado, porque los economistas solemos tener la idea de que, al final, la gente se va a adaptar. Cuando empezaron a utilizarse los procesadores de texto, muchos mecanógrafos perdieron su trabajo, y pensamos: “No pasa nada, ya encontrará uno nuevo”. Pero la realidad es que, cuando la tecnología destruye empleos, la gente puede tardar en recuperarse. A veces una comunidad entera puede vivir un shock tecnológico. Por ejemplo, el contenedor de mercancías destruyó la antigua comunidad portuaria, porque prácticamente ya no se necesitaban trabajadores para cargar y descargar los barcos. Cientos de miles de empleos se perdieron. Es muy fácil pensar que la gente se adaptará, pero, ¿cómo? A veces la única manera es dejar esa ciudad e irse a otro lugar. Para evitar esto no hay una solución mágica, pero hay que empezar por proporcionar más educación, más formación, ayudas económicas o subsidios, tal vez un ingreso básico para la gente, reinvertir en el área y construir nuevas infraestructuras para crear un nuevo centro económico.


¿Cómo cree que será la futura relación laboral entre humanos y robots?

Hasta ahora, todo indica que no debemos preocuparnos por eso. En España hay un gran problema de desempleo, por lo que la posibilidad de perder puestos de trabajo preocupa a la gente. Reino Unido, en cambio, tiene muchos problemas económicos, pero el desempleo no es uno de ellos. Y aun así su economía es frágil. El problema real es la baja productividad, y los robots han llegado para solucionarlo.

En el futuro, ya veremos. Puede ocurrir lo que pasó con el dinamo – generador eléctrico–: tienes un invento que puede cambiar la forma como funciona el mundo, pero después nadie sabe muy bien cómo usarlo. Y tarda muchos años hasta que finalmente genera un gran cambio. Si en lugar de pensar cómo las máquinas van a acabar con los puestos de trabajo, pensamos que van a realizar ciertas tareas y los humanos se irán acomodando en torno a ellas, tendremos una mejor idea de cómo funcionará el mercado laboral. Por ejemplo, con la llegada de las hojas de cálculo como Excel, los contables no desaparecieron, sino que se empezaron a encargar de cuestiones más complejas. Así que, en realidad, las hojas de cálculo crearon nuevos tipos de trabajo. Y finalmente debemos tener en cuenta que hay cosas muy básicas que un robot simplemente no puede hacer o no resultará natural que las haga, como sonreír al cliente.

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Innovation hubs. Generan un gran reto: una vez tienes la innovación, debes saber cómo reabsorberla en la organización principal.

ESTRATEGIAS PARA LA INNOVACIÓN


¿Cuál es el secreto para que una innovación triunfe?

La mejor estrategia para innovar es el caos. Cuando se nos presenta un obstáculo, nos fuerza a pensar y a probar cosas diferentes. Lo puedes ver en un ejemplo curioso. Hace cuatro años, la mitad de la línea de metro de Londres estuvo cerrada durante dos días a causa de una huelga. Como todos llevan el mismo tipo de tarjeta para usar el transporte público de la ciudad, después de la huelga se analizó el conjunto de datos y los resultados fueron sorprendentes. Miles de personas tuvieron que cambiar su ruta al trabajo y, al finalizar la huelga, no volvieron a utilizar su ruta de siempre. La lección de esta historia es que a menudo intentamos crear buenos hábitos y rutinas que nos hagan sentir cómodos, pero esa no es la forma de innovar.


¿Qué es más importante para innovar, el instinto o los datos?

Necesitamos ambos, pero la proporción depende del tipo de innovación. Podemos hablar de dos tipos:

  • 1. La apuesta arriesgada, muy especulativa, una innovación revolucionaria, que realmente cambia las cosas. Seguramente tiene una probabilidad baja de éxito, pero, si lo tiene, genera un gran negocio. Por ejemplo, el desarrollo inicial de internet. De ninguna manera podíamos esperar dónde llegaría. O la penicilina, el primer antibiótico. En este tipo de innovación el instinto es la clave.
  • 2. La innovación marginal. Coges una buena idea y haces que funcione cada vez mejor. El ordenador actual, por ejemplo, es el resultado de incontables innovaciones marginales durante décadas. Lo mismo pasa con el smartphone. Las innovaciones marginales suelen estar más impulsadas por los datos, ya que te permiten analizar qué funciona y qué no para retocar y perfeccionar.

En general, diría que las innovaciones marginales impulsadas por datos son más seguras. La gente conserva su trabajo, puedes generar una pequeña innovación tras otra, das la impresión de ser fiable y siempre generas un resultado. La apuesta arriesgada, en cambio, es mucho más peligrosa.

Robots. Hay cosas básicas que no podrán hacer o no será natural que las hagan, como sonreír al cliente.


¿Qué piensa de la cocreación?

Es una buena estrategia para innovar, porque el consumidor ve cosas que el ingeniero o el diseñador no ve. Puede detectar problemas que no te habías planteado o puede utilizar un producto de una manera que no imaginabas. La cocreación te permite unir diferentes perspectivas.

Tener diversidad en el equipo de diseñadores, contando con personas de nacionalidad, edad o experiencia laboral diferentes, también ayuda. Es cierto que puede crear problemas de comunicación, porque a veces la gente no se entiende, pero se tienden a superar y al final generan mejores resultados.

INNOVACIÓN EN GRAN CONSUMO


¿Cuál es, en su opinión, la innovación más importante en gran consumo?

Hablaría más bien de un conjunto de innovaciones en torno a la comida para llevar, la comida preparada y los alimentos industriales precocinados. Han trasladado la preparación de los alimentos de la cocina a una fábrica en algún lugar y, cuando llega a la casa del cliente, resultan muy fáciles de consumir. Esto es realmente transformador desde el punto de vista del tiempo. La gente suele decir que la lavadora cambió nuestras vidas, pero, en realidad, lo que hizo fue aumentar la cantidad de ropa sucia. No ahorró tiempo, sino que nos hizo a todos más limpios. En cambio, la comida preparada, el microondas, el congelador, la nevera, los pollos ya desplumados, las patatas prefritas y otras muchas innovaciones de este tipo sí que representan un gran ahorro de tiempo que ha transformado la sociedad y el mercado laboral.


¿Qué desafíos tiene este sector por delante en términos de innovación?

En Europa tenemos un miedo irracional a la modificación genética. Hay muy pocas pruebas que indiquen que produzca algún daño consumir alimentos genéticamente modificados. La pregunta que debemos hacernos es: ¿podemos utilizarla para desarrollar mejores cultivos y reducir el uso de fertilizantes y de pesticidas? Si la respuesta es sí, entonces ayudará al medioambiente y por tanto también a nosotros. No son una solución milagrosa, pero si hacemos estudios y miramos las pruebas, estoy seguro de que algunas modificaciones genéticas serán muy beneficiosas.


¿Cómo ve la competencia entre las tiendas online y offline?

Las tiendas tradicionales seguirán existiendo, pero van a cambiar mucho, y probablemente disminuyan. Hoy ya podemos pedir la mayoría de cosas online, pero llegaremos a un punto en el que podremos hacerlo más barato y mejor. El retail offline tiene que hacer que valga la pena el desplazamiento a la tienda; tiene que generar una experiencia que atrape, ya sea visual, lúdica, espacial… Si la experiencia offline es solo un recorrido, se acabó, no habrá forma de mantener el interés de la gente.

RETOS DE LA INNOVACIÓN


¿Qué retos tenemos en lo que respecta a innovación?

Un gran reto es que las autoridades reguladoras tienen que estar al día. A menudo no se establecen regulaciones porque las autoridades no entienden lo que está pasando, provocando que la gente se comporte de una forma poco ética o que se explote a los trabajadores o a los consumidores. También suele pasar que las regulaciones que se establecen no funcionan o no encajan. La tecnología puede avanzar muy rápido, pero los sistemas legales y políticos no tanto. Ese es un gran problema.

El otro reto es que cada vez es más difícil tener ideas nuevas, porque el mundo se está volviendo más complejo y más interconectado. Para avanzar tienes que aprender todo lo que ya se sabe. La gente se saca los doctorados más tarde, porque tiene que aprender más, y tiende a ser más limitada en el enfoque. Antiguamente podías aprender un poco de todo, pero ahora tienes que especializarte en cosas muy concretas para luego trabajar en equipos cada vez más grandes que son lentos y caros de mantener. A esto se le llama la “carga del conocimiento” y es un problema, porque exige más dinero, más investigación, más potencia informática y más científicos para llegar al siguiente gran descubrimiento.


¿Cómo podemos promover o facilitar la aparición de nuevas ideas?

Podemos utilizar los recursos del gobierno y conectarlos con el sector privado, financiando premios a la innovación. Por ejemplo, como se hizo con la meningitis meningocócica. El gobierno británico, en colaboración con otros gobiernos y la Fundación Gates, invirtieron 1.500 millones de dólares para que el sector privado desarrollase una vacuna. Nunca sabes de dónde vendrá una buena idea, pero los gobiernos tienen los recursos y los objetivos sociales para movilizar la inventiva del sector privado.

Tiendas físicas. Tienen que hacer que valga la pena el desplazamiento. Si la experiencia es solo un recorrido, se acabó.


¿Qué opina de los innovation hubs – centros de innovación– que muchas empresas están desarrollando?

Es una buena idea, pero genera un reto: una vez tienes la innovación, debes saber cómo reabsorberla en la organización principal. Un ejemplo sería lo que le pasó a Xerox Parc, laboratorio de investigación y desarrollo de Xerox Corporation, el mayor proveedor de fotocopiadoras de tóner. Xerox Parc fue capaz de desarrollar muchas de las tecnologías informáticas más importantes de las pasadas décadas, como el ratón y las tarjetas e interfaces gráficas. Pero no supieron qué hacer con ellas, por lo que otras empresas acabaron tomando el relevo. Hoy casi nadie se acuerda de Xerox Parc.


¿Cuál cree que será la tecnología que tendrá más impacto en el futuro?

La lección que he aprendido observando la historia de la innovación es que lo realmente revolucionario es algo simple y que se vuelve barato, y por eso se adopta. Uno de mis ejemplos favoritos: el papel. Hoy se habla mucho de la inteligencia artificial, pero veo su impacto como ejemplos simples de automatización de tareas concretas que queremos lejos de los humanos. Tenemos esa idea de que acabaremos como el superordenador HAL 9000 de la novela “2001: Una odisea espacial” o como Arnold Schwarzenegger en “Terminator”, pero eso no pasará.


¿Algún consejo a los empresarios?

Es muy tentador cuando estás al frente de una organización tratar de imponer una estructura para crear algo que parezca tener sentido en un organigrama o en una hoja de cálculo. Pero, en realidad, la mayor parte de la actividad innovadora proviene de los límites entre disciplinas y entre diferentes silos. Las empresas deben acoger un poco más de caos y de desorden. No un caos total, sino un caos que te haga sentir cómodo y te impulse a mejorar.

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