Iván Barranco
CEO y propietario de Doña Tomasa
Doña Tomasa es el reflejo de la visión de Iván Barranco, un emprendedor que en apenas una década ha convertido su marca en un icono de la buena gastronomía. Lo ha hecho a fuerza de trabajo, tesón y un compromiso inquebrantable con la calidad. Empezó vendiendo anchoas de Santoña (Cantabria) a restaurantes de Madrid y en la actualidad cuenta con 13 tiendas que ofrecen una cuidada selección de productos gourmet y prevé alcanzar las 30 en un plazo de 5 años. En esta entrevista nos cuenta en primera persona su historia y nos anticipa los nuevos proyectos.
“La gente llega a donde llega por el esfuerzo que hay detrás”. Esta afirmación de Iván Barranco es una muestra de su carácter y explica también en parte su trayectoria profesional y su éxito como emprendedor.
Nacido en Madrid, se formó en Empresariales y Comunicación Audiovisual y cuenta con un postgrado en Hospitality Management por Les Roches Marbella.
Apasionado de la hostelería, sus primeros pasos profesionales los dio en el Meliá de Madrid como jefe de ventas. Después llevó la dirección comercial del Meliá Recoleta Boutique de Buenos Aires, donde se encargó de captar clientes españoles con intereses en Argentina.
Posteriormente llegó el segmento del lujo. Primero en el Hotel Villa Magna, con responsabilidad sobre el mercado nacional, y más adelante sobre áreas internacionales como Oriente Medio –Arabia Saudí, Dubái y Abu Dabi– y Sudamérica. Ese recorrido profesional se completó en Santander, ciudad a la que se trasladó tras conocer a quien hoy es su mujer, farmacéutica y empresaria. Allí se incorporó al Hotel Real como director comercial y de marketing y terminó ejerciendo como subdirector.
El siguiente movimiento fue hacia la distribución y el retail. Tras la integración del Hotel Real (de Hotusa) en Eurostars, Barranco decide iniciar una nueva etapa en El Corte Inglés, donde asume la dirección de marketing para el norte de España. Su cometido consistía en atraer gasto internacional a este centro comercial mediante acuerdos con hoteles, museos y agentes vinculados al turismo. Comenzó gestionando País Vasco y Cantabria y, en apenas dos años, extendió su radio de acción a todo el norte peninsular y Castilla y León.
El punto de inflexión llegó en 2016, con el nacimiento de sus mellizos. A partir de ese momento, su vida personal hizo inviable un modelo profesional basado en los desplazamientos constantes. Barranco decide entonces emprender con una idea sencilla y muy concreta: llevar las mejores anchoas de Santoña a los mejores restaurantes de Madrid. La tesis era simple, pero muy potente. El producto existía. La demanda también. Lo que faltaba era la distribución… Y funcionó.
Lo que empezó como una actividad comercial casi artesanal adquirió escala con rapidez. Primero, porque el producto funcionaba y, segundo, porque Barranco supo evolucionar la propuesta y construir una estructura de soporte.
Hoy Doña Tomasa da empleo a 60 personas y cuenta con 13 tiendas que comercializan una cuidada selección de productos gourmet, principalmente de Cantabria, aunque también de otras zonas de España. Las anchoas, eso sí, siguen siendo las grandes protagonistas de la marca.
De cara a los próximos cinco años, Barranco prevé alcanzar las 30 tiendas en toda España, al tiempo que impulsa el crecimiento del canal online, la venta al canal horeca, los eventos corporativos y una barra gastronómica propia.
Este 2026 Doña Tomasa cumple 10 años. ¿Qué le llevó a crear su propia empresa?
Cuando nacieron mis hijos, que son mellizos, sentí que no podía seguir viajando con la misma intensidad. La empresa me ofreció trasladarme a Madrid, pero mi vida y la de mi familia estaban ya en Santander, una ciudad que me encanta.
Me encontré así con dos hijos y sin trabajo, dándole vueltas a qué podía hacer. Entonces recordé algo que me decía mucha gente cada vez que volvía a Madrid: “Oye, tráeme anchoas de Santander” o “No te olvides de los sobaos”. Y se me encendió la bombilla.
Fui a buscar las mejores anchoas de Santoña, las metí en el maletero del coche y empecé a llevarlas a los restaurantes amigos. Poco a poco me convertí en proveedor de anchoas de los restaurantes más importantes de Madrid.
Detectó una necesidad muy concreta y supo satisfacerla.
Las anchoas tenían un problema de distribución. Muchos grupos de restauración de Madrid compraban directamente a las fábricas, pero muchas conserveras de Santoña son pequeñas, por lo que les resultaba difícil atender de forma rápida y eficiente ese tipo de pedidos. Yo entendí que ahí había espacio para construir un servicio fiable alrededor de un producto extraordinario
¿Cómo se creó la marca, Doña Tomasa?
Empezamos a trabajarla de una manera muy rudimentaria. Un día me senté en un McDonald’s con el profesional que había contratado a través de Mil Anuncios y empezamos a dar cuerpo a la marca.
Para el nombre me inspiré en la familia italiana Vella Scatagliotta, que llegó a Santoña a finales del siglo XIX en busca de nuevos calderos de bocarte. Allí fundaron una fábrica y ayudaron a sentar las bases de la industria local de la anchoa. Quise rendir homenaje a esa historia con un nombre italiano para la empresa, pero también con un punto castizo. Buscando nombres en internet, cuando llegué a la “T” me encontré con Tomasa y pensé que con el “Doña” tenía exactamente el equilibrio que buscaba. Después probé distintas tipografías hasta encontrar una que encajaba (la Guardian Script). Y así nació la marca.
La construcción visual fue acompañada por un claim muy funcional en la primera etapa –“Expertos en anchoas”– que, con la ampliación del surtido, evolucionó a “Expertos en anchoas y productos gourmet”, lo que nos permitía pasar de una especialización radical a una propuesta más amplia.
«Mi primera pasión y el punto de partida de Doña Tomasa es difundir la marca Cantabria por toda España, porque tiene una gastronomía muy desarrollada y unos productos impresionantes. Y creo que lo estamos consiguiendo».
¿Cómo se hace la selección de productos?
La hago personalmente. Busco los mejores productos allí donde estén. Y no me conformo, por ejemplo, con que una empresa me haga el embutido en general. No. El jamón me lo hace uno, el lomo otro, el chorizo y el salchichón, otro distinto.
Lógicamente, eso complica la logística, pero ahí está precisamente el valor de nuestra marca: en ofrecer la mejor selección posible. Muchos de nuestros proveedores eran muy pequeños cuando empezamos y han crecido con nosotros: los proveedores de las gildas, el foie, los aceites, el vermut, los dulces, los quesos… Otros no han podido o no han querido seguir el ritmo. Nuestro proveedor de pastel ruso, por ejemplo, solo hace 50 a la semana. ¡Esa exclusividad también le gusta al cliente!
Uno de sus últimos proyectos es La Barra de Doña Tomasa. ¿Qué aporta este proyecto a la marca?
Muchísimo. Como apasionado de la hostelería, tenía la inquietud de dar a probar nuestros productos directamente a los clientes para conocer sus reacciones. En tienda no podíamos hacerlo, por un tema de licencias, de manera que cuando surgió la oportunidad en el Mercado del Este (Santander), la aprovechamos. Compramos dos locales, los unimos y montamos La Barra de Doña Tomasa. Es un negocio que funciona muy bien y nos da mucha felicidad. Es una plataforma fantástica para enseñar producto, crear recetas, generar contenido, transmitir nuestra esencia y difundir la marca. Me gustaría desarrollar el concepto de “barra” en Madrid, porque creo que es un producto que conectará con la gente de aquí. El negocio lo tengo totalmente controlado: el producto, los escandallos, el emplatado, la cocina…
Después de 10 años, ¿cuál diría que es la base del éxito actual de Doña Tomasa?
Hace unos años, en la tienda de Santander, un señor mayor se me acercó y me preguntó si era el dueño. Cuando le dije que sí, me tomó del brazo y me dijo: “Llevo cuatro años viniendo todos los veranos y en Semana Santa a Santander, y siempre vengo a comprar aquí porque nunca me has engañado”. Para mí ese comentario lo resume todo. Quería decir que siempre que había comprado en nuestra tienda, el producto le había gustado. Siempre. Y, en mi opinión, eso es lo más importante de lo que hemos construido: Hay honestidad y hay calidad en el producto. Siempre.
5 CLAVES DE ÉXITO DE DOÑA TOMASA
Identificar una necesidad no satisfecha y ofrecer la solución. “Las anchoas tenían un problema de distribución. Muchos restaurantes de Madrid tenían dificultades para tener un servicio rápido y eficiente de estos productos”.
Crear una visión. “Soy un apasionado de la restauración y de la gastronomía. Inicialmente me propuse difundir la marca Cantabria por toda España. Me ocupo personalmente de seleccionar los mejores productos para nuestros clientes”.
Foco. “Fui a buscar las mejores anchoas, las metí en el maletero y empecé a llevarlas a restaurantes de amigos”.
Creación de marca. “Cuando teníamos variedad de marcas, a veces me enviaban productos que no estaban a la altura. Entonces me dije: ‘Tengo que ser yo quien ponga la barrera de la calidad antes de que el producto llegue al cliente final’. Hoy Doña Tomasa es garantía de calidad”.
La diversificación. “Atendemos al canal horeca, tenemos tiendas físicas, una barra de restauración, vendemos online… Todas las líneas de actividad enriquecen y complementan la marca”.



