
El sistema sanitario español se encuentra en un punto de inflexión, caracterizado por una presión asistencial creciente y una reconfiguración de los canales de distribución.
En este escenario, la farmacia comunitaria ha dejado de ser un punto de dispensación para consolidarse como un activo estratégico de salud pública, actuando como el primer eslabón de contacto entre el ciudadano y el Sistema Nacional de Salud. No obstante, esta relevancia clínica convive con una realidad operativa de alta complejidad, donde la eficiencia en la gestión del back-office y la robustez de la cadena de suministro son condiciones indispensables para garantizar la sostenibilidad del modelo.
El presente estudio surge de la necesidad de profundizar en la relación entre la oficina de farmacia y sus principales socios estratégicos: laboratorios y mayoristas. El sector se enfrenta a desafíos estructurales que van desde la gestión de la cronicidad en una población envejecida, hasta la volatilidad logística y la irrupción de nuevos actores internacionales en el mercado de retail. En este contexto, cualquier ineficiencia en la cadena de valor no es solo un problema administrativo, sino una barrera que detrae tiempo profesional del consejo farmacéutico y del seguimiento terapéutico del paciente.
