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Comer insectos puede ayudar a salvar el planeta

El cambio climático lleva tiempo estando en el epicentro de la agenda internacional. Apenas quedan 12 años para mantener el calentamiento en una temperatura de 1,5C. Cualquier otro escenario ocasionará dramáticas consecuencias para el planeta. La producción de alimentos supone un cuarto del conjunto de las emisiones humanas de gases de efecto invernadero. Sin embargo, los insectos son ya un ingrediente habitual en muchos hogares. Se estima que 2.000 millones de personas ya los consumen, y muchos chefs en EEUU los están incorporando en sus menús.

Las implicaciones de esta tendencia:

  • Reducción significativa del impacto medioambiental – La cría de insectos genera tan solo un 1% de emisiones de gases de efecto invernadero de los gases que se emiten con la cría de ganado vacuno o porcino. Esto supone un impacto positivo para el medio ambiente, ya que reduce el nivel de emisión de uno de los principales causantes del cambio climático.
  • Se trata de un alimento apto para un consumo saludable – A nivel nutritivo, la ingesta de insectos no tiene nada que envidiar a otras carnes o alimentos proteicos, ya que los insectos son ricos en proteínas.
  • Posible falta de aceptación por los consumidores – Resulta llamativo el hecho de poder llegar a alimentarnos a base de insectos, y es posible que muchos consumidores tarden en incluirlos en sus dietas, ya que todavía resultan muy disruptivos. Sin embargo, poco a poco irán introduciéndose en la alimentación, tal y como lo han hecho las dietas vegetarianas, que eran vistas con mucho escepticismo en los años 90 y sin embargo, hoy en día están ampliamente implantadas entre los consumidores. Además, la globalización y el atractivo de la comida oriental hacen que esta nueva tendencia no sea tan remota.

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