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La Reconstrucción de los puestos de trabajo

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La Reconstrucción de los puestos de trabajo

Cuando se trata de trabajo, trabajadores, y empleos, gran parte de la angustia de la era moderna se reduce al miedo de que seamos testigos del final del juego de la automatización, y que los humanos no podrán retirarse a ninguna parte cuando las máquinas se hagan cargo de la últimas tareas que pueden …

La ola más recuente de comentarios sobre este frente surge del uso de la inteligencia artificial (IA) para capturar y automatizar el conocimiento tácito y las tareas tácitas, los cuales previamente se pensó eran demasiado sutiles y complejos para ser automatizados. ¿No hay área de la experiencia humana que no pueda ser cuantificada y mecanizada? Y si no se puede, ¿qué queda para que los humanos hagan excepto las tareas domésticas involucradas en el cuidado de las máquinas? En el corazón de esta preocupación está nuestro deseo por buenos empleos – trabajos que, sin intensidad o estrés indebidos, aprovechen al máximo los atributos y las capacidades naturales de los trabajadores; donde el trabajo le proporcione al trabajador motivación, novedad, diversidad, autonomía, y balance trabajo/vida; y donde los trabajadores debidamente compensados y consideren justo el contrato de empleo. De manera crucial, los buenos trabajos apoyan a los trabajadores en aprender haciendo – y, al hacerlo, entregan beneficios en tres niveles: para el trabajador, quien gana en desarrollo personal y satisfacción en el trabajo; para la organización, que innova en la medida en que el personal encuentra nuevos problemas para resolver y oportunidades para buscar; y para la comunidad en su conjunto, que cosecha los beneficios de alojar organizaciones y trabajadores que prospera. Esto es lo que hace que los buenos trabajos sean productivos y sostenibles para la organización, así como también comprometedores y atractivos para el trabajador.

Ello también es lo que alinea los buenos trabajadores con los valores y normas de la comunidad más grande, dado que una comunidad difícilmente puede discutir con tener ciudadanos más felices y un estándar más alto de vida.

¿El avance implacable de la IA amenaza automatizar todo el aprendizaje, la creatividad, y el significado que hacen que un trabajo sea un buen trabajo? Ciertamente, algunos han culpado a la tecnología por tal resultado. Los titulares hoy a menudo expresan preocupación porque la innovación tecnológica resulte en malos trabajos para los humanos, o incluso la eliminación completa de ciertas profesiones. Algunos temen que el avance tecnológico adicional en el lugar de trabajo resultará en trabajos que sean poco más que colecciones de tareas flojamente relacionadas donde los empleadores responden a las presiones del costo mediante dividir los horarios de trabajo en fragmentos cada vez más pequeños de tiempo, y donde a los empleados se les pide que trabajen períodos más largos durante más días. Como el progreso monotónico de la tecnología ha automatizado más y más de la función de la firma, los administradores han caído en el hábito de considerar el trabajo como poco más que una serie de tareas, encadenadas de principio-a-fin en procesos, a ser logradas tan eficientemente como sea posible, con la mano de obra humana como un costo a ser minimizado. El resultado ha sido la creación de trabajos estrechamente definidos, monótonos, e inestables, abarcando el trabajo del conocimiento y los trabajos procedimentales en burocracias y trabajo de servicio en la emergente “economía gig”.

El problema aquí no es la tecnología; es la manera como la tecnología es usada – y, más que eso, la manera como las personas piensan acerca de usarla. Verdadero, la IA puede ejecutar ciertas tareas que los seres humanos históricamente han realizado, y por consiguiente puede reemplazar a los humanos que una vez fueron responsable por esas tareas. Sin embargo, dado que podemos usar la IA de esta manera, no significa que lo debamos hacer. Como previamente hemos argumentado, hay una evidencia tentadora de que usar la IA sobre una base de tarea por tarea puede no ser la manera más efectiva de aplicarla.

Conceptualizar el trabajo en términos de tareas y procesos, y usar la tecnología para automatizar esas tareas y procesos, puede habernos servido bien en la era industria, pero así como la IA difiere de las generaciones anteriores de tecnologías en su capacidad para imitar (algunos) comportamientos humanos, también lo debe ser nuestro punto de vista de que el trabajo evoluciona de manera que nos permita poner de la mejor manera esa habilidad para usarla.

En este ensayo, argumentamos que el uso reflexivo de la automatización basada en IA, de lejos de hacer a los humanos obsoletos o relegarlos a trabajos de poco valor, puede abrir enormes posibilidades para crear trabajo significativo que no solo nos permita, sino que requiera, las fortalezas humanas únicas de creación de sentido y decisiones contextuales. De hecho, crear buenos trabajos que jueguen con nuestras fortalezas como creaturas sociales puede ser necesario si nos damos cuenta del potencial latente de IA y nos desaloje del persistente periodo de bajo crecimiento de la productividad que estamos experimentando hoy. Pero para que la IA entregue su promesa, tenemos que asumir un punto de vista fundamentalmente diferente del trabajo y de cómo está organizado: uno que tenga en cuenta las capacidades flexibles únicas de IA, y que trate a los humanos y a las máquinas inteligentes como socios en la búsqueda de soluciones para un problema compartido.

Guiadance

  • Si vamos a mezclar IA y humano para lograr desempeño más alto, entonces necesitamos encontrar una manera para que los comportamientos humano y digital trabajen juntos, más que en secuencia.
  • Más que construir trabajo a partir de productos y tareas especializados, podemos escoger construir trabajo a partir de problemas y comportamientos.

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