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José luis Nueno | Expero en consumo y escritor

Código 84 287 | Mayo 2026

Por qué tu perro (o tu gato) come mejor que tú

Es una paradoja moderna. Así lo plantea José Luis Nueno: dedicamos más estrategia a lo que come nuestra mascota que a lo que comemos nosotros. Para nosotros hemos creado categorías donde todo es tan parecido que la única forma de decidir es el precio; en cambio, para ellos buscamos soluciones eficaces y a las que somos fieles sin demasiadas dudas. Ahí, dice el experto, está una de las grandes oportunidades del retail: convertir esa lógica de confianza en el consumo humano.

Más allá del producto. “El pet care ha construido un sistema donde lo premium se percibe como necesidad y no como capricho, donde cambiar de proveedor tiene un coste real”.

Si quieres entender hacia dónde va el consumo olvídate de los informes de tendencias de doscientas páginas que circulan por los despachos de las empresas del sector. Solo tienes que ir a un supermercado y quedarte un rato observando.

Fíjate en el pasillo de comida para perros. Es fascinante, aunque suene raro decir eso de un lineal de pienso. Tienes a un tipo delante de cuarenta referencias distintas y, ¿qué hace? No busca la oferta. No mira el 2×1. Se lleva exactamente el mismo saco que compró el mes pasado, y el anterior, con una precisión cronométrica, porque su perro tiene digestión sensible y esta fórmula concreta le sienta bien. Su lógica es tan implacable como cínica: prefiere pagar un sobreprecio antes que gestionar las consecuencias gástricas de una transición dietética. Cambiar ahora supondría un periodo de incertidumbre que no le compensa ni de lejos.

Ese mismo individuo, diez minutos después, está en la sección de lácteos y abandona su marca de yogur de toda la vida con una falta de lealtad pasmosa. ¿El motivo? Veinte céntimos que se ahorra. “Total”, piensa, “un yogur es un yogur”.

Ahí lo tienes. El gran enigma del consumo moderno condensado en dos pasillos del mismo supermercado: le ponemos más estrategia a lo que come nuestra mascota que a lo que comemos nosotros. Y la industria del pet care lleva años dándonos una lección de economía aplicada mientras el gran consumo humano se limita a mirar sin acabar de entender qué está pasando.

Switching cost. El consumidor calcula que el beneficio del ahorro no compensa la incertidumbre del cambio. Un cálculo que nace de años de comunicación coherente, de la prescripción veterinaria y de resultados observables y atribuibles.

El drama de ser “comparable”

Conviene dejar algo claro de entrada: al gran consumo no le faltan ideas. Le falta oferta de sistemas. En Europa se lanzan miles de productos nuevos cada año y la mayoría se pegan un castañazo épico o sobreviven apenas lo justo para cubrir el coste del lanzamiento. Mientras tanto, las marcas blancas se van comiendo la tostada sin prisa pero sin pausa, los márgenes se desintegran a golpe de promoción y todo depende, al final, de la siguiente oferta.

¿De quién es la culpa? El diagnóstico oficial apunta a los sospechosos habituales: el consumidor es más infiel, la competencia es más intensa, los costes de materias primas son más volátiles, el retail tiene más poder. Todo esto es verdad. Pero el diagnóstico de fondo es más crudo y rara vez se formula con la claridad que merece: hemos creado categorías donde todo es tan parecido que la única forma de decidir es el precio. Y en una guerra de precios, o eres el más grande o te dedicas a destruir valor hasta que no quede nada. Ninguna de esas dos victorias es especialmente apetecible.

El sector de las mascotas ha escapado de este lodazal. No lo han hecho inventando la pólvora, sino creando algo que ya tiene nombre propio: el care loop.

El care loop: de comprar un producto a estar metido en un sistema

Debajo del “palabro” hay pura economía, y funciona de una manera bastante sencilla cuando la desmontas.

En el ámbito del pet care, el care loop empieza por conocer a la mascota: su edad, su raza y sus sensibilidades concretas. A partir de ahí se genera una recomendación de dieta específica que, con el tiempo, se convierte en rutina. Esa rutina produce resultados que el dueño puede observar –el pelo brilla más, la digestión funciona, el animal tiene más energía– y esos resultados se evalúan. El sistema se ajusta con la información acumulada y el ciclo vuelve a empezar, cada vez con más datos. No es un concepto etéreo de marketing; es un circuito donde el perfil induce una recomendación, la recomendación genera un hábito, y el hábito produce resultados que refuerzan la lealtad.

¿Y cuál es el truco? Que el consumidor deja de comparar productos entre sí y empieza a comparar sistemas. Y comparar sistemas es una tarea ardua y tediosa que la mayoría prefiere evitar, porque implica evaluar no solo cuánto cuesta el saco, sino qué pasa si abandonas un historial que ya funciona, si reinicias un proceso de aprendizaje, si algo que iba bien deja de ir bien por ahorrar unos cuantos euros.

En la jerga de los economistas esto se llama switching cost, coste de cambio. En la práctica, es la razón por la que ese dueño de perro con digestión sensible no cambia de pienso, aunque el de al lado esté a mitad de precio. No es que sea irracional. Ha calculado, de forma más o menos consciente, que el beneficio del ahorro no compensa la incertidumbre del cambio.

Y ese cálculo no surge por arte de magia. Es el resultado de años de comunicación coherente, de la prescripción de la figura veterinaria, de evidencia funcional verificable y de un diseño de producto que hace que los resultados sean observables y atribuibles. Cada pelo brillante, cada digestión que funciona, es una prueba tangible de que el sistema vale lo que cuesta. Es un sistema deliberado, construido pieza a pieza. Los sistemas no se improvisan.

LAS FRASES

“Quien logre conectar la prescripción profesional con un sistema de repetición y seguimiento tendrá una ventaja competitiva casi imposible de erosionar”.

“El retail español es una máquina de eficiencia y rotación. Está optimizado para mover el máximo volumen al mínimo coste. Y eso choca con el modelo de cuidado continuo que el care loop necesita para funcionar”.

La proximidad en retail. “Puede ser la base de una recurrencia planificada que convierta la tienda del barrio en algo más que un sitio donde ir a por lo que falta”.

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