Andrea Fuentes
Medallista y seleccionadora
española de natación artística
Romper moldes forma parte de la esencia de Andrea Fuentes. Lo hizo como deportista, al convertirse en la nadadora artística española con más medallas olímpicas, y lo sigue haciendo como entrenadora, convencida de que los grandes resultados no nacen solo del sacrificio, sino también de la confianza, la autenticidad, la diversidad y la capacidad de disfrutar del proceso. Una forma de liderar que rompe con los esquemas tradicionales del deporte de élite y es aplicable a cualquier organización que aspire a desarrollar equipos de alto rendimiento.
Para entender a la Andrea entrenadora y su estilo de liderazgo hay que volver primero a la Andrea deportista.
El salto al alto rendimiento
Sus inicios no fueron muy distintos a los de tantas otras niñas que empiezan en el deporte por afición. Comenzó en natación sincronizada a los 9 años como actividad extraescolar, pero pronto destacó por sus cualidades. A los 13 ingresa en un centro de tecnificación. Tres años después da el paso al Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat del Vallès, en Barcelona. Lo que había empezado como un hobby de unos días a la semana se convirtió en una rutina de 8 horas diarias en la piscina, con un objetivo claro: llegar a los Juegos Olímpicos. Una decisión que Andrea recuerda como natural, pero con mucha responsabilidad porque casi ningún adolescente decide “construir su futuro” con esa edad tan temprana. Andrea siempre tuvo las ideas claras. Determinada, con gran fuerza de voluntad y disciplina siempre fue una alumna ejemplar. Inconformista también. Vivía la competitividad con confianza en sí misma y espíritu de superación constante: “O eres tú o es otro, nadie te va a regalar nada”, dice. Pero su ambición iba más allá de cumplir con lo que se esperaba de ella. Interiormente se repetía una meta: si quería hacer historia, debía hacer más de lo que le pedían, diferenciarse, buscar aquello que solo una minoría estuviera dispuesta a intentar. Ese camino exigía esfuerzo, atrevimiento y sacrificio, pero ella nunca lo vivió en “modo renuncia”, sino como una oportunidad única para estar donde quería estar y vivir experiencias excepcionales.
«Me motiva ir un paso más allá para mejorar de verdad: cuestionar los límites, imaginar nuevas formas de hacer las cosas y abrir caminos que antes no existían. No significa romper las reglas, sino transformarlas».
Hablas a menudo de “ser agente de cambio” (be a changer). ¿Qué significa para ti?
Podría limitarme a hacer bien lo establecido, pero a mí me motiva ir un paso más allá: cuestionar lo dado, imaginar nuevas formas de hacer las cosas y abrir caminos que antes no existían. No significa romper las reglas, sino transformarlas desde dentro. Es una manera de estar en el mundo que llevaría a cualquier ámbito, no solo al deporte.
Andrea, si miras a la deportista que fuiste, ¿qué rasgos reconoces hoy en la Andrea entrenadora?
Has construido tu estilo de liderazgo a partir de cuatro pilares: autenticidad, unión, determinación y diversión. ¿Cómo se traducen en el día a día?
Además de enseñar técnica o crear coreografías, es importante que cada persona conserve su autenticidad. Solo así se puede construir algo colectivo que nadie podría crear por separado, y ojalá además ese resultado inspire. Pero la autenticidad, por sí sola, no basta. Esto es alto rendimiento. No estamos aquí solo para expresarnos o pasarlo bien: estamos para llegar lejos. Y eso exige poner todo lo que eres al servicio de un objetivo. Ahí entra la determinación: seguir cuando estás cansada, abrir la mente cuando algo te incomoda, sostener el esfuerzo en los momentos duros. Sin determinación no hay excelencia.
La grandeza de un equipo está en saber aprovechar las diferencias individuales. Todos somos distintos y ahí está la riqueza. Cada persona aporta capacidades, sensibilidades y fortalezas diferentes. El problema aparece cuando esas diferencias se viven desde el ego o se gestionan mal. Pero, cuando un equipo aprende a reconocer y valorar lo que cada uno aporta, ocurre algo muy potente: todos se benefician de todos.
La unión también es imprescindible, porque juntos siempre llegamos más lejos. Además, hoy eso es más importante que nunca. Las nuevas generaciones necesitan sentido, bienestar y un entorno en el que sientan que lo que hacen merece la pena. Y eso no está reñido con la exigencia; al contrario, la hace más fuerte. Al final, se trata de lograr un doble objetivo: rendir al máximo y construir una experiencia que haga que todo ese esfuerzo tenga sentido.
¿Cómo se consigue ese ambiente?
Ese es el trabajo del entrenador. Hay grupos en los que surge con más facilidad y otros en los que cuesta más, porque hay personas más instaladas en la crítica o la desconfianza. Pero nuestra responsabilidad es crear un entorno donde las buenas semillas puedan florecer y donde no entren “virus”. Solo así se forma un grupo que aprende, se respeta y en el que cada persona puede sentirse segura, auténtica y sin filtros. Y ahí es donde aparece el máximo potencial.
LAS FRASES
“Algo no se consigue si no se intenta. Si no te esfuerzas, no te diferencias; y si no haces algo diferente, no cambias nada”.
“Que me llamen “loca” casi es un piropo. Muchas personas verdaderamente innovadoras fueron vistas así antes de que se entendiera su visión”.
“Esto es alto rendimiento. Estamos aquí para llegar lejos con determinación que implica abrir la mente y sostener el esfuerzo. Sin determinación no hay excelencia”.
“Si entrenas la mirada para ver más lo que aporta que los defectos, todo cambia: genera un equipo con una actitud más optimista y con mejor energía’”.



