De una granja con 200 gallinas a líder en innovación en la categoría del huevo. Este es el viaje realizado por la gallega Campomayor a través de cuatro generaciones. Nacida en 1942, la empresa es hoy todo un ejemplo de cómo reinventarse y crecer combinando tradición, talento y ciencia para ofrecer a sus clientes todo tipo de soluciones de innovación en la categoría del huevo. Visitamos sus instalaciones en Palas de Rei (Lugo) de la mano de María Caridad García Busto –presidenta– y sus hijos Rodrigo y Samuel García García.
¿Cómo consigue Campomayor, una pyme tradicional que habita en el rural gallego, reinventarse y convertirse en referente de innovación en tan solo una década? Nos lo cuentan a tres voces los grandes protagonistas de esta gesta: María García Busto –presidenta– y dos de sus cuatro hijos: Rodrigo y Samuel García García, director comercial y de desarrollo de negocio, y director de producción, respectivamente. Los otros dos hijos, uno es docente en la Universidad de Santiago de Compostela y otro dirige una librería, no participan en el día a día de la empresa, aunque sí lo hacen a través del Consejo de Familia.
Hay dos escenas que observadas desde el presente podríamos decir que cambiaron la mentalidad de la empresa y empujaron su crecimiento. La primera tuvo lugar en un encuentro familiar.
- “El mayor de mis cuatro hijos es investigador y docente en la Universidad de Santiago de Compostela”, explica María. “Un día, en una reunión familiar, nos decía por enésima vez que para crecer y aportar más valor al mercado teníamos que innovar. Recuerdo que en esa ocasión le contesté medio en broma: ¿Qué quieres que le hagamos a un huevo, ponerle rayas o pintarlo de colores? Él me respondió muy serio: Siempre se puede innovar, incluso con el producto más humilde”.
La segunda escena nos sitúa en un viaje de regreso a Galicia tras la feria Alimentaria de 2016.
- “En la feria habíamos visto un huevo poché que una empresa francesa vendía en una tarrina de plástico, como si fuera un yogur. De vuelta a casa mi hijo Rodrigo, que es muy observador y perspicaz, nos dijo: ¿Por qué meten el huevo en una tarrina de plástico si ya tiene su propio envase? Aquella pregunta, aparentemente ingenua, fue toda una inspiración”.
Alimentaria marca, sin duda, un punto de inflexión en la trayectoria de la compañía. Pero no adelantemos acontecimientos: antes, recorramos una historia forjada con audacia y afán de superación.
Una granja familiar de posguerra
Los orígenes de la firma se remontan a 1942, en plena posguerra, en la pequeña aldea gallega que le da nombre, dentro del municipio de Palas de Rei. Allí, el abuelo de María decidió un día comprar 200 gallinas para complementar la precaria economía familiar con la venta de huevos.
- “La historia de mi abuelo es muy curiosa. A los 17 años no sabía leer ni escribir, pero llegó a convertirse en perito mercantil. Tenía una visión muy moderna del mundo. Tuvo seis hijos –tres varones y tres mujeres– y envió a estudiar a sus hijas, algo poco habitual en aquella época, mientras que a sus hijos los animó a buscarse la vida. Dos de ellos emigraron y mi padre, el penúltimo, se quedó al frente de la granja”.
Con el tiempo fueron justamente su padre y su madre quienes “con mucho trabajo, tesón y prudencia financiera” dieron un impulso al negocio.
- “Crecieron poco a poco, nave a nave, consolidando cada paso para no poner en riesgo la estabilidad de la familia. Mi padre hacía de todo: administrativo, albañil, chófer… En ese entorno nací y crecí yo, entre huevos y pollitos” comenta.
Para María García Busto, presidenta de Campomayor: «Siempre se puede innovar, incluso con el producto más humilde. Esa frase de mi hijo mayor, que es investigador, caló hondo en nosotros y nos cambió la mentalidad para siempre».
Creciendo junto al retail
En 1982 la empresa se constituye en sociedad limitada y se incorpora a la gestión José Luis García, marido de María, quien deja a un lado su carrera en el sector financiero para aportar rigor contable y visión estratégica a una granja que crecía y exigía “mirar más allá del tradicional libro de cuentas con el debe y el haber”. En ese momento el matrimonio compra acciones de la empresa, consolidando su compromiso con la misma. María, que también trabajaba en banca, compatibilizó durante 20 años su carrera financiera y el apoyo a la empresa familiar.
Con el impulso de la tercera generación, Campomayor se abre al exterior y participa en la alianza Matines Ibérica, que unió durante unos años, con fines comerciales, a siete productores avícolas españoles.
- “Mi marido fue el principal promotor de esa alianza que nos aportó una visión más amplia del negocio y nos permitió tomar contacto con los grandes retailers. En esa época creamos nuestro departamento de calidad, que ha ganado importancia con los años”, explica María.
Durante décadas, Campomayor comercializó huevos convencionales a través de distintos canales. La llegada de la cuarta generación sacudió ese modelo y abrió una nueva etapa para la compañía. Con perfiles distintos y complementarios, la incorporación de Rodrigo, en 2009, y Samuel en 2012 acelera el crecimiento cada uno desde sus áreas estratégicas: Rodrigo, al frente del área comercial y del desarrollo de negocio; Samuel, desde producción animal y sostenibilidad.
Diferenciación con la marca Campomayor
Con estudios de marketing y buen conocedor de las dificultades de un mercado maduro y competitivo, Rodrigo se propuso inicialmente desarrollar la marca Campomayor:
- “La creación de nuestra marca supuso un punto de inflexión fundamental, porque empezamos a darle un valor diferente y de futuro a lo que hacíamos”, explica.
El siguiente hito fue la puesta en marcha de la planta de huevo pasteurizado líquido, “la única de este tipo que existe en Galicia”. Cuenta María que inicialmente fue concebida “de forma intuitiva bajo una lógica de economía circular”, aunque en aquel momento no utilizaran ese término. El objetivo era destinar a la venta solo los huevos de excelente calidad, y dedicar los de inicio y final de puesta, de tamaño irregular o cáscara más débil, a la elaboración de huevo líquido pasteurizado. Pronto se dieron cuenta de que no estaban ante la gestión de un simple residuo, sino “ante un producto principal con muy buena proyección en el mercado”.
- “El huevo pasteurizado cambió las reglas del juego –afirma Rodrigo-. De pronto, pasamos de vender únicamente huevo en cáscara a ofrecer un producto altamente industrializado con grandes posibilidades comerciales”.
LAS FRASES
María García Busto (Presidenta): “Todo empezó en la feria Alimentaria de 2016. Allí vimos un huevo poché que se comercializaba en tarrina, como un yogur. Mi hijo Rodrigo dijo: ¿Por qué lo meten en una tarrina si ya tiene su propio envase”.
Rodrigo García García (Director comercial y de desarrollo de negocio): “Si hoy estamos en una posición de vanguardia en innovación es gracias a mi madre. Ella nos da confianza, espacio y nos permite hacer. En el mundo de la disrupción, si no tienes arriba a alguien que te dé esa libertad para salirte de la cuadrícula, es imposible fluir y arriesgar”.
Samuel García García (Director de producción animal y sostenibilidad): “Producir en Galicia aporta identidad, pero también impone barreras geográficas y demográficas. Encontrar suelo y atraer personal cualificado al medio rural exige convicción y estrategia”.



